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miércoles, 21 de octubre de 2026
Más en 29; ¿qué dice el público?

Más en 29; ¿qué dice el público?

·21 de octubre de 2026·23
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Por Charlie Núñez

Fueron las masas las que el Domingo de Ramos recibieron a Jesús gritando ¡Hosanna!, ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!; y fueron las masas, incitadas por líderes religiosos de la época, las que cuatro días después gritaron: ¡Crucifícalo!.

La sociedad dominicana actual no es un ejemplo de formación escolar, familiar ni ciudadana, lo que la convierte en una masa de ciudadanos inconscientes y acríticos que se mueve influenciada por consignas o planteamientos malsanos que provienen de quienes se aprovechan de la ignorancia acumulada producto de esa mala formación.

Nuestro país, por razones que no voy a detallar, tiene una estructura comunicacional de primer mundo, con altos niveles de tecnología y de fácil acceso, lo que permite que nuestra población reciba toda clase de información por cualquier medio de manera constante, haciéndoles sentir ciudadanos informados.

La tecnología ha democratizado la comunicación, cuyos medios, en el pasado, pertenecían a quienes tenían poder económico; hoy es diferente, los de abajo poseen medios, con tanta influencia que han desplazado a los medios tradicionales que imponían la narrativa de los acontecimientos sociales y políticos.

El problema está en que históricamente el poder económico, que a su vez controla el poder político, conquistaba los mejores cerebros de la sociedad para ponerlos a sus servicios, y los mensajes llegaban con mucho nivel; en lo conceptual y calidad en lo hablado y escrito.

Hoy, esos mejores cerebros no están de moda, ya tienen poca audiencia y, si se quieren hacer sentir, deben sentarse en los medios alternativos; ahora bien, quienes controlan esos medios alternativos, tienen hambre de reconocimiento y de bienes materiales, lo que los convierte en presa fácil de los poderes.

El pueblo ahora tiene sus voces en medios propios, pero con la pobre formación educativa, familiar y ciudadana, no es que se vayan a transmitir las orientaciones o mensajes que influyan en una transformación en el pensamiento y la conciencia ciudadana, sino todo lo contrario, han llenado de ideas que promueven acciones negativas a los ciudadanos, en especial a la juventud.

Está muy de moda comentar las informaciones que se emiten a través de los medios y la gente disfruta ver los comentarios; en estos se nota la mala calidad del emisor, el receptor pocas veces entiende lo que se dice, independientemente de que esté bien planteado o no, pero lo peor es la cantidad de sandeces que ahí se opina, con una ortografía que se puede considerar un asesinato brutal al idioma de Cervantes.

Una amplia cantidad de quienes publican informaciones y aún más grande de los que opinan, están aplaudiendo las acciones de la Policía Nacional, de disponer de la vida de muchos jóvenes, a lo que en los códigos policiales le llaman “poner en 29”, que tampoco se entiende por qué eso debe ser de conocimiento de la población.

Quienes están celebrando eso, deben saber que están dando una “patente de corso” a una institución que, en un examen de honestidad, respeto, disciplina, seriedad, conciencia, formación y otros valores, sin importar el curso en que se encuentre, se quema la mayoría absoluta.

Me voy a Isaías 5:20.

“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”.

Isaías denunciaba a los jueces y políticos que invertían los valores por corrupción, justificando al culpable por soborno y condenando al inocente.

No digo que esos jóvenes sean inocentes, digo que quienes les están disparando no tienen justificación legal, autoridad y andan en el mismo lodazal que ellos, pero nadie los persigue; la marginalidad a la que la sociedad ha sometido nuestra juventud, generó su comportamiento, pero en vez de reconocer su culpa, los castigan de nuevo, esta vez quitándole lo único que tienen porque Dios se lo regaló: la vida.

Educarlos y darles oportunidad en lo inmediato sale más caro que unas balas, pero si no lo hacemos hoy, no existirá rincón alguno que nos brinde lo que más necesitan los poderosos: Paz.

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