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viernes, 25 de septiembre de 2026
Los Tigres Asiáticos y la tesis de Juan Bosch

Los Tigres Asiáticos y la tesis de Juan Bosch

·25 de septiembre de 2026·3

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Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes

Federico Cuello ha escrito sobre la educación en Singapur y las enseñanzas que ese pequeño país asiático puede ofrecer a la República Dominicana. El tema merece atención. Pero para comprender el extraordinario desarrollo de Singapur no basta con estudiar sus escuelas.

Hay que estudiar también su historia política y económica.

Y cuando ampliamos la mirada aparecen Taiwán, Hong Kong y Corea del Sur: los cuatro territorios conocidos durante décadas como los Tigres Asiáticos.

En pocas generaciones pasaron de condiciones económicas difíciles a convertirse en importantes centros industriales, comerciales, financieros y tecnológicos del mundo.

Pero existe un aspecto de esa experiencia que no podemos ignorar.

El llamado milagro asiático ocurrió durante la Guerra Fría y, en buena parte, bajo sistemas políticos muy diferentes de las democracias liberales occidentales.

Corea del Sur vivió durante décadas bajo gobiernos autoritarios, particularmente durante el régimen de Park Chung-hee, mientras desarrollaba aceleradamente su industria, sus exportaciones y sus grandes conglomerados empresariales.

Taiwán permaneció bajo la ley marcial del Kuomintang desde 1949 hasta 1987. Durante ese período realizó una profunda reforma agraria, extendió la educación, desarrolló su industria y comenzó a construir las bases de la extraordinaria potencia tecnológica que conocemos actualmente.

Singapur siguió una trayectoria distinta. Conservó elecciones e instituciones constitucionales, pero Lee Kuan Yew y el Partido de Acción Popular construyeron un Estado extraordinariamente fuerte y centralizado, caracterizado por una prolongada continuidad política.

Hong Kong fue un caso diferente. No era una dictadura nacional, sino una colonia británica administrada por un gobernador designado desde Londres y sin democracia representativa plena durante buena parte de aquel período.

No fueron, por tanto, cuatro dictaduras iguales.

Pero compartieron algunos elementos fundamentales: Estados fuertes, planificación de largo plazo, disciplina administrativa, inversión extraordinaria en educación, industrialización, promoción de exportaciones y una voluntad permanente de transformar sus economías.

Y existía otro factor decisivo: la Guerra Fría.

Estados Unidos consideraba Asia oriental uno de los escenarios fundamentales de su confrontación con el comunismo. Corea del Sur y Taiwán eran particularmente importantes para la estrategia norteamericana de contención.

Washington podía convivir allí con gobiernos autoritarios porque los consideraba aliados estratégicos.

Y aquí es donde la comparación con Juan Bosch adquiere verdadero interés.

No porque Bosch hubiese tomado como modelo a Corea del Sur, Taiwán, Singapur o Hong Kong.

No tenemos que establecer una relación que históricamente no está demostrada.

La relación es otra.

Bosch estaba llegando, desde la traumática experiencia dominicana y latinoamericana, a una reflexión sobre el fracaso de la democracia representativa para realizar determinadas transformaciones estructurales cuando los poderes económicos, militares y externos podían impedirlas.

Bosch había llegado democráticamente a la Presidencia el 27 de febrero de 1963.

Intentó gobernar bajo una Constitución profundamente liberal y democrática.

Siete meses después fue derrocado.

En abril de 1965, el movimiento que reclamaba el restablecimiento de aquella Constitución desembocó en una guerra civil y, el 28 de abril, en la intervención militar de Estados Unidos.

Es imposible comprender la posterior radicalización de Bosch separándola de 1963 y 1965.

Después del golpe y de la intervención, Bosch comenzó a revisar algunas de sus concepciones políticas. Durante su estancia en Europa estudió el marxismo, analizó el imperialismo y desarrolló su concepto del “pentagonismo”. Un estudio publicado por el Archivo General de la Nación describe precisamente ese período como un tránsito intelectual en el cual el golpe, el exilio, el contacto con países socialistas y el marxismo llevaron a Bosch a replantear su programa de transformación.

En ese proceso apareció la Dictadura con Respaldo Popular.

Y debemos precisar incluso la fecha.

Aunque generalmente asociamos la tesis con 1969, documentos conservados por el Archivo General de la Nación demuestran que Bosch hablaba públicamente de ella desde 1968. Informes enviados a la Presidencia de Joaquín Balaguer registraron declaraciones suyas en las que anunciaba que regresaría a la República Dominicana para proponer la Dictadura con Respaldo Popular.

