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sábado, 15 de agosto de 2026
Los puntos de estrangulamiento: el lado vulnerable de la economía mundial

Los puntos de estrangulamiento: el lado vulnerable de la economía mundial

·15 de agosto de 2026·7

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Juan Temístocles Montás

En geografía son conocidos como estrechos, canales o pasos marítimos. En geoeconomía son mucho más que eso: constituyen auténticos puntos de apoyo sobre los que descansa el funcionamiento de la economía mundial. Su importancia es tal que un incidente ocurrido en cualquiera de ellos puede alterar el precio del petróleo, disparar la inflación, encarecer el transporte de mercancías y afectar el crecimiento económico de países situados a miles de kilómetros de distancia.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y la Organización Mundial del Comercio estiman que más del 80% del comercio mundial de mercancías, medido en volumen, se transporta por vía marítima. En 2025, alrededor de 12,783 millones de toneladas de mercancías fueron movilizadas por vía marítima.

Pero hay un dato aún más revelador. Entre una cuarta y una tercera parte de esa carga corresponde al petróleo y sus derivados. Dicho de otra manera, cuatro de cada cinco toneladas que se comercian mundialmente viajan por barco y, de ellas, aproximadamente una de cada cuatro transporta la energía que mueve la economía global.

La razón es sencilla. Cerca del 95% del transporte mundial de carga —marítimo, terrestre y aéreo— continúa dependiendo de combustibles fósiles. Mientras esa realidad no cambie, garantizar el libre tránsito del petróleo seguirá siendo un asunto de seguridad económica internacional y, paralelamente, una prioridad geopolítica para las grandes potencias.

Empero, ese gigantesco flujo comercial depende de un reducido número de corredores marítimos cuya vulnerabilidad es evidente. La Administración de Información Energética de los Estados Unidos (EIA) los denomina puntos de estrangulamiento, porque cualquier interrupción obliga a utilizar rutas mucho más largas y costosas, elevando inmediatamente los precios de la energía y del transporte.

Entre ellos destacan los siguientes:

1. Estrecho de Malaca. Conecta los océanos Indico y Pacífico. Movilizó 23.2 millones de barriles diarios durante el primer semestre de 2025.

2. Estrecho de Ormuz. Puerta de salida de las exportaciones petroleras del Golfo Pérsico. Movió 20.9 millones de barriles diarios durante el primer semestre de 2025.

3. Canal de Suez y el estrecho de Bab el-Mandeb. Conjuntamente constituy en el principal corredor para el transporte de petróleo y gas natural desde el Golfo Pérsico hacia Europa. Movilizó aproximadamente 9.1 millones de barriles diarios durante el primer semestre de 2025.

4. Estrechos daneses y turcos. Esenciales para el comercio procedente del mar Negro. Movilizaron respectivamente 4.9 y 3.7 millones de barriles diarios de petróleo y derivados durante el primer semestre de 2025.

5. Canal de Panamá. Une los océanos Atlántico y Pacífico. Movilizo más de 2.3 millones de barriles diarios de petróleo y otros líquido durante el año fiscal 2025.

6. Cabo de Buena Esperanza. Aunque no es un punto de estrangulamiento propiamente dicho, adquiere enorme importancia como ruta alternativa cuando alguno de esos corredores queda bloqueado. Se estima que por esta vía transitaron 9.1 millones de barriles diarios durante 2025

Lo ocurrido durante los últimos años confirma hasta qué punto la estabilidad económica mundial depende de estos pasos marítimos. El bloqueo del Canal de Suez por el buque Ever Given en 2021 paralizó temporalmente una parte significativa del comercio internacional.

Posteriormente, los ataques contra embarcaciones en el mar Rojo obligaron a numerosas navieras a rodear África, incrementando costos y tiempos de transporte. La sequía que redujo el tránsito por el canal de Panamá demostró que incluso el cambio climático puede afectar el comercio mundial. Actualmente, las tensiones en torno al estrecho de Ormuz muestran el impacto económico a nivel mundial de la interrupción del suministro energético global.

Estos acontecimientos dejan una lección que con frecuencia pasa inadvertida. En la actualidad, la competencia entre las grandes potencias ya no se desarrolla únicamente mediante ejércitos o armamentos. También se libra mediante el control de rutas comerciales, cadenas de suministro, minerales estratégicos, infraestructura logística y corredores marítimos. En otras palabras, la geopolítica está siendo complementada —y en muchos casos sustituida— por la geoeconomía.

Para países pequeños y abiertos como República Dominicana, esta realidad tiene enormes implicaciones. Nuestra economía depende del comercio exterior, del turismo, de las importaciones de combustibles y alimentos y de la estabilidad del transporte marítimo internacional. Lo que ocurra en Malaca, Ormuz, Suez o Panamá termina reflejándose, tarde o temprano, en los precios que pagan las familias dominicanas, en los costos de producción de nuestras empresas y en la competitividad de nuestras exportaciones.

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