
Nuevas sanciones de Estados Unidos agravan la crisis económica y social de Irán
Teherán, 26 agosto.– Irán enfrenta una nueva etapa de presión económica tras la ofensiva anunciada por Estados Unidos para restringir sus exportaciones petroleras, bloquear sus fuentes de financiamiento y castigar a países, empresas y entidades bancarias que continúen manteniendo relaciones comerciales con la República Islámica.
El llamado “Día D económico”, prometido por la administración del presidente Donald Trump, se tradujo inicialmente en advertencias dirigidas a los principales socios comerciales de Teherán. Washington les concedió un período para reducir sus vínculos antes de aplicar eventuales sanciones secundarias.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, sostuvo que la estrategia busca cerrar todas las fuentes de ingresos de Irán y aislarlo del sistema económico mundial. Advirtió que los países que ignoren las exigencias de Washington deberán asumir las consecuencias cuando comiencen a imponerse las sanciones.
Estados Unidos no identificó inicialmente a las naciones que podrían ser castigadas, pero China, Turquía y Emiratos Árabes Unidos figuran entre los principales socios comerciales iraníes. China representa el mayor desafío para la estrategia estadounidense, debido a que compra más del 80 % del petróleo que Irán envía por vía marítima, según datos de la firma Kpler correspondientes a 2025. Associated Press
Washington aumenta la presión
El Gobierno de Trump busca obligar a Teherán a aceptar condiciones relacionadas con su programa nuclear y militar, la circulación de embarcaciones por el estrecho de Ormuz y la seguridad de las rutas marítimas del golfo Pérsico.
Bessent describió la estrategia como una combinación entre el bloqueo naval y las sanciones económicas. También consideró que la presión financiera podría disminuir la necesidad de reanudar operaciones militares de gran escala, aunque el secretario de Defensa, Pete Hegseth, no descartó nuevos ataques.
Irán calificó las sanciones como una forma de “terrorismo económico” dirigida contra la población civil. El Gobierno iraní sostiene que las medidas estadounidenses buscan generar escasez, malestar social y protestas internas para debilitar al sistema político.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, acusó a Washington de recurrir a la presión económica después de no haber conseguido una victoria militar definitiva. Afirmó que Estados Unidos intenta crear “problemas sociales e insatisfacción económica” para sumir al país en el caos.
Pezeshkian aseguró que Irán no se rendirá, aunque en otras declaraciones se manifestó favorable a buscar una salida diplomática a la confrontación. El mandatario consideró que sería preferible poner fin a la guerra mediante una solución que respete la dignidad y los intereses iraníes.
El rial cae a niveles históricos
La moneda iraní continúa profundamente debilitada como consecuencia de las sanciones, la guerra, el bloqueo de las exportaciones petroleras y la creciente desconfianza de ciudadanos e inversionistas.
El dólar alcanzó esta semana una cotización cercana a 2.02 millones de riales en el mercado libre, un nuevo mínimo histórico para la moneda iraní. En el sistema monetario de uso cotidiano, esa cantidad equivale aproximadamente a 202,000 tomanes por dólar.
Aunque el Banco Central mantiene una cotización oficial distinta, el precio del mercado libre es el que sirve de referencia para la mayor parte de los ciudadanos y comerciantes al comprar divisas, fijar precios o calcular el costo de las importaciones.
La depreciación del rial encarece los alimentos, medicamentos, equipos industriales, repuestos y materias primas procedentes del extranjero. También reduce diariamente el valor real de los salarios, ahorros y pensiones.
Como referencia histórica, cuando Irán suscribió el acuerdo nuclear de 2015 con las potencias internacionales, el dólar se negociaba alrededor de 32,000 riales. La comparación muestra la magnitud del deterioro acumulado por la moneda durante la última década.
El Fondo Monetario Internacional ha proyectado una contracción cercana a seis puntos porcentuales para la economía iraní durante el próximo año. Economistas consultados por AP consideran que el país probablemente evitará un colapso completo, debido a su experiencia para enfrentar sanciones, pero advierten que el costo recaerá principalmente sobre la población mediante más inflación, pobreza y deterioro de los servicios. Associated Press
Alimentos fuera del alcance de numerosas familias
La población iraní soporta las principales consecuencias de la crisis. Las estadísticas conocidas durante los últimos meses muestran una aceleración de la inflación y aumentos todavía mayores en productos esenciales.
En julio, el incremento interanual de los alimentos rondó el 128 %, mientras algunos productos registraron aumentos superiores. La carne, los productos lácteos, el arroz, el pan, el aceite y los huevos resultan cada vez menos accesibles para las familias de ingresos bajos y medios.
El deterioro del poder adquisitivo ha generado una situación en la que los establecimientos todavía disponen de mercancías, pero una parte creciente de la población carece de dinero suficiente para adquirirlas.
Comerciantes de Teherán explicaron que algunos clientes compran productos para pagarlos posteriormente, mientras numerosas familias han reducido el consumo de carne, lácteos y otros alimentos. Muchos hogares concentran sus gastos en productos básicos como pan y papas.
Un recorrido realizado anteriormente por Associated Press en comercios de la capital encontró que, desde el comienzo de la guerra, el precio del pollo y el cordero había aumentado alrededor de 45 %, el arroz un 31 % y los huevos un 60 %. Associated Press
El Gobierno ha dispuesto incrementos salariales, subsidios y cupones para la compra de productos esenciales. Sin embargo, economistas iraníes advierten que algunas de esas medidas, al elevar el gasto público sin un aumento equivalente de la producción, podrían alimentar todavía más la inflación.
