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sábado, 15 de agosto de 2026
La leyenda de la cueva de la 5- Maquiteria, SDE

La leyenda de la cueva de la 5- Maquiteria, SDE

·14 de agosto de 2026·5

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El secreto de la cueva donde los pueblos encontraron refugio

Por Milton Olivo

Cuentan los antiguos que, mucho antes de que los españoles llegaran a estas tierras, cuando Quisqueya todavía era una isla gobernada por caciques, behíques y guerreros taínos, había lugares que no pertenecían solamente a los hombres.

Eran lugares donde, según decían los ancianos, la tierra hablaba con los espíritus. Entre esos lugares sagrados se encontraba una cueva escondida en las tierras de Maquiteria. Los taínos conocían aquella cueva y la llamaban con respeto. No era simplemente una abertura entre las piedras. Era una puerta hacia las entrañas de la Madre Tierra.

Los behíques acudían allí para meditar, pedir protección y comunicarse con los cemíes. Los ancianos enseñaban que las cuevas eran lugares de origen y de regreso: por ellas habían llegado los primeros hombres desde el mundo de los espíritus y por ellas, algún día, regresarían sus almas.

Por eso nadie debía entrar en aquella cueva con el corazón lleno de maldad. La cueva protegía a quien buscaba refugio, pero podía perder a quien entrara para hacer daño.

Pasaron los años. Llegaron los españoles. La antigua Quisqueya comenzó a cambiar. Los pueblos originarios fueron perseguidos y despojados, y muchas de sus tradiciones comenzaron a desaparecer. Pero, según cuenta la leyenda, la memoria de la tierra permaneció escondida en las cuevas.

Mucho tiempo después, llegaron a la zona oriental de la isla unos hombres y mujeres conocidos como los negros Minas. Eran descendientes de pueblos africanos traídos como esclavos por los europeos y habían llegado a estas tierras buscando un lugar donde vivir, trabajar y construir una nueva existencia. Eran hombres fuertes, acostumbrados a enfrentar la adversidad y a defender su libertad.

Encontraron en Maquiteria un lugar fértil y apropiado para establecerse. Allí levantaron sus viviendas, cultivaron la tierra y comenzaron a construir una comunidad. Pero los españoles veían con desconfianza a aquellos hombres libres y guerreros. Hasta que un día llegó la desgracia. Sin previo aviso, los españoles atacaron el asentamiento.

Los habitantes de Maquiteria corrieron desesperados buscando salvar sus vidas. Algunos huyeron hacia los montes. Otros buscaron esconderse. Y un grupo de aquellos hombres, perseguidos de cerca, recordó una antigua historia que había sobrevivido entre los habitantes de la zona: La historia de una cueva sagrada que había protegido a los antiguos habitantes de Quisqueya.

Corrieron hacia ella. Entraron. La oscuridad los envolvió. Uno detrás de otro descendieron por sus estrechos pasadizos mientras escuchaban, cada vez más lejos, el ruido de sus perseguidores. En aquel momento ocurrió algo que nadie pudo explicar. Cuando los hombres llegaron a una parte profunda de la cueva, uno de los más ancianos se detuvo. Miró las paredes. Y creyó reconocer en ellas antiguas señales.

Entonces dijo:

—Esta cueva ya protegió a nuestros antepasados. Hoy nos protegerá a nosotros.

Los fugitivos continuaron avanzando. Caminaron durante horas por galerías oscuras, siguiendo una corriente de aire que parecía venir de las profundidades. Finalmente, uno de ellos vio algo que parecía imposible: una pequeña luz. Se acercaron. La luz aumentó. Y, después de atravesar un estrecho pasadizo, salieron nuevamente a la superficie.

Habían encontrado otra entrada. Habían atravesado la montaña por dentro de la tierra.Los hombres miraron alrededor, confundidos. No reconocían el lugar. Habían dejado atrás Maquiteria. Y llegado al espacio que hoy ocupa la morgue del Hospital Dario Contreras. Entonces uno de ellos comprendió:

—La cueva nos ha llevado a otro lugar para que podamos vivir.

Decidieron establecerse allí. Y para no olvidar de dónde habían venido, llamaron al nuevo territorio Los Minas. Así nació, según la leyenda, una de las historias más extraordinarias de esta parte de Santo Domingo.

Pero los ancianos decían que aquello no había sido una casualidad. Decían que la cueva había cumplido nuevamente su misión. Primero había protegido la memoria de los taínos. Después había protegido a los negros Minas. Y desde entonces había quedado como un puente invisible entre dos pueblos que habían conocido la persecución, el despojo y la necesidad de comenzar de nuevo.

Por eso los viejos habitantes comenzaron a llamarla: LA CUEVA DE LA 5 Y alrededor de ella nació un secreto. Decían que, cuando alguien entraba allí con respeto, podía escuchar el eco de muchas voces. La voz del taíno que había pedido protección a sus cemíes. La voz del guerrero que huía de la persecución. La voz de la madre que buscaba salvar a sus hijos. La voz del hombre que había perdido su casa y necesitaba comenzar nuevamente.

Pero, sobre todas ellas, podía escucharse una sola enseñanza: “Los pueblos pueden perder sus tierras, pero mientras conserven su memoria, nunca perderán su identidad.” Por eso la Cueva de la 5 no sería solamente una cueva. Sería un santuario de la memoria de Maquiteria.

Un lugar donde la historia taína y la historia de los negros Minas podrían encontrarse. Un lugar donde África y Quisqueya podrían conversar a través del tiempo. Un lugar donde los descendientes pudieran recordar que sus antepasados no fueron solamente víctimas de la historia. Fueron pueblos que resistieron.

Fueron pueblos que lucharon, que en ocasiones huyeron para sobrevivir. Fueron pueblos que reconstruyeron sus comunidades. Y fueron pueblos que, aun después de perderlo casi todo, encontraron la fuerza para comenzar nuevamente. Por eso, cuando los jóvenes de Los Minas y Maquiteria escuchen algún día esta leyenda, deberán recordar que debajo de sus calles existe una memoria mucho más antigua que sus propias generaciones.

Y que quizás, en las profundidades de aquella cueva, todavía duerme el espíritu de Quisqueya. Porque dicen los ancianos que las cuevas nunca olvidan. Guardan las voces de quienes entraron en ellas. Guardan los secretos de quienes buscaron refugio. Y guardan la memoria de los pueblos que se negaron a desaparecer.

Tal vez por eso, cuando cae la noche sobre Maquiteria y Los Minas, algunos aseguran que desde las profundidades de la tierra puede escucharse un antiguo murmullo. No es miedo. No es una amenaza. Es la voz de los antepasados diciendo:

“Recuerden quiénes fueron. Recuerden de dónde vienen. Y nunca permitan que la memoria de su pueblo desaparezca.” Y esa sería, según la leyenda, la verdadera razón por la que la Cueva de la 5 continúa allí: para custodiar el secreto de los pueblos que sobrevivieron.

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