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miércoles, 19 de agosto de 2026
Mineros itinerantes y pobreza dificultan frenar el acelerado brote de ébola en el este del Congo

Mineros itinerantes y pobreza dificultan frenar el acelerado brote de ébola en el este del Congo

·19 de agosto de 2026·4

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IGA-BARRIÈRE, República Democrática del Congo, 19 agosto.— Con apenas 11 años, Isaac Batisa pasa sus días excavando tierra en busca de oro en una mina artesanal del este de la República Democrática del Congo. Su preocupación inmediata no es el ébola, que avanza rápidamente por la región, sino conseguir algo de dinero para alimentar a su familia, aunque algunas jornadas apenas logra ganar el equivalente a dos dólares.

Batisa forma parte de cientos de personas, entre ellas numerosos niños, que trabajan en las minas artesanales de Iga-Barrière, en la provincia oriental de Ituri, precisamente el epicentro de un brote de ébola que ha infectado a miles de personas y mantiene desbordados los esfuerzos de vigilancia sanitaria.

“No sabemos sobre el ébola aquí”, explicó el menor a periodistas de The Associated Press (AP), que tuvieron acceso a una de las mayores explotaciones mineras de Ituri.

El problema preocupa especialmente a las autoridades porque los trabajadores de las minas artesanales se desplazan constantemente entre distintas localidades buscando oro o empleos relacionados con la minería. Esa movilidad, combinada con las dificultades para acceder a territorios inseguros y aislados, amenaza con abrir nuevas cadenas de transmisión imposibles de rastrear oportunamente.

Hasta ahora no existen reportes confirmados de que el brote haya llegado directamente a los sitios mineros, pero funcionarios sanitarios reconocen que resulta difícil conocer la situación real en las áreas más remotas. Además, gran parte de los nuevos contagios y fallecimientos se registra entre personas que no estaban bajo vigilancia epidemiológica.

Condiciones favorables para la propagación

El ébola se transmite mediante contacto directo con fluidos corporales de una persona infectada o a través de objetos y superficies contaminados.

Sin embargo, medidas preventivas elementales, como lavarse regularmente las manos y reducir los contactos estrechos, resultan difíciles de aplicar en las minas artesanales, donde numerosos trabajadores se concentran en pequeños espacios y extraen oro utilizando herramientas rudimentarias, entre ellas palas y recipientes para lavar y separar la tierra.

Muchas de esas explotaciones son además ilegales, por lo que sus trabajadores procuran mantenerse alejados de las autoridades locales, circunstancia que añade dificultades a los esfuerzos de vigilancia sanitaria.

El brote actual es provocado por el virus Bundibugyo, una variante menos común entre los virus que causan la enfermedad del Ébola. Esta característica complica todavía más la respuesta porque no existen vacunas ni tratamientos específicos para esa variante.

Trabajadores que desaparecen del sistema de vigilancia

Mari Ndika, trabajadora de la respuesta contra el ébola dedicada a la vigilancia epidemiológica, explicó que la movilidad de los mineros constituye uno de los mayores desafíos.

Un trabajador puede desplazarse por varias comunidades en busca de oro y entrar en contacto con numerosas personas. Si estuviera infectado, ese recorrido podría facilitar la transmisión del virus antes de que los equipos sanitarios logren identificarlo.

El problema ya se ha presentado.

Anna Ndroy Kansime, trabajadora comunitaria que participa en las labores de educación sobre la enfermedad, relató que recientemente los equipos de salud perdieron el rastro de dos mineros identificados como contactos de personas con ébola, después de que ambos se trasladaran hacia otra explotación minera.

Su destino continúa sin conocerse.

El episodio ilustra la magnitud del desafío porque una persona puede infectarse en una localidad, desplazarse posteriormente hacia otra y generar nuevas cadenas de contagio antes de que las autoridades sepan siquiera que estuvo expuesta al virus.

Tampoco existe un sistema confiable para registrar a los trabajadores de las minas y seguir sus movimientos, explicó Kansime.

Oro para sobrevivir en medio de la violencia

La minería artesanal constituye una de las pocas alternativas económicas para numerosas familias del este congoleño.

La región posee grandes depósitos de oro, coltán, estaño y tungsteno, minerales que durante décadas han representado tanto una fuente de riqueza como uno de los factores vinculados a los prolongados conflictos que afectan al país.

La historia de Isaac Batisa refleja las consecuencias de esa violencia.