La crisis también ha provocado pérdidas de empleos, cierres de empresas y expansión de la economía informal. Trabajadores que no reciben sus salarios puntualmente han comenzado a vender productos en las calles o a realizar varias actividades para completar sus ingresos.
Los daños causados por la guerra a industrias fundamentales y las prolongadas interrupciones del servicio de internet también han afectado a negocios, profesionales independientes y empresas vinculadas con el comercio electrónico.
Crecen las filas para comprar combustible
La incertidumbre se refleja igualmente en las estaciones de combustibles de Teherán, donde se han formado largas filas ante el temor de que el Gobierno reduzca los subsidios o se produzcan problemas de abastecimiento.
Conductores consultados por AP explicaron que procuran mantener llenos los tanques de sus vehículos porque temen nuevos aumentos. El Gobierno iraní ha discutido la posibilidad de disminuir los costosos subsidios al combustible para enfrentar las restricciones presupuestarias.
Por el momento, no se observan largas filas frente a bancos y los supermercados y las farmacias permanecen abastecidos. Sin embargo, comerciantes y consumidores coinciden en que los precios cambian constantemente y que el dinero alcanza para adquirir una cantidad cada vez menor de productos. Associated Press
El aumento del descontento todavía no se ha traducido en nuevas manifestaciones multitudinarias. Las autoridades reprimieron violentamente las protestas registradas a principios de año, circunstancia que mantiene el temor entre amplios sectores de la población.
Especialistas consideran que la resistencia económica de Irán tiene límites. Aunque el país ha desarrollado redes de intermediarios, ventas petroleras encubiertas y mecanismos informales para eludir las sanciones, una restricción efectiva de sus vínculos con China podría reducir considerablemente sus ingresos.
El estrecho de Ormuz continúa en el centro de la crisis
La disputa por el estrecho de Ormuz constituye uno de los principales obstáculos para poner fin a la confrontación. Antes de la guerra, por esa ruta circulaba cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializados en el mundo.
La mayor parte del tránsito permanece paralizada o severamente restringida. La reducción de los embarques ha elevado los precios internacionales de la energía y mantiene a cientos de buques y miles de tripulantes afectados por las limitaciones de navegación.
El volumen movilizado por el estrecho cayó desde más de 20 millones de barriles diarios antes de la guerra hasta un promedio cercano a ocho millones, de acuerdo con estimaciones divulgadas por autoridades estadounidenses.
Irán ha amenazado con atacar o detener embarcaciones que intenten cruzar sin autorización. También publicó una lista negra de decenas de barcos acusados de participar en transferencias destinadas a evadir sus controles marítimos.
Irán y Omán negocian un corredor marítimo
Irán y Omán mantienen negociaciones para establecer un corredor provisional que permita restablecer gradualmente la navegación comercial por el estrecho de Ormuz.
La Guardia Revolucionaria iraní afirmó que ambos países habían alcanzado acuerdos sobre el control de las aguas y la distribución de posibles ingresos. Sin embargo, una fuente iraní de alto nivel aclaró que todavía no existe un pacto definitivo y que continúan discutiéndose sus detalles.
El ministro de Relaciones Exteriores de Omán, Badr Albusaidi, expresó su esperanza de que pronto pueda anunciarse un corredor temporal y mecanismos prácticos para garantizar la navegación segura.
Teherán condiciona la reapertura plena del estrecho al levantamiento del bloqueo estadounidense sobre los puertos iraníes, la eliminación de las sanciones, el pago de compensaciones y el cese de las amenazas militares.
La Guardia Revolucionaria acusa a Estados Unidos de obstaculizar las conversaciones con Omán y advierte que la ruta permanecerá cerrada si Washington no acepta las condiciones iraníes. Reuters
El diálogo de paz continúa estancado
Las posibilidades de reanudar formalmente las negociaciones de paz siguen siendo limitadas. Aunque las hostilidades directas han disminuido durante las últimas semanas, Washington y Teherán no han acordado una agenda, un calendario ni condiciones comunes para sentarse nuevamente a negociar.
Estados Unidos e Irán anunciaron dos acuerdos de alto el fuego, en abril y junio, con el propósito de restablecer la circulación por el estrecho y avanzar hacia el final de la confrontación, pero ambos entendimientos fracasaron rápidamente.
Además de Omán, otros países de la región tratan de promover una salida diplomática. Pakistán ha participado en gestiones de mediación, mientras Qatar mantiene contactos con las autoridades iraníes para favorecer una reducción de las tensiones.
Trump ha declarado que Irán estaría interesado en alcanzar un acuerdo, pero considera que todavía no acepta las condiciones exigidas por Estados Unidos. Teherán, por su parte, sostiene que no negociará bajo amenazas, sanciones ni bloqueo militar.
En consecuencia, todavía existe una vía diplomática abierta, principalmente mediante la mediación regional y las conversaciones sobre el estrecho de Ormuz. Sin embargo, la ofensiva económica estadounidense, las exigencias iraníes y la ausencia de confianza entre las partes impiden considerar cercana una negociación de paz definitiva. Reuters
