
Las placas tectónicas de la macroeconomía
Ramón Núñez Ramírez
La isla de Santo Domingo está asentada sobre la placa del Caribe, en el límite con la placa de Norteamérica, además de varias fallas geológicas internas. El movimiento de estas placas, mediante el proceso de subducción, provoca frecuentes sismos y, en ocasiones, terremotos de gran magnitud. De manera similar, algunas variables macroeconómicas se encuentran hoy sobre "placas" cuyo desplazamiento e interacción podrían alterar el comportamiento de la economía.
La primera placa es la inflación. Se mantiene contenida gracias a los subsidios a los combustibles y la energía eléctrica, así como por la apreciación del peso dominicano. Sin embargo, esa baja inflación enfrenta riesgos importantes, entre ellos un aumento del precio internacional del petróleo que obligue al Gobierno a trasladar una mayor parte del incremento a los consumidores, así como las expectativas de los agentes económicos sobre una eventual corrección de precios si persiste el conflicto en Oriente Medio.
La segunda placa es el tipo de cambio. Entre diciembre de 2025 y julio de 2026 el peso se ha apreciado 7.4 %, un comportamiento que merece un análisis más detenido. El fuerte ingreso de divisas por turismo, remesas e inversión extranjera no basta para explicar una apreciación de esa magnitud. Parte de esos dólares, como ocurre en las zonas francas, no ingresa al mercado cambiario local y, en el caso de la inversión extranjera, cerca del 40 % corresponde a reinversión de utilidades.
La apreciación del peso ha sido una política deliberada para contener la inflación. Los datos muestran que comenzó en marzo de este año y, desde entonces, la política monetaria ha sido restrictiva, reflejada en la reducción de los billetes en circulación y del agregado monetario M1, mientras M2 y M3 crecieron menos de 2 % entre marzo y julio.
También ha contribuido el mayor uso de los Non-Deliverable Forwards (NDF), mecanismo que permite atender la demanda futura de dólares sin afectar las reservas internacionales. A ello se suma que, ante la apreciación del peso, los bancos procuran mantener una posición larga en divisas que minimice sus pérdidas cambiarias.
La interrogante es inevitable: con una factura petrolera cada vez mayor, ¿hasta dónde será posible sostener una sobrevaluación del peso de esa magnitud? Sin mencionar el impacto sobre la competitividad de los sectores generadores de divisas.
La tercera placa son las tasas de interés. El Banco Central ha perdido efectividad en el mecanismo de transmisión de la política monetaria. Prueba de ello es que, con una tasa de política monetaria de 5.25 %, la tasa activa promedio ponderada permanece en 13.82 %, mientras la última subasta de notas del Banco Central, celebrada el 15 de julio, cerró con un rendimiento de 9.90 % para vencimientos en 2030. En un entorno de elevada incertidumbre, el mercado exige mayores rendimientos.
Ayer el presidente de la Reserva Federal anunció que el Comité de Mercado Abierto mantuvo la tasa de los fondos federales en el intervalo 3.50-3.75%, aunque aumenta el número de miembros favorables a un incremento de los tipos, en un panorama de mucha incertidumbre.
El Banco Central tiene un margen reducido para bajar su tasa de política monetaria e inyectar liquidez, ya que ello podría estimular la inflación y la salida de capitales, sin garantizar además una reducción de las tasas en línea con la actual tasa de política.
En un escenario de precios relativos distorsionados, el movimiento de cualquiera de estas placas podría desencadenar un sismo macroeconómico. Ojalá esta analogía entre la geología y la economía resulte equivocada. Sin embargo, los riesgos están claramente sobre la mesa.
