
La furia de Putin se descarga sobre Ucrania: ataques masivos elevan las víctimas civiles mientras Rusia logra avances limitados
KIEV, 30 agosto.– La guerra ordenada por Vladimir Putin contra Ucrania atraviesa una nueva y particularmente destructiva fase. Rusia ha intensificado sus ataques con misiles, bombas aéreas y enjambres de drones contra Kiev y numerosas regiones ucranianas, elevando nuevamente el número de civiles muertos y heridos, mientras Moscú intenta quebrar la resistencia de un país que, después de más de cuatro años de invasión a gran escala, continúa respondiendo dentro y fuera del frente.
La escalada coincide con una ofensiva ucraniana cada vez más efectiva contra la infraestructura energética rusa. Refinerías, depósitos y otras instalaciones vinculadas a la producción y distribución de combustibles han sido alcanzados por drones de largo alcance, provocando interrupciones que comienzan a sentirse directamente en la economía y el abastecimiento interno de Rusia.
Putin incluso ha relacionado públicamente ambos escenarios. El mandatario acusó recientemente a Kiev de haber abierto una “caja de Pandora” al atacar objetivos económicos rusos y prometió responder contra los sectores económicos “más sensibles” de Ucrania, según declaraciones recogidas por Reuters. Esa advertencia ha estado acompañada de una nueva oleada de ataques rusos.
Pero describir la tragedia ucraniana como una represalia exclusivamente provocada por los recientes golpes contra las refinerías rusas sería incompleto: Rusia lleva atacando sistemáticamente ciudades e infraestructura ucranianas desde que lanzó la invasión a gran escala el 24 de febrero de 2022. Lo que sí muestran los acontecimientos recientes es una intensificación paralela de la guerra aérea y energética.
Un agosto especialmente sangriento
La magnitud de la ofensiva quedó nuevamente demostrada este fin de semana. El presidente Volodymyr Zelensky informó este domingo que aumentó a 38 el número de muertos por el ataque ruso contra un depósito de municiones en Myla, en la región de Kiev, mientras cuatro personas permanecían desaparecidas.
El impacto sobre la instalación militar provocó explosiones secundarias que alcanzaron viviendas próximas y una residencia para ancianos y personas con discapacidad. Associated Press informó inicialmente de 37 fallecidos, 34 de ellos residentes de ese centro, mientras más de 370 personas tuvieron que ser evacuadas. Las autoridades ucranianas investigan también por qué material explosivo estaba almacenado tan cerca de instalaciones civiles.
El episodio forma parte de una ofensiva mucho mayor. Zelensky afirmó que solamente durante la última semana Rusia lanzó contra Ucrania cerca de 2,000 drones de ataque, más de 1,600 bombas aéreas y 31 misiles, entre ellos proyectiles balísticos de fabricación norcoreana.
El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) documentó además que los ataques combinados del 28 y 29 de agosto se prolongaron durante más de 28 horas y estuvieron dirigidos principalmente contra Kiev y su región. Solo durante esa secuencia Rusia empleó más de 550 drones de distintos tipos, además de misiles balísticos y antibuque.
La capital tampoco ha sido el único objetivo. Los bombardeos de las últimas semanas han alcanzado instalaciones civiles, energéticas e industriales en Kiev, Kharkiv, Kherson, Sumy, Zaporizhzhia, Odesa, Mykolaiv, Chernihiv, Cherkasy, Zhytomyr y Donetsk, entre otras regiones.
Centros comerciales, hospitales y viviendas
Uno de los episodios más graves ocurrió el 21 de agosto en Kryvyi Rih, cuando dos drones rusos alcanzaron el centro comercial Soniachna Gallereia en momentos en que estaba lleno de personas.
La Misión de Vigilancia de los Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ucrania confirmó que al menos 16 civiles murieron y 128 resultaron heridos, entre ellos 23 niños. Testigos entrevistados por investigadores de Naciones Unidas dijeron que no habían observado militares ni equipos militares en las proximidades del establecimiento. La ONU señaló que el ataque parecía constituir una violación del derecho internacional humanitario.
