
Guerras, crisis climática y disputas globales marcan una convulsa Asamblea General de la ONU
Naciones Unidas, 22 sept.– Desordenado, conflictivo e impredecible son algunos de los términos utilizados por diplomáticos y funcionarios internacionales para describir el panorama mundial en momentos en que jefes de Estado, gobernantes y ministros llegan a Nueva York para participar en la reunión anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Aunque actualmente existen pocos asuntos sobre los cuales los diplomáticos consiguen ponerse de acuerdo, prevalece una percepción compartida: el mundo atraviesa una etapa de enorme agitación, marcada por guerras crecientes, incertidumbre económica, desastres naturales y profundas transformaciones en el equilibrio del poder internacional.
Los líderes mundiales llegan a la sede de la ONU bajo circunstancias radicalmente diferentes a las existentes hace apenas un año. Dos grandes guerras se desarrollan simultáneamente en Europa y Oriente Medio, mientras la economía mundial enfrenta nuevas presiones y las alianzas tradicionales comienzan a modificarse.
El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió recientemente que los gobernantes se reunirán en un período caracterizado por una profunda incertidumbre.
Guterres señaló que el poder se está desplazando, el mundo se transforma y las instituciones internacionales también deben cambiar para responder a esa nueva realidad.
Nueve meses de cambios inesperados
En apenas nueve meses, el escenario internacional experimentó acontecimientos que alteraron el rumbo político y militar de varias regiones.
Entre ellos figura la operación militar encabezada por Estados Unidos que desalojó del poder al gobernante venezolano Nicolás Maduro.
Posteriormente, Irán fue escenario de una mortal represión luego de que decenas de miles de manifestantes desafiaran en las calles al régimen teocrático del país.
Poco después, Estados Unidos e Israel lanzaron una operación militar conjunta contra Teherán, dando comienzo a un conflicto que todavía continúa y que se ha extendido progresivamente hasta involucrar a casi todos los países de Oriente Medio.
La guerra también provocó el cierre efectivo de una ruta marítima estratégica, con consecuencias para los mercados petroleros, las cadenas de abastecimiento y la economía internacional.
Las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, las operaciones israelíes en Gaza y Líbano, la intervención de grupos armados aliados de Teherán y la reanudación de los combates en Yemen han elevado la inestabilidad regional.
Guerra en Ucrania continúa sin solución
En Europa, la guerra entre Rusia y Ucrania, que ya supera los cuatro años, no muestra señales de una solución cercana.
Durante los últimos días, ambos países incrementaron sus ataques, pese a las numerosas iniciativas diplomáticas promovidas para poner fin al conflicto.
Los esfuerzos de mediación no han logrado superar las diferencias fundamentales entre las partes ni establecer las condiciones necesarias para comenzar un proceso de paz.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, figura entre los principales gobernantes que participarán en las reuniones de Nueva York, donde la guerra ocupará un lugar central en los discursos, encuentros bilaterales y conversaciones celebradas al margen de la Asamblea General.
La prolongación de las hostilidades ha aumentado las dudas sobre la capacidad de la ONU y de sus 193 Estados miembros para intervenir de manera efectiva en los grandes conflictos internacionales.
Crisis sanitarias y desastres naturales
Las guerras no constituyen las únicas amenazas presentes en la agenda internacional.
Un brote de ébola registrado en mayo en la República Democrática del Congo y Uganda generó nuevos cuestionamientos sobre la falta de preparación mundial para enfrentar una próxima pandemia.
El episodio recordó las debilidades sanitarias reveladas durante la crisis del COVID-19 y reabrió el debate sobre la necesidad de fortalecer los mecanismos de vigilancia, prevención y respuesta internacional.
A las preocupaciones sanitarias se suman las consecuencias del cambio climático.
Terremotos mortales en Venezuela y Colombia, además de enormes inundaciones repentinas en Nepal y el Tíbet, evidenciaron la vulnerabilidad de millones de personas ante fenómenos naturales cada vez más destructivos.
