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lunes, 14 de septiembre de 2026
La oposición toca la tambora, pero Abinader sigue bailando en la pista

La oposición toca la tambora, pero Abinader sigue bailando en la pista

·14 de septiembre de 2026·19

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Sería mezquino negar que la oposición dominicana está haciendo su trabajo. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y la Fuerza del Pueblo (FP) critican al Gobierno, denuncian presuntos actos de corrupción, señalan proyectos fracasados y aprovechan cada espacio en la radio y la televisión para recordar que el país no marcha tan bien como asegura la propaganda oficial.

Al final de la semana, ambas organizaciones celebran sus asambleas bajo techo, como permite hasta ahora la legislación electoral. Allí reúnen a sus dirigentes, muestran una concurrencia respetable, levantan las manos, agitan las banderas y enseñan los músculos. El problema es que una cosa es llenar un local con militantes y otra, mucho más complicada, es convencer a quienes todavía no saben por quién votarán.

En el PLD, la actividad institucional debe compartir escenario con las aspiraciones presidenciales. Gonzalo Castillo y Francisco Javier García aparecen como los competidores de mayor peso. Cada uno procura instalar su proyecto, movilizar su gente y demostrar que tiene gasolina suficiente para recorrer el largo camino hacia la candidatura.

En Fuerza del Pueblo, en cambio, no existe demasiado misterio. Todas las miradas y casi todas las apuestas recaen sobre Leonel Fernández. Ha sido presidente en tres ocasiones, dirige la organización y conserva un liderazgo difícil de discutir internamente.

El único dirigente que, por apellido y capital político, podría alterar ese libreto es su hijo Omar Fernández. Pero ya explicó que no enfrentará a su padre. Por tanto, salvo que caiga un meteorito sobre la política dominicana, Leonel volverá a ser el candidato presidencial de la Fuerza del Pueblo.

No es que no existan otras organizaciones opositoras. Las hay para todos los gustos, tamaños y colores. Son muchas las que desean entrar a la fiesta, pero muy pocas saben bailar cuando la orquesta acelera el ritmo.

El método opositor empleado hasta ahora es tradicional y legítimo. Tampoco es una exclusividad dominicana: el que está fuera del Palacio critica al que ocupa sus salones y sueña con que el Gobierno tropiece.

Pero apostar esencialmente al fracaso oficial puede convertirse en un error estratégico. La oposición necesita algo más que esperar sentada a que el PRM se caiga de la mata.

Un país inconforme que todavía valora al Presidente

República Dominicana continúa atrapada en problemas conocidos. Después de seis años de gobierno de Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno, amplios sectores perciben pocos avances en asuntos que afectan directamente su vida.

Cuando se pregunta a la gente si la economía funciona, si el país marcha en la dirección correcta o si su situación personal ha mejorado, aparecen las quejas de siempre: elevado costo de la vida, apagones, facturas eléctricas que parecen redactadas por un enemigo, delincuencia y sospechas de corrupción, pese al discurso gubernamental de transparencia y rendición de cuentas.

Sin embargo, esos mismos estudios mantienen a Abinader con una valoración relativamente alta. También colocan en una posición competitiva a quien luce como su posible heredero político dentro del oficialismo.

Entonces, ¿qué está pasando?

Probablemente, el ciudadano separa su disgusto con la situación del país de su opinión personal sobre el Presidente. Se queja de la comida, del recibo eléctrico y de la inseguridad, pero todavía no culpa completamente a Abinader o no encuentra en la oposición una alternativa suficientemente convincente.

Ahí está el verdadero desafío. El PLD y Fuerza del Pueblo aparecen en algunos sondeos prácticamente empatados y, en otros, separados por márgenes variables. En cualquier caso, son las únicas fuerzas opositoras con capacidad real para disputarle el poder a una candidatura oficialista.

¿Unidad entre ambas? Mejor no contener la respiración. Fuerza del Pueblo y el PLD parecen estar más lejos uno del otro que Pedernales de Punta Cana.

Cada partido sueña con llegar por separado a una segunda vuelta. Mientras se frotan las manos esperando ese escenario, compiten con notable entusiasmo por quitarse dirigentes y simpatizantes mutuamente. Es como dos vecinos peleando por una cubeta de agua mientras la casa se quema.

No está claro que sus esfuerzos principales se concentren en conquistar a los jóvenes que votarán por primera vez ni a los ciudadanos descontentos que se abstuvieron en 2024. Tampoco se percibe con claridad una estrategia para atraer al elector independiente que no desea regresar al pasado, pero tampoco está satisfecho con el presente.

Abinader, como el arroz blanco

La oposición tendrá que revisar sus métodos porque compite contra un Gobierno cuya principal figura raras veces permanece sentada en el despacho.

Abinader pasa la semana recorriendo el país. Va de domingo a domingo aceptando invitaciones, encabezando actos e inaugurando obras pequeñas, medianas y, cuando aparecen, grandes. Estas últimas no abundan, pero el Presidente procura estar presente en todas.

Las horas pasan y Abinader suena en la radio, aparece en televisión, ocupa espacios en los periódicos y domina portales digitales y redes sociales. Está, como el arroz blanco, en todas partes.

Y cuando algunos números comenzaron a mostrarlo en descenso, aceleró todavía más su agenda. Al arroz le agregó las habichuelas y hasta la carne.

Abinader no será candidato presidencial en 2028, pero trabaja para que la gente no lo olvide y para que su valoración pueda transferirse, al menos parcialmente, al aspirante escogido por el PRM.

La oposición cumple su papel, pero no basta con denunciar, celebrar asambleas y esperar que el Gobierno fracase. Necesita construir esperanza, presentar soluciones y hablarle a los que todavía no pertenecen a ningún partido.

Porque mientras el PLD y Fuerza del Pueblo se disputan la música, Abinader sigue ocupando la pista completa.

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