
La Agenda Semanal también debe encender las luces y descongestionar las calles
Una cosa es la valoración personal de un presidente y otra, no siempre parecida, la aprobación del Gobierno que encabeza. En República Dominicana esa diferencia se ha manifestado durante buena parte de la administración del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
El presidente Luis Abinader ha conservado un capital político propio, vinculado a su imagen de cercanía, honestidad y disposición para escuchar. Pero ese respaldo no se transfiere automáticamente a sus funcionarios ni significa que los ciudadanos estén conformes con el desempeño general de la administración.
La encuesta de ACD Media realizada entre el 8 y el 11 de agosto ofrece datos interesantes. El 51.3% dijo aprobar al Gobierno, frente a un 47% que lo desaprobó. Sin embargo, cuando se preguntó por el gabinete, apenas el 42.7% valoró positivamente su desempeño y un 53.5% lo calificó negativamente.
El trabajo de Abinader recibió una evaluación positiva del 50.2%, mientras el 48.2% opinó de manera negativa. Pero sus atributos personales conservaron mejores resultados: fue considerado el presidente más honesto por el 35.9%, el más preocupado por el pueblo por el 35.1% y el que inspira mayor confianza por el 34.6%.
La medición también dejó un mensaje que debería preocupar en el Palacio Nacional: solamente el 18.7% esperaba una mejoría en la situación del país; el 36.6% pensaba que empeoraría y el 42.3% entendía que seguiría igual.
En el plano regional, CB Global Data colocó a Abinader en agosto en el octavo lugar entre los mandatarios latinoamericanos, con un 48.1% de aprobación. En mayo tenía 60.2%, bajó a 54.8% en junio y a 48.7% en julio. Una pérdida de 12.1 puntos en cuatro meses no es precisamente para tocar güira y tambora.
Esos números ayudan a entender el cambio de la estrategia comunicacional del Gobierno. “La Semanal con la Prensa” fue transformada en “LA Agenda Semanal”, un espacio donde el Presidente aparece acompañado por los funcionarios responsables de un área determinada para revisar resultados, anunciar proyectos y mostrar cómo —al menos frente a las cámaras— trabaja el aparato gubernamental.
Ya se ha hablado de educación, transporte, obras públicas y abastecimiento de agua potable. Son temas importantes y obras necesarias. Pero una buena presentación, acompañada de gráficos, videos y estadísticas cuidadosamente seleccionadas, no necesariamente cambia la experiencia diaria del ciudadano.
El tránsito es uno de los mejores ejemplos. El caos continúa apoderándose de las principales avenidas del Gran Santo Domingo, mientras llegar de un lugar a otro se convierte en una expedición para la cual casi hace falta llevar comida, agua y una almohada.
El nuevo director del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), mayor general retirado Juan Manuel Méndez García, ha visitado medios de comunicación y anunciado reuniones quincenales con representantes del transporte. Todo eso está muy bien para comenzar, pero los tapones no se impresionan con entrevistas ni se apartan cuando ven llegar una comisión de funcionarios.
Méndez dejó el Centro de Operaciones de Emergencias para asumir el Intrant mediante el Decreto 551-26. Experiencia coordinando emergencias no le falta y, siendo honestos, pocas cosas se parecen tanto a una emergencia nacional como el tránsito dominicano. Pero ordenar las calles exigirá algo más que reuniones con empresarios del transporte, buenas intenciones y llamados a cumplir una Ley 63-17 que muchos conductores parecen no haber conocido ni de referencia.
Otro asunto que merece su propia edición de “LA Agenda Semanal” es el sector eléctrico. Los apagones han regresado con fuerza y vuelto a contrariar la vida de miles de dominicanos. Se interrumpen las actividades comerciales, aumenta el gasto de hogares y empresas, se dañan electrodomésticos y reaparece la vieja pregunta de siempre: ¿hasta cuándo?
El pobre desempeño del sistema eléctrico no puede ocultarse detrás de explicaciones sobre altas temperaturas, sobrecargas, averías o unidades que salieron inesperadamente de servicio. El usuario paga su factura y espera electricidad, no un curso intensivo sobre las dificultades técnicas del sistema.
Esperamos con impaciencia el lunes en que les toque su turno en “LA Agenda Semanal” a los funcionarios del área energética. Sería interesante observar, frente al Presidente y a todo el país, al ministro de Energía y Minas, Joel Santos, junto con los administradores de Edesur, Edeeste y Edenorte, explicando por qué los apagones continúan golpeando a la población.
También deberían presentar las pérdidas de las distribuidoras, el déficit acumulado, las inversiones realizadas, la capacidad real de generación, el estado de las redes y, sobre todo, una fecha creíble para comenzar a recibir un servicio acorde con lo que pagan los ciudadanos. Ese programa necesitará buenos gráficos, pero quizás también algunas plantas eléctricas de respaldo por si se va la luz durante la transmisión.
No hay dudas de que el Gobierno procura reposicionarse y mejorar sus números de cara a las elecciones de 2028. Los cambios en el tren gubernamental, la mayor exposición de los funcionarios y los anuncios de grandes obras forman parte de esa estrategia.
Pero la comunicación tiene límites. No descongestiona avenidas, no enciende bombillas ni sustituye los resultados. El Gobierno puede mostrar todo lo que ha hecho y anunciar cuanto piensa realizar, pero el ciudadano termina evaluando la gestión desde el tapón, desde la oscuridad de su vivienda o frente a una factura eléctrica que llegó puntualmente, aunque la energía no hiciera lo mismo.
