La Propuesta Digital
domingo, 28 de junio de 2026

La riqueza que nunca se devalúa

·28 de junio de 2026·4
La riqueza que nunca se devalúa
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Por Milton Olivo

En tiempos donde suben los precios, cambian los gobiernos y se tambalean las economías, muchos buscan una riqueza que nadie pueda quitarles.

Pero existe una fortuna que no depende del dólar, de la bolsa ni del poder político. Una riqueza que no se devalúa con las crisis y que, cuando una familia la posee, puede transformar el destino de una nación."

Había en Santo Domingo Este, Costa del Faro un anciano constructor que vivía en un área que era un valle rodeado por el Río Ozama. Durante muchos años levantó las mejores casas de la región. Sus obras resistían tormentas, terremotos y el paso del tiempo.

Un día, sus tres hijos le preguntaron cuál era el secreto para construir una casa que nunca se derrumbara.

El anciano los llevó hasta una colina donde había tres viviendas. La primera era enorme. Tenía columnas de mármol, balcones y grandes ventanas. Sin embargo, al acercarse, descubrieron que estaba abandonada y llena de grietas.

—¿Qué ocurrió aquí? —preguntó el hijo menor.

—El dueño invirtió toda su fortuna en la apariencia, pero olvidó fortalecer los cimientos —respondió el anciano.

Caminaron unos metros más y encontraron una segunda casa. Era pequeña, pero desordenada. Sus habitantes discutían constantemente. Las puertas permanecían cerradas y nadie saludaba al vecino.

—¿Por qué esta casa también parece destruida? —preguntó otro de los hijos.

—Porque ninguna construcción puede mantenerse firme cuando quienes viven dentro han perdido el respeto, la honestidad y el amor.

Finalmente llegaron a una tercera vivienda. No era la más grande ni la más lujosa, pero irradiaba paz. Los niños jugaban en el patio; los abuelos conversaban bajo un árbol; los padres trabajaban unidos y los vecinos compartían el pan cuando alguien lo necesitaba. Y eran temerosos de Dios.

El anciano sonrió.

—Esta casa posee el mejor cemento del mundo.

Los hijos observaron el piso, pero no vieron nada diferente.

—¿Cuál cemento? —preguntaron.

El constructor respondió:

—Está hecho de valores. El respeto une sus paredes. La honestidad sostiene sus columnas. La solidaridad protege su techo. La fe ilumina sus ventanas. Y el amor mantiene firme cada ladrillo.

Los hijos comprendieron que la verdadera fortaleza de aquella casa no estaba en los materiales, sino en las personas.

Antes de regresar al valle, el anciano les dijo unas palabras que jamás olvidaron:

—Una familia es como una casa. Y una nación es como un gran barrio formado por millones de hogares. Si las familias pierden sus valores, ninguna ley podrá salvar al país. Pero si los hogares enseñan respeto, trabajo, responsabilidad y amor por el prójimo, ningún obstáculo impedirá el progreso.

Desde aquel día, los tres hijos dejaron de preguntar cómo construir edificios y comenzaron a preguntarse cómo construir ciudadanos.

Con el tiempo, el valle prosperó. No porque encontraran una mina de oro ni porque llegaran riquezas del extranjero, sino porque entendieron que el mayor tesoro de un pueblo está en la formación de su gente.

Y así aprendieron que el futuro de una nación no comienza en el Palacio de Gobierno, ni en el Congreso, ni en los ayuntamientos.

Comienza alrededor de la mesa de cada familia, donde los padres enseñan con su ejemplo; donde los abuelos transmiten sabiduría; donde los hijos aprenden que el trabajo digno vale más que el dinero fácil; donde la palabra dada tiene valor y donde servir a los demás es un honor.

Porque los países más grandes no son aquellos que tienen más recursos, sino aquellos cuyos ciudadanos poseen los valores suficientes para convertir cualquier recurso en bienestar para todos.

Moraleja: “Los valores construyen familias fuertes; las familias fuertes forman ciudadanos responsables; y los ciudadanos responsables edifican una nación próspera, justa y libre. Quien quiera transformar un país debe comenzar fortaleciendo el hogar, porque el destino de una nación siempre se escribe primero en el corazón de sus familias”.

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