Nos duele Venezuela

Margarita Cedeño
@Margaritacdf
Hay tragedias que nos tocan más cerca que otras, como el terremoto que ha golpeado a Venezuela, que para la República Dominicana, no es una noticia internacional más. Al contrario, es una herida regional, caribeña, familiar. Cada noticia activa la solidaridad que norma las relaciones históricas entre República Dominicana y Venezuela, una historia larga de idas y venidas, de refugio, trabajo, familia, cultura y gratitud.
Durante décadas, Venezuela fue destino de miles de dominicanos, debido en parte al boom petrolero de los años 70, que generó oportunidades para muchos compatriotas que salieron buscando trabajo, estabilidad y futuro. Luego la historia cambió de dirección, la lamentable crisis económica y política venezolana trajo a miles de venezolanos a nuestro país. Para 2022, Naciones Unidas estimaba que República Dominicana era el principal país receptor de venezolanos en el Caribe, con alrededor de 115,283 residentes venezolanos.
Por eso, la relación entre ambos pueblos no puede medirse solo en tratados diplomáticos. Venezuela tiene rostro dominicano y República Dominicana tiene rostro venezolano. Por eso, en momentos como este, la solidaridad debe ser un ejercicio de la memoria, porque nuestras historias migratorias se han cruzado demasiado como para responder con indiferencia.
La reacción dominicana constituye un deber moral que debe extenderse por varios meses y quizás años, ya que pasará mucho tiempo en que los hospitales venezolanos continuarán desbordados, habrá niños sin familia y sin escuela, viviendas inhabitables, documentos perdidos y adultos mayores sin medicamentos. La verdadera solidaridad comenzará cuando el terremoto deje de ser noticia.
República Dominicana puede y debe sostener una ayuda seria, coordinada y útil, mediante centros de acopio bien organizados, cooperación médica, brigadas técnicas, apoyo psicológico, mecanismos transparentes de donación y coordinación con organismos internacionales. También debe acompañar a la comunidad venezolana residente en nuestro territorio, porque muchos de ellos hoy viven la angustia de no saber qué pasó con sus padres, hermanos, amigos o viviendas.
Esta tragedia también pone en perspectiva que en el Caribe no se puede seguir actuando como si los desastres naturales fueran episodios aislados. Terremotos, huracanes, inundaciones, sequías y crisis humanitarias no respetan fronteras. La protección civil, la infraestructura resistente, la planificación urbana, la cooperación regional y la capacidad logística de los Estados son temas centrales de supervivencia nacional.
Venezuela necesitará reconstruir. Pero primero necesitará ser acompañada. Esto significa ayudar con respeto, con eficiencia y con humanidad; reconocer que, aunque los gobiernos cambien y las coyunturas dividan, los pueblos permanecen.
Para los dominicanos, Venezuela es más que un país hermano, es un pueblo que sentimos como nuestro, pero ningún país está completamente solo cuando otro pueblo decide hacer su dolor como propio, por eso, frente al dolor venezolano, la República Dominicana debe estar más presente que nunca.
Fuente: Listín Diario