Los acontecimientos han incrementado la presión sobre los dirigentes reunidos en Nueva York para buscar respuestas coordinadas frente al calentamiento global, aunque las diferencias políticas y económicas dificultan la construcción de consensos.
Diplomáticos advierten debilitamiento del orden internacional
En entrevistas realizadas antes de la Asamblea General, ministros, embajadores y funcionarios, tanto activos como retirados, describieron un panorama preocupante sobre las crisis que afectan a la comunidad internacional y la capacidad de la ONU para enfrentarlas.
Varios hablaron con The Associated Press bajo condición de anonimato para poder expresarse libremente sobre los problemas internacionales.
Robert Wood, exembajador de Estados Unidos que trabajó en la misión estadounidense ante las Naciones Unidas durante gobiernos republicanos y demócratas, consideró que este es un momento decisivo para determinar si algunos de los conflictos pueden solucionarse mediante la diplomacia.
A su juicio, las Naciones Unidas atraviesan un punto de inflexión. El panorama ya era negativo el año pasado, sostuvo, y durante este año no ha registrado una mejoría significativa.
Un diplomático europeo y otro funcionario coincidieron con esa evaluación. Ambos afirmaron que el mundo no se encuentra en mejores condiciones que hace un año y advirtieron que la situación se ha tornado aún más inestable.
Entre los principales problemas mencionaron los ataques contra el derecho internacional, la debilidad o ausencia de mecanismos de mediación y el fracaso persistente de los países para establecer consensos sobre asuntos como el cambio climático, la paz y la seguridad.
Discursos y reuniones paralelas
Además de escuchar atentamente los discursos de figuras como el presidente estadounidense Donald Trump, el mandatario ucraniano Volodymyr Zelenskyy y el presidente iraní Masoud Pezeshkian, los funcionarios esperan aprovechar la concentración de dirigentes en Nueva York para promover conversaciones bilaterales.
La Asamblea General se convierte cada año en un espacio para que aliados y adversarios puedan reunirse al margen de las sesiones formales, incluso cuando sus gobiernos mantienen profundas diferencias.
Los diplomáticos confían en que esos encuentros permitan romper algunos de los estancamientos existentes en temas como la seguridad marítima en el estrecho de Ormuz, ruta fundamental para el transporte de petróleo y gas.
La inteligencia artificial también ocupará un lugar relevante en las conversaciones. El acelerado desarrollo de esa tecnología ha generado preocupación por la ausencia de regulaciones internacionales, sus efectos sobre el empleo, los riesgos para la seguridad y su posible utilización con fines militares o de desinformación.
A pesar de las bajas expectativas de alcanzar grandes acuerdos, los gobiernos esperan que las reuniones permitan reducir tensiones y recuperar algún grado de estabilidad.
Alianzas y amistades en transformación
Un funcionario de un país del golfo Pérsico afirmó que uno de los principales resultados que espera obtener durante la semana es el retorno de cierto nivel de previsibilidad al escenario mundial.
La incertidumbre actual no se limita a las guerras. También se relaciona con la transformación de las alianzas, los cambios de gobierno, la competencia entre las potencias y las dudas sobre el futuro de las instituciones creadas después de la Segunda Guerra Mundial.
El ministro de Relaciones Exteriores de Eslovenia, Tone Kajzer, observó que tanto las amistades como las alianzas están cambiando en las relaciones internacionales.
Sin embargo, consideró que los intereses de los países permanecen y que el desafío consiste en encontrar la manera de alinearlos para que las naciones puedan vivir en paz y no dentro de un estado de conflicto permanente.
La Asamblea General se inicia así con una combinación de guerras, crisis económicas, emergencias sanitarias, desastres naturales, competencia tecnológica y debilitamiento de las normas internacionales.
Ante ese escenario, los gobernantes deberán demostrar si las Naciones Unidas todavía pueden funcionar como un espacio efectivo para la negociación y la búsqueda de soluciones colectivas o si las divisiones entre sus Estados miembros continuarán reduciendo su capacidad de respuesta.