Apenas días antes, durante la noche del 19 al 20 de agosto, misiles balísticos rusos habían alcanzado edificios residenciales, un hospital infantil, una escuela e instalaciones industriales y energéticas de Kiev. También fueron atacadas infraestructuras en Chernihiv, Cherkasy, Odesa, Mykolaiv, Kharkiv y Zhytomyr.
El 4 y 5 de agosto otra ofensiva masiva contra Kiev y sus alrededores dejó al menos 17 civiles muertos y 44 heridos, según las autoridades citadas por la ONU. Algunas de las víctimas murieron cuando un ataque alcanzó el andén de una estación ferroviaria en el distrito de Brovarskyi.
Naciones Unidas: más de 16,000 civiles muertos verificados
Las cifras de Naciones Unidas permiten dimensionar el costo humano, pero también obligan a hacer una precisión: no existen datos fiables que permitan afirmar que cientos de miles de civiles ucranianos hayan muerto. Esa cifra podría confundirse con estimaciones de bajas militares de ambos bandos.
Hasta finales de junio, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos había verificado al menos 16,431 civiles muertos y 48,613 heridos desde febrero de 2022, entre ellos 803 niños fallecidos y 2,960 menores heridos. Naciones Unidas advierte reiteradamente que el número real es considerablemente mayor porque numerosos casos, especialmente en territorios ocupados y zonas de intensos combates, no han podido ser comprobados.
Y 2026 está resultando especialmente letal. Durante los primeros siete meses del año, la ONU verificó 1,839 civiles muertos y 10,638 heridos, para un total de 12,477 víctimas. Eso representa un incremento del 44 % frente al mismo período de 2025 y más del doble de las víctimas registradas durante los primeros siete meses de 2024.
Solo en julio murieron 437 civiles y otros 2,610 resultaron heridos, el mayor número mensual de fallecidos desde mayo de 2022. Las víctimas se distribuyeron en 14 regiones y Kiev, y los misiles y drones de largo alcance fueron la principal causa de muertes y heridas.
Ucrania lleva la guerra hasta las refinerías rusas
Mientras soporta esa presión, Ucrania ha desarrollado una estrategia destinada a golpear uno de los pilares que sostienen financieramente la maquinaria militar de Putin: el petróleo ruso.
Kiev sostiene que las refinerías y otras instalaciones energéticas son objetivos vinculados directamente con la capacidad rusa para financiar y abastecer sus operaciones militares.
Durante agosto, drones ucranianos alcanzaron instalaciones importantes como las refinerías NORSI, Novoshakhtinsk y Afipsky, entre otras. NORSI, propiedad de Lukoil y considerada la cuarta mayor refinería rusa, suspendió el procesamiento de crudo después del ataque del 26 de agosto, según fuentes industriales citadas por Reuters.
Los efectos acumulados han comenzado a convertirse en un problema interno serio para Moscú.
Reuters informó que, hacia finales de agosto, la producción rusa de gasolina había caído hasta aproximadamente 70 % de la demanda doméstica, después de que ataques con drones obligaran a detener operaciones en importantes refinerías, entre ellas instalaciones en Perm, Nizhny Novgorod y Yaroslavl.
La producción diaria descendió hasta alrededor de 80,000 toneladas frente a una demanda estacional cercana a 115,000 toneladas, generando restricciones de venta en algunas regiones y obligando al país a aumentar las importaciones de combustibles.
Moscú tuvo que adoptar además una medida difícilmente compatible con la imagen de normalidad que intenta proyectar: extendió hasta el 30 de septiembre la prohibición de exportar diésel, combustible marítimo y gasóleos por parte de productores, mientras otras restricciones sobre gasolina y combustibles permanecerán durante períodos todavía mayores. El propio Gobierno ruso dijo que las decisiones buscan estabilizar el mercado interno.
La resistencia ucraniana continúa
Pese a la superioridad rusa en población, recursos militares y capacidad industrial, Ucrania continúa ofreciendo resistencia tanto mediante operaciones defensivas en el frente como a través de ataques de largo alcance.