En septiembre de 1969 encontramos nuevamente a Bosch discutiendo públicamente la tesis, ahora vinculándola con sus análisis sobre la oligarquía y el llamado imperialismo pentagonista.

Esto cambia y fortalece nuestra comparación.

Bosch no estaba estudiando cómo imitar a los Tigres Asiáticos.

Estaba intentando responder, desde otra tradición intelectual y desde una experiencia política profundamente dominicana, una pregunta semejante:
¿qué tipo de poder político necesitaba un país subdesarrollado para transformar sus estructuras económicas y sociales?

Mientras Bosch formulaba esa pregunta en el Caribe, en Asia varios Estados estaban respondiendo a su manera.
Corea del Sur desarrollaba una política industrial dirigida desde el Estado.
Taiwán combinaba reforma agraria, educación, industrialización y planificación.

Singapur estaba construyendo un Estado administrativo extraordinariamente eficaz.

Y Estados Unidos, por razones estratégicas relacionadas con la Guerra Fría, mantenía estrechas relaciones con Corea del Sur y Taiwán a pesar del carácter autoritario de sus gobiernos.

Ahí está la paradoja histórica que interesa examinar.

No consiste simplemente en afirmar que Estados Unidos apoyaba dictaduras en Asia y no las permitía en el Caribe.

Esa afirmación sería demasiado absoluta, porque Washington también apoyó o toleró gobiernos autoritarios en América Latina y el Caribe durante la Guerra Fría.

La contradicción es más compleja.

Estados Unidos aplicó políticas diferentes según sus intereses estratégicos, las circunstancias nacionales y el momento de la Guerra Fría.

Y Bosch había experimentado personalmente esas contradicciones.

Había sido elegido democráticamente en 1962, derrocado en 1963 y había visto cómo, en 1965, Estados Unidos intervenía militarmente cuando los constitucionalistas intentaban restaurar el orden constitucional de 1963.

Por eso la Dictadura con Respaldo Popular debe entenderse dentro de la evolución intelectual de Bosch posterior a esas experiencias y no como una simple defensa abstracta de las dictaduras.

Otra cuestión diferente es juzgar aquella propuesta desde nuestro tiempo.

Han pasado casi sesenta años.

Corea del Sur se democratizó.

Taiwán se democratizó.

Y la propia experiencia política latinoamericana demostró el enorme costo humano e institucional de los regímenes autoritarios.

Por eso hoy no tenemos que escoger entre desarrollo y libertad.

La lección que podemos recoger de los Tigres Asiáticos no es la dictadura.

Es otra:
educación, planificación, tecnología, continuidad de las políticas públicas, disciplina administrativa, industrialización y un Estado capaz de pensar más allá de los próximos cuatro años.

Y aquí podemos regresar nuevamente a Bosch.

La pregunta que él se hizo sigue teniendo vigencia.

La respuesta, en cambio, pertenece a su tiempo.

El problema de nuestros países continúa siendo cómo transformar sociedades desiguales, aumentar la productividad, educar mejor, incorporar ciencia y tecnología y construir Estados capaces de ejecutar políticas de largo plazo.

Pero la respuesta del siglo XXI debe ser democrática.

Pienso entonces en Sandro Pertini, el gran presidente italiano, socialista, resistente antifascista y defensor apasionado de las libertades públicas.

Después de haber conocido personalmente la cárcel y la persecución del fascismo, Pertini comprendió que ninguna promesa de eficacia podía sustituir la libertad.

Por eso, después de estudiar a los Tigres Asiáticos y de regresar al Juan Bosch de 1968 y 1969, podemos llegar a una conclusión distinta de aquella que las circunstancias de la Guerra Fría llevaron a plantear hace casi seis décadas:

Democracia y democracia.

Democracia para elegir gobernantes y para sustituirlos.

Democracia para exigir cuentas.

Democracia para educar.

Democracia para planificar.

Democracia para industrializarnos.

Democracia para incorporarnos plenamente a la revolución científica y tecnológica.

El desafío de América Latina y del Caribe ya no consiste en encontrar una dictadura capaz de desarrollar nuestros países.

Consiste en construir una democracia capaz de gobernar eficazmente y producir desarrollo.

Los Tigres Asiáticos demostraron lo que pueden conseguir en pocas décadas la educación, la planificación, la tecnología y la continuidad de una estrategia nacional.

La tarea de nuestra generación es demostrar que todo eso puede alcanzarse preservando aquello que ninguna prosperidad económica debe obligarnos a sacrificar:
la libertad.

Democracia y democracia.

Y siempre más democracia.

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