
La necrofilia histriónica de Abelardo
Por Nelson Encarnación
El macabro paseo del presidente de Colombia entre cadáveres de presuntos delincuentes abatidos por las fuerzas del orden pone de manifiesto el comportamiento ruin y el histrionismo enfermizo de este personaje que alcanzó la jefatura del Estado gracias a que de un proceso electoral puede emerger cualquier cosa.
De unas votaciones surgen exhibicionistas estridentes como Abelardo de la Espriella, un politiquero que apareció en una sociedad ampliamente manipulable como la colombiana, donde, además, los mecanismos electorales son tan vulnerables que quedan expuestos a la intromisión mediante injerencia contaminante como sucedió en la segunda vuelta, conforme a varias evidencias.
El combustible del señor De la Espriella es la espectacularidad discursiva, la manipulación del pensamiento de la gente, la mentira abierta o el dato acomodado.
Ha sido abogado de narcotraficantes, paramilitares, evasores de impuestos, lavadores de dinero, estafadores y otros delincuentes con los cuales hizo fortuna. Se dice que engañó a algunos de sus clientes.
Sin embargo, haciendo galas de un temperamento grotesco, durante la pasada campaña electoral acusó a sus adversarios de ser exactamente lo que él mismo representa.
Pero se aprovechó de la ignorancia de millones de colombianos para instalar la matriz de que quienes tenían estos vínculos eran el presidente Gustavo Petro y el candidato Iván Cepeda.
El tema que nos ocupa es gravísimo desde todos los puntos que se le mire. Si es por el humano, constituye un acto de barbarie que adquiere dimensiones aberrantes cuando se pretende instrumentalizar esas víctimas con fines propagandísticos; y desde el derecho a la dignidad de las personas, aun estando muertas, representa la profanación de estos cuerpos.
Lo peor de todo esto es que los medios colombianos—que forman parte de las correas de transmisión de la derecha, la ultraderecha y el paramilitarismo—guardan un silencio cómplice ante el burdo propagandismo del actual presidente del país sudamericano.
El señor De la Espriella está convencido que actuó bien paseándose entre los cuerpos enfundados de los supuestos delincuentes abatidos, y probablemente continuará por este camino en las ocasiones que entienda necesarias, que de seguro serán todas.
Pero, dado que en Colombia han sucedido cosas terribles en la lucha contra los grupos guerrilleros, narcotraficantes y paramilitares—clientes de Abelardo—nadie ponga en duda que en el momento preciso se determine que fueron parte de los llamados “falso positivos”.
Nelsonencar10@gmail.com