En los últimos días las fuerzas ucranianas incluso consiguieron avances en la dirección de Dobropillya, mientras Rusia continuó operaciones ofensivas en varios sectores sin conseguir avances confirmados en algunas de esas zonas, según evaluaciones del ISW.
Ucrania también continúa golpeando instalaciones militares situadas detrás de las líneas rusas. El Estado Mayor ucraniano informó recientemente sobre ataques contra depósitos y centros de preparación y lanzamiento de drones rusos en la región ocupada de Donetsk.
La estrategia parece clara: si Ucrania no puede igualar a Rusia en volumen de tropas, misiles o producción industrial, busca incrementar progresivamente el costo económico de la invasión, especialmente atacando las instalaciones que generan ingresos y combustible para la maquinaria militar rusa.
¿Cuánto territorio ha conquistado realmente Rusia?
Después de cuatro años y medio de guerra a gran escala, Rusia mantiene una porción considerable de Ucrania, pero sus avances recientes resultan pequeños cuando se comparan con el tamaño del país y con el enorme costo humano y material de la campaña.
Estimaciones basadas en datos de DeepState e ISW situaban hacia el 25 de agosto el territorio ucraniano actualmente bajo control ruso —incluyendo Crimea y zonas del Donbás ocupadas antes de febrero de 2022— en aproximadamente 19 % a 20 % del país.
Desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022, Rusia habría añadido aproximadamente 12 % del territorio ucraniano a las áreas que ya controlaba.
Los avances más recientes son mucho más modestos. Según datos recopilados por Russia Matters a partir de DeepState e ISW, las estimaciones incluso difieren sobre el balance de las cuatro semanas terminadas el 25 de agosto: DeepState calculó una pérdida neta rusa de tres millas cuadradas, mientras el ISW estimó una ganancia rusa de 21 millas cuadradas.
Eso no significa que la situación militar de Ucrania sea cómoda. Rusia mantiene presión particularmente fuerte en Donetsk y continúa buscando nuevas penetraciones. Pero tampoco corresponde a la imagen de un ejército ruso avanzando rápidamente por todo el territorio ucraniano.
Putin mantiene sus condiciones y las conversaciones están paralizadas
La intensificación de los bombardeos ocurre mientras las perspectivas de un alto el fuego permanecen prácticamente congeladas.
El Kremlin reconoció el viernes que las negociaciones para terminar la guerra están “en suspenso” y que actualmente “no hay nuevas ideas” para reactivar el proceso. El portavoz presidencial Dmitri Peskov volvió a insistir en que Moscú mantiene condiciones que Ucrania no acepta.
La posición rusa continúa vinculando cualquier solución a concesiones territoriales y políticas que Kiev considera incompatibles con su soberanía. Ucrania, por su parte, sostiene que un acuerdo que simplemente congele las posiciones militares sin garantías suficientes permitiría a Rusia reorganizarse para intentar una nueva ofensiva.
Así, mientras la diplomacia permanece estancada, Putin mantiene la presión militar y Ucrania responde golpeando cada vez más profundamente la infraestructura económica rusa.
La paradoja de esta etapa de la guerra es evidente: Rusia conserva aproximadamente una quinta parte del territorio ucraniano y posee una enorme superioridad material, pero después de cuatro años y medio no ha conseguido doblegar al Estado ucraniano ni eliminar su capacidad de resistencia. Al mismo tiempo, Kiev ha demostrado que puede trasladar una parte creciente del costo de la guerra al interior de Rusia.
La furia de Putin puede observarse en las sucesivas oleadas de drones, misiles y bombas que caen sobre ciudades ucranianas. Pero el precio más dramático continúa pagándolo la población civil: decenas de miles de muertos y heridos verificados, ciudades dañadas, familias desplazadas y millones de personas sometidas a una guerra cuyo final sigue sin aparecer en el horizonte.
Fuentes: Naciones Unidas, Associated Press, Reuters, Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) y reportes de autoridades ucranianas y rusas.