El niño contó que sus padres y dos de sus hermanos murieron durante un ataque de rebeldes congoleños. Actualmente vive con una tía y otros cinco hermanos. Según explicó, fue su propia tía quien lo animó a trabajar en la mina para contribuir al sustento familiar. AP indicó que no pudo contactar a la mujer para obtener sus comentarios.

En el este del Congo operan más de 100 grupos armados y milicias, entre ellos las Fuerzas Democráticas Aliadas, vinculadas al grupo Estado Islámico, y la milicia CODECO, activa en Ituri.

Los enfrentamientos han obligado a grandes cantidades de personas a abandonar sus hogares y han profundizado una pobreza que empuja a familias completas hacia la minería artesanal.

Un informe de 2024 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) calculó que aproximadamente dos millones de personas trabajan en la minería artesanal y de pequeña escala en el Congo. No existe una estimación reciente confiable sobre cuántos de esos trabajadores son menores de edad.

Por su parte, UNICEF estima que alrededor del 15% de los niños congoleños entre 5 y 17 años realizan trabajo infantil.

Niños y embarazadas dentro de las minas

Las condiciones de trabajo en Iga-Barrière son especialmente difíciles.

Los mineros descienden por pozos que pueden extenderse decenas de metros bajo tierra, utilizando túneles excavados principalmente a mano y que en muchos casos cuentan con poco reforzamiento estructural.

En la superficie, otros trabajadores excavan y clasifican grandes cantidades de tierra buscando pequeñas cantidades de oro.

Los niños trabajan junto a los adultos y también pueden encontrarse mujeres embarazadas dentro de las excavaciones abiertas, algunas incluso en etapas avanzadas de gestación, según Kansime.

Singoma Aimé, minero de 36 años, reconoció que los trabajadores carecen de protección adecuada y reclamó especialmente instalaciones para lavarse las manos debido a que diariamente llegan personas procedentes de diferentes comunidades.

Cerca de 5,000 contagios y 2,325 fallecidos

La emergencia sanitaria se extiende actualmente por seis provincias del este de la República Democrática del Congo y ya constituye el brote de ébola de crecimiento más rápido registrado.

Cerca de 5,000 personas han resultado infectadas y 2,325 han muerto, mientras que Ituri concentra aproximadamente el 90% de los casos, según los datos citados por AP.

Los especialistas creen que el virus circulaba desde febrero en la localidad minera de Mongbwalu, varios meses antes de que las autoridades declararan oficialmente el brote el 15 de mayo.

La velocidad de propagación ha generado temores de que la emergencia pueda convertirse eventualmente en el brote de ébola más mortal registrado, superando la epidemia que golpeó África occidental entre 2014 y 2016, cuando fallecieron más de 11,000 personas.

La organización humanitaria Mercy Corps advirtió la semana pasada que ya se habían registrado casos de ébola a lo largo de una importante ruta de transporte situada aproximadamente a 35 kilómetros de la frontera congoleña con Sudán del Sur, una señal de que el área geográfica afectada continúa ampliándose.

Equipos sanitarios no logran seguir el ritmo del virus

Trish Newport, coordinadora de emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF), calificó de extremadamente preocupante la velocidad con que se está propagando la enfermedad, debido a que continúa avanzando más rápidamente que los esfuerzos para identificar contactos y detener nuevas transmisiones.

Newport relató que los equipos sanitarios han recibido familias devastadas por la enfermedad, algunas de las cuales han perdido hasta 15 integrantes, y advirtió sobre la necesidad de aumentar rápidamente la capacidad de respuesta para evitar más muertes.

Los esfuerzos incluyen educar a los trabajadores mineros sobre las formas de prevención y coordinar acciones con autoridades locales, responsables de las explotaciones y comunidades para detectar y dar seguimiento a posibles contagios.

Pero las dificultades siguen siendo enormes.

Las carreteras intransitables, la presencia de grupos armados, el desplazamiento constante de poblaciones que huyen de la violencia y la movilidad de los propios mineros dificultan el trabajo de los equipos sanitarios.

Detener esos movimientos tampoco resulta sencillo porque para numerosas familias la minería artesanal constituye prácticamente su única posibilidad inmediata de supervivencia.

Como resumió Kansime, para muchas de esas familias el oro es el dinero que permite comprar los alimentos. Esa dependencia económica convierte la movilidad de los mineros en uno de los mayores obstáculos para contener un brote que continúa avanzando por el este del Congo.

Fuente: The Associated Press (AP), información de Constant Same Bagalwa y Mark Banchereau.

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