
La guerra en Medio Oriente
Por Francisco S. Cruz
Sobre la guerra Irán-Estados-Unidos-Israel -y en la sombra China y Rusia-, he leído un sinnúmero de estudios, artículos y análisis: unos, mayoría, parcializados hacia uno u otro bando, otros más o menos equilibrados; y nos últimos -los menos-, objetivos y despojados de sesgos ideológicos, propagandísticos; pero, sobre todo, crudamente basados en los diferentes posibles acuerdos, entendimientos o puntos que, en un momento dado, parecía que terminaban el conflicto. Pero no.
Y resulta increíble: en la mayoría de esos acuerdos (mejor dicho, borradores de entendimiento a los fines de alcanzar un tratado) EE.UU. ha cedido casi en todos los puntos, a excepción de tres fácticos: -cese del enriquecimiento de uranio (posible bomba atómica) por parte de Irán, apertura permanente del estrecho de Ormuz (por ser una ruta marítima-comercial global) y seguridad regional-. Sin embargo, por una u otra razón, Irán rompe los tanteados acuerdos o ”entendimientos” y se cierra e intensifica la guerra. Tal parecería que la cultura del suplicio o del martirologio fanático-religioso le gana o le incita obviando que le costará décadas reconstruir su infraestructura militar, física y capacidad de defensa que si no fuera por China y Rusia -apoyo logístico y comercial- hace rato su bravuconearía propagandística ya no fuera tal.
Cierto que también Israel ha dificultado un cese al fuego, pues al ser punto de mira de varios frentes (Franja de Gaza, entre otros), ya históricos, se sobreprotege y esa realidad o unilateralidad geopolítica, de vida o muerte -para Israel-, ha sido un escollo que hay que subrayar y que, de alguna forma, ha prolongado el conflicto.
No obstante, la pregunta es: La guerra en Medio Oriente ¿quién la gana o la pierde? En nuestra opinión, aparentemente y a corto plazo EEUU-Israel (mas que todo en lo mediatico-); pero a largo plazo la perderá Irán por el sacrifio innecesario de vidas humanas y lo que le costará reconstruirse, y China y Rusia por la distracción e inversión, pero, más que todo, por el peligro de apoyar un régimen teocrático-fanático; y, sobre todo, suicida que, de paso, mantiene subyugado a su pueblo en el contexto de una dictadura de fanáticos-religiosos. Y semejante régimen, tarde o temprano, entrará en colapso o crisis interna. Pero antes -y en mano de los Ayatollah-, porque siempre será una amenaza insondable e impredecible para Medio Oriente y el resto de la comunidad internacional.
Lamentablemente, el conflicto se prolonga a pesar de los esfuerzos diplomáticos y de que hay la intención de EE.UU. de buscar una salida negociada que cada vez más choca de frente con propuestas o impositivas iraníes que no se compadecen con una asimetría de equilibrio sino de confrontación a cualquier precio y apelando a lo etéreo, o cuando no a pura bravuconería y sacrificio de vidas humanas (escudos humanos inocentes).
En fin, el conflicto era inevitable, pues, tarde o temprano, había que detener la amenaza latente y regional que el último “controvertido” poema del extinto novelista y escritor Günter Grass -premio Nobel (1999)- quiso poner en perspectiva histórica-geopolítica aunque obviando que Irán tampoco deja de ser una amenaza para la región y el mundo. No obstante, el poema de Grass dejaba entrever la dolorosa realidad “…a todos los seres humanos que en esa región ocupada por la demencia viven enemistados codo con codo”.
