La lógica de la barbarie


César Pérez

Desde hace cerca de una década, el mundo ha tomado el rumbo de la barbarie, sin reglas para la convivencia entre naciones, para impedir o al menos limitar las diversas formas de violaciones a los derechos humanos.

A partir del inicio del año pasado, esa deriva se ha incrementado hasta la forma más grosera de barbarie, cuando EUA, en menos de dos meses, ha secuestrado a su par de otro país y, con la complicidad del terrorista Estado de Israel, ha asesinado a la máxima autoridad de otra nación junto a su estado mayor.

La condena ha sido extensa, incluso en la sociedad estadounidense, incluso de sectores que fueron claves en el ascenso al poder de la presente mayoría.

En Europa, el jefe del gobierno español ha rechazado la acción al tipificarla como terrorista, que pone el mundo al borde de una catástrofe. Pedro Sánchez se ha negado a autorizar a que ese país utilice sus bases militares en suelo español para agredir a otro. Otros sectores en ese continente han reaccionado con estupor e indignación.

El sistema político del imperio es el más viejo y estable del mundo. Para lograr esa estabilidad ha creado un orden institucional que descansa en la división de los podes claves del Estado. En el proceso no siempre se han respetado las leyes, la justicia o la transparencia; también se han cometido trampas y abusos deleznables. Pero cumplirlas constituye un ritual, una especie de liturgia clave que lo ha sostenido.

Sin embargo, la transgresión a ese ritual ha sido la característica principal de su presidente, y parece que en la acentuación de esa conducta se juega el futuro o la duración de su mandato. Se sabrá en las elecciones de medio término en noviembre.

Autoridades expresan su inconformidad con la forma en que se dirige el país y acuden al principio de la ley y le plantan cara al presidente. La sociedad se resiste a un inesperado y brusco cambio de las reglas de juego.

Muchos congresistas republicanos son conscientes de la merma de la popularidad de su presidente, acentuada por el acto de guerra inconsulta contra Irán. Temen a ser barridos en las próximas elecciones congresuales.

Los sectores más destacados del mundo de la cultura, el arte, la ciencia, la academia y de la sociedad en general expresan su inconformidad. Hay división en sectores claves del movimiento que lo instauró en el poder.

Si a EUA le resulta insostenible mantener o ampliar su agresión a Irán y el gobierno de ese país se mantiene, la aventura guerrerista terminará en un fiasco que acentuaría el debilitamiento del imperio estadounidense.

Irán tiene una sólida estructura de poder que descansa básicamente en una religión, no solo en su líder espiritual y político. Un ejército paralelo: los Guardianes de la revolución, fanatizados y capaces de llevar a cabo las más brutales acciones de violentas.

No obstante, resulta inaceptable que se condene su autodefensa y no al agresor, como hacen algunos jefes de europeos presas de la vieja islamofobia que corroe el alma de algunos sectores sociales y políticos de Europa y fuera de esta.

Irán es una satrapía, pero solo el pueblo iraní tiene el exclusivo derecho a establecer un gobierno que la sustituya. Cuando se ignora ese principio se asume la lógica de la barbarie, una práctica que ha guiado a las grandes potencias.

Acento

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