
Guerra entre Estados Unidos e Irán abre nuevo escenario para el mercado mundial del petróleo
CIUDAD DE MÉXICO, 15 agosto.- La guerra entre Estados Unidos e Irán ha abierto un nuevo escenario para el mercado petrolero internacional, en el que resultaría difícil prever, al menos en el corto plazo, un retorno de los precios del crudo a los niveles propios de un mercado sin tensiones geopolíticas.
Esa es la perspectiva de Alejandro Garza Salazar, fundador y director de inversiones de Aztlán Equity Management, quien considera que las tensiones militares en Medio Oriente están provocando cambios reales en las dinámicas de producción e inversión de capital dentro de la industria energética.
De acuerdo con el especialista, el escenario que comienza a perfilarse hacia finales de esta década apunta hacia una crisis geopolítica que podría acelerar un cuello de botella estructural en la oferta mundial de hidrocarburos.
“El amortiguador que ha evitado una crisis de suministro inmediato ha sido el continente americano. En los últimos años, la cuenca de Permian en Estados Unidos y nuevos polos en América Latina han absorbido la presión, permitiendo mantener un abastecimiento relativamente constante. Pero este motor está operando cerca de su capacidad máxima”, advirtió Garza Salazar.
El especialista mexicano cuenta con experiencia en asignación de capital, mercados globales, industria energética y nearshoring.
Según las proyecciones contenidas en el Análisis y Pronóstico de la Industria Petrolera de Aztlán 2030, la oferta de líquidos procedente de países fuera del bloque de la Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus aliados (OPEP+) alcanzaría un techo operativo hacia mediados de la década, situándose cerca de los 56.5 millones de barriles diarios, para posteriormente estancarse y comenzar a disminuir.
Garza Salazar explicó que este comportamiento no estaría relacionado necesariamente con una falta repentina de recursos petroleros en el subsuelo, sino con las consecuencias acumuladas de aproximadamente una década de menor inversión en proyectos de exploración que requieren largos períodos para entrar en producción.
“Este comportamiento no responde a una falta abrupta de recursos en el subsuelo, sino a las consecuencias de una década de infrainversión sistémica en proyectos de exploración de ciclo largo”, sostuvo.
Menor inversión condiciona nuevas exploraciones
El analista explicó que durante los últimos años la industria petrolera ha enfrentado una combinación de factores que limita las inversiones destinadas a nuevos descubrimientos en cuencas complejas.
Entre esas circunstancias mencionó la presión de los mercados financieros para obtener retornos de inversión en períodos más cortos y las crecientes exigencias relacionadas con la descarbonización de las economías.
Esta situación, señaló, ha provocado que las compañías otorguen mayor prioridad al desarrollo de campos no convencionales frente a grandes proyectos de exploración que necesitan más tiempo y mayores inversiones para comenzar a producir.
“Al mismo tiempo, regiones históricamente productoras como Europa y China enfrentan un agotamiento maduro e irreversible en sus campos tradicionales”, afirmó Garza Salazar.
Como consecuencia de esos factores, Aztlán Equity Management considera que el actual mapa energético internacional presenta un elevado nivel de vulnerabilidad.
El fondo advierte que si a las tensiones en el Estrecho de Ormuz, una de las principales rutas para el transporte mundial de hidrocarburos, se agrega la falta de descubrimientos petroleros de gran escala fuera de Medio Oriente, podría producirse una importante diferencia entre la demanda mundial y la capacidad de producción disponible a partir de 2028.
“Si a un Estrecho de Ormuz bajo fuego le sumamos la falta de descubrimientos de gran escala fuera de Medio Oriente, el terreno queda dispuesto para una brecha severa entre la demanda real y la capacidad de producción disponible a partir de 2028”, plantea el análisis.
Advierten sobre vulnerabilidad de las rutas petroleras
El escenario también presenta, según el análisis, una importante vulnerabilidad logística debido a la creciente dependencia del petróleo producido en el continente americano para compensar el descenso de la producción en otras regiones.
Bajo esas circunstancias, un nuevo conflicto que afecte alguna de las rutas marítimas estratégicas podría provocar interrupciones significativas en las cadenas mundiales de suministro energético.
Otro de los riesgos señalados es un eventual fortalecimiento del poder de la OPEP+ sobre el mercado mundial del petróleo.
A medida que la producción procedente de países fuera de ese grupo pierda capacidad de crecimiento hacia finales de la década, los principales productores del Golfo Pérsico podrían recuperar una influencia todavía mayor en la determinación de los precios internacionales.
Garza Salazar considera que, bajo ese escenario, el bloque petrolero podría recuperar un elevado control sobre los precios marginales del crudo, reduciendo el margen disponible para que las economías consumidoras puedan contener las presiones inflacionarias derivadas del encarecimiento de la energía.
Posibles efectos sobre la transición energética
El análisis también advierte de posibles consecuencias para la transición hacia fuentes de energía más limpias.
De acuerdo con Garza Salazar, un período prolongado de altos precios y volatilidad petrolera no necesariamente aceleraría el abandono de los combustibles fósiles.
Por el contrario, los gobiernos podrían verse obligados a destinar una mayor cantidad de recursos a subsidios para el consumo energético básico, con el propósito de reducir el impacto de los elevados precios sobre hogares y empresas.
Ese desplazamiento de recursos públicos podría terminar reduciendo los fondos disponibles para proyectos relacionados con energías renovables y otras políticas de descarbonización.
De concretarse esas proyecciones, la combinación de tensiones geopolíticas, menor inversión petrolera, agotamiento de campos tradicionales y vulnerabilidad de las rutas internacionales de suministro podría mantener al mercado energético mundial sometido a una elevada volatilidad durante los próximos años.
