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jueves, 8 de octubre de 2026
Israel llega al tercer aniversario del ataque de Hamás dividido por Netanyahu y con Gaza devastada

Israel llega al tercer aniversario del ataque de Hamás dividido por Netanyahu y con Gaza devastada

·7 de octubre de 2026·4
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JERUSALÉN, 7 de octubre de 2026.— Tres años después del ataque encabezado por Hamás que dejó unas 1,200 personas muertas y 251 secuestradas, Israel enfrenta una campaña electoral marcada por el trauma, las exigencias de rendición de cuentas y profundas divisiones sobre el liderazgo del primer ministro Benjamin Netanyahu.

Al mismo tiempo, la devastación de la Franja de Gaza sigue sin resolverse, con localidades arrasadas y una población sumida en una prolongada catástrofe humanitaria.

Las elecciones del próximo 27 de octubre, las primeras desde el asalto de 2023, se perfilan como un referéndum sobre Netanyahu, el gobernante que más tiempo ha ocupado la jefatura del Gobierno israelí.

Sus adversarios lo responsabilizan por las fallas que permitieron el ataque y por las consecuencias de las guerras posteriores, mientras sus seguidores lo presentan como el dirigente que condujo la recuperación militar del país.

El recuerdo del 7 de octubre domina los carteles, los discursos de campaña y los debates televisados. Para Tamar Hermann, experta en opinión pública del Instituto de Democracia de Israel, aquella jornada constituye el marco de prácticamente toda la discusión política y mantiene a la sociedad bajo los efectos de un trauma colectivo.

Una derrota podría cerrar la carrera política de Netanyahu, quien está próximo a cumplir 77 años. Una victoria representaría otra recuperación para un dirigente que durante tres décadas ha logrado sobrevivir a crisis y desafíos políticos.

Una conmoción que extendió la guerra por la región

El ataque comenzó la mañana del 7 de octubre de 2023 con el lanzamiento de miles de cohetes hacia Israel. Miles de milicianos penetraron en territorio israelí por brechas en la valla fronteriza con Gaza y también mediante embarcaciones y parapentes motorizados.

La ofensiva provocó el día más letal en los 78 años de historia del Estado israelí y desencadenó una respuesta militar que, según las autoridades sanitarias locales, ha causado la muerte de más de 74,000 palestinos en Gaza. El enclave quedó en ruinas, mientras la emergencia humanitaria continúa sin una solución.

El conflicto se extendió a otros escenarios. Israel combatió al grupo político y paramilitar Hezbollah en Líbano, ocupó parte del territorio sirio, atacó objetivos en Yemen y participó junto a Estados Unidos en dos guerras contra Irán.

Cientos de israelíes, en su mayoría soldados jóvenes, también han muerto durante estos años. La violencia ha alcanzado, de distintas maneras, a casi todos los hogares del país.

Aunque Netanyahu prometió una victoria total, Hamás, Hezbollah y el Gobierno teocrático iraní siguen en pie. Las consecuencias de las operaciones militares también han deteriorado la posición internacional de Israel: varios gobiernos lo han acusado de genocidio, señalamiento que las autoridades israelíes rechazan enérgicamente, mientras Netanyahu es buscado por la Corte Penal Internacional.

Tras las renuncias de altos responsables de seguridad, el primer ministro permanece como la única figura de alto rango que ocupaba el poder durante el ataque y continúa en su cargo. Esa circunstancia concentra sobre él buena parte de las demandas de responsabilidad.

La devastación de Gaza, visible desde el espacio

Mientras Israel debate su futuro político, las imágenes satelitales muestran la magnitud de la destrucción en Gaza. Un reporte de Associated Press describe cómo las fuerzas israelíes han demolido sistemáticamente ciudades, localidades y distritos mediante explosivos y maquinaria pesada.

Rafah, en el extremo sur del enclave, representa uno de los casos más dramáticos. La ciudad, que antes albergaba a unas 250,000 personas, ha sido arrasada, según el análisis de las imágenes descrito por AP.

En algunas zonas, la destrucción ha ido más allá del derribo de edificios: la maquinaria también ha retirado los escombros, dejando terrenos despejados donde antes existían barrios.

De acuerdo con el reporte, las demoliciones han continuado sin pausa desde el acuerdo de alto el fuego alcanzado entre Israel y Hamás hace un año. Entretanto, el ejército israelí consolida su control sobre aproximadamente el 60% del territorio de la Franja que todavía domina.

La destrucción territorial y la falta de reconstrucción contrastan con el escaso espacio que ocupa la situación palestina en la campaña electoral israelí, centrada principalmente en las víctimas del 7 de octubre y en las responsabilidades por el fracaso de seguridad.

Responsabilidad frente a reivindicación del liderazgo

Los opositores de Netanyahu, procedentes de distintas corrientes políticas, describen a su coalición saliente como el gobierno de la masacre. El primer ministro, por su parte, presenta las operaciones militares posteriores como una guerra de redención.

