
Monegro deja el guion para agradecer a quienes hicieron posible Santo Domingo 2026
Santo Domingo, 9 agosto.- El discurso estaba escrito, revisado y colocado en el teleprompter. Todo se encontraba preparado para que José P. Monegro, presidente del Comité Organizador, pronunciara el mensaje protocolar de despedida de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.
Sin embargo, al observar el ambiente de la ceremonia de clausura, la emoción de los atletas y la presencia de quienes trabajaron durante años para convertir el proyecto en realidad, Monegro decidió apartarse del texto y hablar sin guion.
“Les juro que escribí un discurso y lo traía en el prompter. Está en el prompter. Escribí un discurso. Pero ¿cómo discursear en este ambiente?”, preguntó ante el público.
La interrogante rompió el protocolo y definió el sentido de su intervención. En lugar de pronunciar una pieza solemne, eligió agradecer a las personas que hicieron posible la celebración deportiva y destacar el reencuentro de la República Dominicana con Centroamérica y el Caribe.
Por un momento, las medallas, los récords y los resultados quedaron en segundo plano. La noche estuvo dedicada a quienes trabajaron detrás de las competencias, muchas veces alejados de las cámaras y del reconocimiento público.
Más de tres años detrás de 16 días
Monegro insistió en que la historia de Santo Domingo 2026 no comenzó con el encendido de las luces de la primera competencia ni terminó con la entrega de la última medalla.
Los 16 días del certamen fueron apenas la parte más visible de un proceso que se extendió durante más de tres años y que exigió planificación, coordinación, logística, adecuación de infraestructuras y numerosas decisiones para garantizar el funcionamiento simultáneo de cada área.
“Hoy quiero iniciar 16 días de satisfacciones. Pero no fueron los 16 días. No fueron los 16 días, sino el camino transcurrido para llegar allá”, expresó.
Detrás de cada competencia hubo una amplia maquinaria humana. Mientras los atletas ocupaban el centro de atención, cientos de personas se encargaban de recibir a las delegaciones, preparar las instalaciones, coordinar el transporte, ofrecer información y responder a los innumerables desafíos propios de un acontecimiento deportivo de gran magnitud.
Entre todos esos colaboradores, el presidente del Comité Organizador reservó un reconocimiento especial para los voluntarios, a quienes calificó como “grandes” y fundamentales para el éxito de los juegos.
Detrás de cada orientación ofrecida en una sede, de cada delegación recibida y de cada jornada que transcurrió sin que el público advirtiera la complejidad operativa, hubo voluntarios trabajando lejos de los reflectores. Santo Domingo 2026 también fue obra de ellos.
Una demostración de unidad nacional
Monegro aprovechó la ceremonia para destacar la capacidad de la República Dominicana de trabajar unida alrededor de objetivos de gran escala cuando existe una dirección compartida.
En ese esfuerzo incluyó al presidente Luis Abinader, de quien afirmó que se involucró desde el inicio del proyecto hasta convertirse “en un activista más de estos Juegos”.
Posteriormente, pidió un aplauso para los integrantes del Comité Organizador, al que describió como una familia formada durante los años de planificación y trabajo.
La petición no fue una simple fórmula protocolar. Representó el reconocimiento a una comunidad que enfrentó dificultades, asumió responsabilidades y trabajó de manera coordinada para que el evento pudiera desarrollarse exitosamente.
Las ceremonias de clausura suelen concentrarse en los campeones, las marcas establecidas y el espectáculo artístico. Monegro escogió otro balance: colocar en el centro a las personas que hicieron posible que atletas y espectadores vivieran la celebración.
El Caribe dejó de ser una distancia
La intervención adquirió una dimensión más amplia cuando Monegro abandonó el terreno estrictamente deportivo para referirse a la relación de la República Dominicana con su entorno regional.
El dirigente admitió que durante años el país vivió “de espalda” a una parte del Caribe, pese a compartir con sus pueblos importantes vínculos históricos, culturales y geográficos.
Desde su perspectiva, Santo Domingo 2026 ayudó a reducir esa distancia. La presencia de miles de atletas, entrenadores, dirigentes y acompañantes convirtió durante varias semanas a la capital dominicana en un punto de encuentro regional.
El intercambio permitió reconocer, como expresó Monegro, “lo mucho que nos parecemos y lo mucho que nos queremos”.
También agradeció a Centroamérica por hacer partícipe a la República Dominicana de su historia y recordó los lazos existentes entre ambas zonas desde la época colonial.
Ese acercamiento representa uno de los legados más difíciles de cuantificar. Las medallas pueden contarse, los récords quedan registrados y las audiencias digitales pueden medirse, pero determinar cuánto se fortalecen los vínculos entre los pueblos constituye una tarea mucho más compleja.
Una proyección de 835 millones de personas
Monegro aseguró que los Juegos Centroamericanos y del Caribe alcanzaron a unos 835 millones de personas mediante las plataformas digitales, una cifra que refleja la dimensión internacional conseguida por el acontecimiento y la exposición de la imagen de la República Dominicana.
Sin embargo, ese número no resume por sí solo todo lo ocurrido. La competición dejó una experiencia compartida entre atletas, técnicos, dirigentes, voluntarios, periodistas y espectadores.
Durante 16 días, el país estuvo colocado en una amplia vitrina regional. Al mismo tiempo, Centroamérica y el Caribe entraron en la República Dominicana de una manera que difícilmente habría podido conseguirse exclusivamente mediante una campaña institucional.
Esa constituye una de las paradojas de los grandes acontecimientos deportivos: son organizados para competir, pero su huella más duradera puede encontrarse en las relaciones construidas fuera de los escenarios de competencia.
El último agradecimiento
En el tramo final de su intervención, Monegro reconoció especialmente a Luis Mejía Oviedo, presidente de Centro Caribe Sports, por el acompañamiento ofrecido durante todo el proceso organizativo.
El agradecimiento cerró un mensaje que había comenzado con una decisión sencilla, pero cargada de significado: dejar de leer el discurso preparado.
El teleprompter permanecía encendido y el texto continuaba esperando. Sin embargo, después de más de tres años de labores, Monegro entendió que la noche no necesitaba una pieza de oratoria perfectamente estructurada, sino una expresión directa de gratitud.
Agradeció a los voluntarios, a los equipos de trabajo, a quienes respaldaron el proyecto y a las personas que estuvieron antes de la llegada de los atletas, cuando las luces todavía no se habían encendido y los juegos seguían siendo una meta pendiente.
Santo Domingo 2026 cerró sus puertas como competición, pero la historia que Monegro quiso contar no se limitó al deporte. Habló de un país que comprobó su capacidad de organización, de una región que volvió a encontrarse y de miles de personas que trabajaron durante más de tres años para transformar una promesa en realidad.
Por eso, aquella noche, el discurso escrito pudo esperar.
