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sábado, 22 de agosto de 2026
Incendios y sequías reactivan una amenaza de las guerras mundiales: bombas y minas enterradas en Europa

Incendios y sequías reactivan una amenaza de las guerras mundiales: bombas y minas enterradas en Europa

·22 de agosto de 2026·7

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ELSENBORN, Bélgica, 22 agosto.– Los devastadores incendios forestales que azotan Europa durante este verano están sacando a la superficie una amenaza que permaneció enterrada durante décadas: bombas, minas, proyectiles y otras municiones sin explotar de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, algunas de las cuales han detonado debido a las elevadas temperaturas provocadas por las llamas.

Explosiones relacionadas con antiguas municiones han sido reportadas en Francia, Bélgica, Alemania y Países Bajos. En territorio neerlandés, especialistas en desactivación de explosivos fueron enviados a inspeccionar un bosque amenazado por un incendio cerca de una zona de la provincia de Limburgo donde tuvieron lugar intensos combates en 1944.

El fenómeno está añadiendo un peligro adicional para bomberos y equipos de emergencia que combaten incendios en antiguos campos de batalla europeos, donde todavía permanecen enterradas grandes cantidades de armamento más de ocho décadas después de terminada la Segunda Guerra Mundial y más de un siglo después de la Primera.

La investigadora Sarah Njeri, especialista en paz y conflictos de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres, explicó que durante décadas las temperaturas relativamente estables y los patrones previsibles de lluvia ayudaron a mantener inactivas muchas de esas municiones. El cambio climático está modificando esas condiciones: los incendios pueden hacer detonar explosivos, mientras que la destrucción de vegetación deja al descubierto artefactos que llevaban décadas ocultos.

La temporada de incendios de este año estuvo precedida por fuertes lluvias en enero, que favorecieron un crecimiento abundante de la vegetación. Cuando llegaron las altas temperaturas del verano, esa masa vegetal seca se convirtió en combustible. El calor, unido a la sequía, la baja humedad y los fuertes vientos, creó condiciones especialmente favorables para la propagación del fuego, según un estudio del grupo World Weather Attribution citado por AP.

Uno de los casos se produjo en un bosque reseco de Francia, donde un enorme incendio en las afueras de Burdeos, en el suroeste del país, dejó al descubierto un depósito de municiones que se cree corresponde a la Segunda Guerra Mundial.

En la provincia belga de Lieja, el gobernador Hervé Jamar confirmó que recientemente se escucharon varias detonaciones esporádicas y señaló que los servicios de emergencia tuvieron que adaptar sus operaciones ante la posibilidad de encontrar municiones enterradas en las zonas afectadas por el fuego. Ningún bombero estuvo en peligro, aunque medios locales difundieron imágenes de un integrante de los servicios contra incendios manipulando una bomba oxidada.

El problema es particularmente serio en los Altos Fagnes, una extensa región de bosques y turberas situada en el este de Bélgica y que se prolonga hasta Alemania. Durante la Segunda Guerra Mundial, bombas, minas y trampas explosivas quedaron diseminadas por el área.

Las consecuencias continuaron mucho después de terminada la guerra. Bernard Collard, historiador local que dirige el Museo Truschbaum, cerca de la frontera entre Bélgica y Alemania, recordó que durante los primeros cuatro años posteriores a la rendición alemana de 1945 las municiones abandonadas provocaron la muerte de seis civiles.

Collard conoce personalmente los riesgos. Está autorizado para recorrer antiguos campos de batalla con un detector de metales y durante sus exploraciones ha encontrado proyectiles de mortero, ametralladoras, cascos, pitilleras e incluso un esqueleto humano.

El historiador trabaja frecuentemente con los especialistas belgas en desactivación de explosivos. Para los habitantes de estas zonas, explicó, convivir con restos de las guerras se ha convertido en parte de la realidad cotidiana.

Los incendios actuales están afectando precisamente terrenos donde tuvieron lugar algunos de los enfrentamientos más sangrientos de la Segunda Guerra Mundial. El fuego en los Altos Fagnes arde sobre áreas en las que las fuerzas nazis combatieron contra los aliados y próximas a escenarios de la Batalla de las Ardenas.

Las llamas también se encuentran cerca de los lugares donde se desarrollaron combates en Elsenborn Ridge y el bosque de Hürtgen. Este último enfrentamiento se prolongó durante 88 días y dejó aproximadamente 33,000 soldados estadounidenses y 28,000 alemanes muertos.

El peligro aumenta considerablemente cuando las municiones antiguas quedan expuestas a las altas temperaturas. Jonas Tepe, portavoz del estado alemán de Renania del Norte-Westfalia, explicó que los explosivos sin detonar representan un riesgo mayor durante los incendios forestales porque el calor puede provocar su activación.

El Ministerio de Defensa de Bélgica recibe prácticamente todas las semanas solicitudes procedentes de esta región para intervenir en la neutralización de explosivos. Sin embargo, las autoridades ni siquiera consideran el área como uno de los principales puntos críticos del país, porque el problema es todavía mayor en otras zonas.

En el oeste de Bélgica, especialmente alrededor de Ypres, escenario de brutales combates de trincheras durante la Primera Guerra Mundial, los agricultores encuentran tantos proyectiles y restos militares al arar sus terrenos que el fenómeno recibe desde hace décadas el nombre de “cosecha de hierro”.

Las cifras muestran la magnitud del legado bélico. Cada año, el Servicio de Eliminación y Destrucción de Artefactos Explosivos de Bélgica responde a más de 3,000 avisos y elimina entre 200 y 250 toneladas de municiones procedentes de las dos guerras mundiales.

Los incendios, sin embargo, no constituyen el único fenómeno climático que está sacando a la superficie esos explosivos. La sequía y la reducción de los niveles de ríos y lagos también están revelando armas que permanecieron sumergidas durante décadas.

En Eslovaquia, la disminución del nivel del río Danubio dejó expuestas dos minas navales. La policía retiró los artefactos del agua y posteriormente los colocó en una zanja para realizar una detonación controlada.

En Hungría, las autoridades tuvieron que cerrar el puente Margarita de Budapest después de que el descenso del agua dejara al descubierto en su base una bomba correspondiente a la Segunda Guerra Mundial.

Una situación similar ocurrió con el río Rin, donde las autoridades alemanas encontraron otra bomba de la Segunda Guerra Mundial después de que disminuyera el nivel de las aguas.

Para los especialistas, estos episodios ilustran una consecuencia poco visible del cambio climático: fenómenos meteorológicos extremos están interactuando con el legado de los conflictos armados europeos.

Christina Greene, investigadora de la Universidad de Arizona que ha estudiado junto con Njeri la relación entre incendios forestales y municiones sin explotar, advierte que los vestigios de las guerras están reapareciendo como consecuencia de las nuevas condiciones climáticas. Lugares donde durante décadas los explosivos permanecieron ocultos y relativamente estables vuelven ahora a representar un peligro.

Los incendios forestales de este verano han convertido así antiguos campos de batalla en escenarios de un riesgo doble: mientras los equipos de emergencia intentan controlar las llamas, deben hacerlo conscientes de que bajo la tierra quemada pueden permanecer bombas, minas y proyectiles capaces todavía de explotar más de 80 o incluso 100 años después de haber sido utilizados o abandonados.

Fuente: The Associated Press (AP), reporte de Sam McNeil, con contribuciones de periodistas de AP en Países Bajos, Bélgica, Francia, Alemania y República Checa.

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