Su principal rival es Gadi Eisenkot, exjefe militar cuyo hijo y sobrino murieron en combate en Gaza. La oposición promete formar un Gobierno dedicado a la reparación y la reconstrucción, con la creación de una comisión oficial que investigue el ataque como una de sus primeras medidas.

También plantea eliminar las exenciones del servicio militar para los hombres ultraortodoxos, una política de larga data que ha provocado indignación entre la mayoría laica durante la guerra. A esas críticas se suman las acusaciones de que Netanyahu amenaza las instituciones democráticas.

Eisenkot ha presentado la elección como una disyuntiva entre asumir responsabilidades o evadirlas, y entre cumplir con el servicio militar o permanecer exento.

Netanyahu ha rechazado reiteradamente los reclamos para establecer una comisión investigadora y ha intentado trasladar la responsabilidad a los organismos de seguridad.

Recientemente acusó a Ronen Bar, quien dirigía el servicio de seguridad Shin Bet durante el ataque, de haber retenido información antes del asalto. Bar anunció que presentará una demanda por difamación.

El primer ministro también negó versiones publicadas por medios estadounidenses según las cuales Emiratos Árabes Unidos y Egipto le habían advertido antes del 7 de octubre.

En sus intervenciones públicas sostiene que Israel ha salido fortalecido. Durante un reciente discurso ante Naciones Unidas afirmó que sus enemigos esperaban el colapso del país, pero que los israelíes se levantaron y combatieron.

El duelo entra en las listas electorales

Las pérdidas humanas también se reflejan en la composición de las candidaturas. El nuevo partido Yashar, encabezado por Eisenkot, incluye a dos padres que perdieron hijos durante el ataque.

El Likud de Netanyahu cuenta igualmente con dos progenitores en duelo. Entre ellos figura la madre de un policía muerto en combate el 7 de octubre, cuyos restos fueron los últimos en regresar a Israel como parte de un alto el fuego. Otro de sus candidatos perdió ambas piernas mientras servía en Gaza.

Yair Golan, general retirado y líder del partido Demócratas, de orientación moderada, volvió a ponerse el uniforme y se dirigió a la frontera sur para combatir el día del ataque.

La formación centrista Juntos incorporó al exgeneral Noam Tibon, quien enfrentó a milicianos mientras rescataba a la familia de su hijo, y a la madre de un soldado muerto aquella jornada. Otros partidos también han incluido a personas directamente afectadas por la violencia.

El duelo estará presente, además, en un multitudinario acto conmemorativo previsto para este miércoles en Tel Aviv. Sus organizadores, entre ellos familiares de víctimas, aseguran que mantendrán la actividad al margen de la política, aunque han expresado su enojo con el liderazgo nacional.

Yonatan Shamriz, cuyo hermano fue secuestrado y posteriormente murió por error a manos de soldados israelíes después de escapar del cautiverio, advirtió en una entrevista radial que no permitirán que los responsables eludan sus obligaciones.

Los palestinos quedan fuera del centro del debate

Pese a la magnitud de la destrucción en Gaza, la discusión pública israelí dedica poca atención a la cifra de palestinos fallecidos, la emergencia humanitaria o las perspectivas de reconstrucción.

Tampoco existe un debate significativo sobre nuevas conversaciones de paz. Incluso buena parte de los adversarios de Netanyahu se opone al establecimiento de un Estado palestino junto a Israel, la fórmula respaldada por la comunidad internacional para resolver el conflicto.

El clima político quedó reflejado en las reacciones a un documental sobre la muerte de civiles en Gaza, estrenado el mes pasado por dos cineastas israelíes. Dirigentes de diversas tendencias, incluido Eisenkot, acusaron a sus realizadores de traición.

Una elección reñida bajo el peso del trauma

Los sondeos apuntan a una competencia cerrada entre Netanyahu y Eisenkot, sin un desenlace claro.

Según el Instituto de Democracia de Israel, más del 60% de los israelíes considera que sus posiciones sobre el 7 de octubre serán un factor decisivo al votar. Entre la mayoría judía, esa proporción alcanza el 68%. Los electores árabes, en cambio, muestran mayor preocupación por la ola de criminalidad en sus comunidades.

Hermann advierte que la importancia atribuida al ataque no supone necesariamente una desventaja para Netanyahu. Los últimos tres años han endurecido las posiciones tanto de sus partidarios como de sus críticos, de modo que un mismo acontecimiento puede conducir a decisiones electorales opuestas.

Así, Israel llega al tercer aniversario entre el duelo persistente, las disputas sobre quién debe responder por el fracaso de seguridad y la incertidumbre sobre su próximo Gobierno. En Gaza, las ciudades arrasadas y la crisis humanitaria muestran las consecuencias de una guerra cuyo impacto continúa a ambos lados de la frontera.

Fuente: Associated Press (AP)

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