
Maduración turística
Por Juan LLado
Dice la leyenda que Balaguer esperó hasta que el mango madurara y cayera para catapultar su propia carrera política. Es decir, esperó que el régimen de Trujillo se agorara en vez de intentar precipitar su caída. Aplicada esa metáfora a nuestra industria turística, procede hoy día elucubrar sobre su madurez actual y lo que debe venir después. Razones hay para pensar que su actual bonanza no será interrumpida por un agotamiento temprano. Y que se otean condiciones para su sostenido crecimiento y expansión en el mediano plazo. Pero la madurez no necesariamente implica una estabilidad prolongada. Mas bien requiere una estrategia desarrollista basada en una visión del futuro para mantener y mejorar la competitividad del destino.
Nuestra madurez turistica ha sido confirmada por declaraciones de nuestro actual ministro de turismo. Lo que no se ha dicho es lo que eso significa e implica. Según los académicos, una “industria madura es un término que hace referencia a las actividades industriales que habiendo alcanzado un volumen más o menos considerable, tienen una tasa de crecimiento global, determina fundamentalmente por la demanda de sus productos, que se ralentiza hasta estabilizarse completa y eventualmente disminuir, llegando a ser inclusive una industria en declive. Las industrias maduras no son especialmente atractivas para los inversores, ya que la competencia entre las empresas existentes hace muy complejo su crecimiento.” Felizmente, lejos de encontrarse en declive nuestra industria turística está hoy saludable y pujante.
La industria turística mundial no escapa a la evolución arriba descrita. Su vigorosa expansión hizo necesario “tener una guía que permitiera a planificadores, desarrolladores anticiparse a los problema y crear planes alternativos o de contingencia, con la finalidad de tener un modelo que permitiera a planificadores, desarrolladores anticiparse a los problemas y crear planes alternativos o de contingencia, con las distintas etapas del desarrollo de un destino turístico.” “Richard Butler, Profesor Emérito de la Strathclyde Business School de Glasgow, creó en 1980 el Modelo del Ciclo de Vida de los Destinos Turísticos (MCVDT). En él, básicamente equipara la evolución de los destinos con la de los productos o servicios. Con su modelo Butler busca “demostrar que el turismo no es un proceso estático, sino que evoluciona o decae de acuerdo con factores como el descubrimiento del destino, la afluencia de visitantes, el apoyo de las autoridades, la relación entre turistas y locales, la infraestructura, etc.” Este modelo aparece en la gráfica adjunta y permite especular sobre el futuro de nuestra industria turística.
Un destino turístico se considera maduro cuando ha alcanzado un nivel elevado de desarrollo y reconocimiento en el mercado. Llega cierto punto, sin embargo, en que la madurez puede dar paso a que las fuentes tradicionales de crecimiento pueden estar perdiendo eficacia y que el destino necesita innovar, diversificar y renovar su propuesta de valor. Cuando se otean estas señales el destino comienza a experimentar dificultades para mantener el crecimiento, la rentabilidad, la competitividad y la calidad de su oferta mediante el modelo turístico que le permitió expandirse inicialmente.
A juzgar por nuestro crecimiento de las últimas dos décadas y lo que sucede actualmente, todavía no hemos agotado por completo nuestra etapa de desarrollo. Una segunda gráfica sugiere que en el último lustro hemos registrado un robusto crecimiento.
El hecho de que en los primeros 9 meses del 2026 alcanzamos una tasa de crecimiento en el flujo de los turistas de vía aérea de 7.2% reafirma esa robustez. Si traemos a colación el gráfico de Butler, podemos concluir que tampoco estamos en una coyuntura de repliegue ni de rejuvenecimiento. Las perspectivas de nuestro destino son que tanto la planta de alojamientos como el flujo de turistas y excursionistas seguirán creciendo, aunque moderadamente, en el corto y mediano plazo. Ni siquiera estamos en plena estabilidad del crecimiento, aunque la competencia regional que se avecina modera el optimismo.
Si el producto dominante de un destino está madurando, la respuesta no tiene que ser abandonar ese producto, sino preservar su competitividad y, al mismo tiempo, reducir la dependencia de él. La IA nos señala que en nuestro destino “esto supone complementar el éxito del sol y playa con una oferta más amplia de experiencias culturales, históricas, creativas, gastronómicas y naturales. La Ciudad Colonial, la música y los bailes dominicanos, la artesanía, las festividades populares y los atractivos naturales podrían contribuir a extender las experiencias del visitante, ampliar el gasto en las economías locales y distribuir mejor los beneficios territoriales.” El indicador decisivo del éxito futuro no debería ser exclusivamente cuántos turistas recibe el país, sino cuánto valor sostenible genera el turismo para la economía y la población dominicanas.
Esta conclusión ha sido adoptada por el visionario empresario turístico Frank Rainieri, quien ha declarado, en la más memorable visión de política industrial que ha surgido del empresariado turístico local: “El reto, a partir de ahora y para los próximos 25 años, no es crecer más —aunque seguirá creciendo—, sino, es crecer mejor: con más valor agregado, mayor sostenibilidad ambiental y una distribución más equitativa de beneficios.” Para Rainieri, un destino no pierde competitividad porque sus playas o sus calles sean más antiguas, sino porque deja de renovar su infraestructura y su oferta turística. «Hay destinos viejos y destinos nuevos. Los destinos viejos no se vuelven viejos porque la playa sea vieja; se vuelven viejos porque la infraestructura hotelera y la oferta envejecen».” Rainieri vaticina que en unos años “el país entero será un destino turístico.”
En gran medida, el discurrir de los plazos políticos de la gestión pública determinará si ese certero giro que propugna Rainieri se entroniza como el referente máximo de la política industrial en el sector turístico. Ese sería el paso de una política de “crecimiento turístico” a una verdadera política de “desarrollo turístico nacional”. Los retos de nuestro futuro turístico deben centrarse en el fortalecimiento y diversificación de los atributos del producto turístico. La gran meta debe ser configurar un destino único mediante la innovación con miras a la diferenciación del producto.
