
Ocho terremotos relevantes en menos de dos meses reavivan la inquietud sísmica mundial
Por la Redacción
SANTO DOMINGO, 15 agosto.— Desde los dos devastadores terremotos que golpearon Venezuela el pasado 24 de junio, una sucesión de movimientos sísmicos de consideración en América Latina, Asia y Europa ha despertado inquietud sobre si el planeta atraviesa un período excepcional de actividad tectónica.
Sin embargo, los organismos científicos advierten que, aunque varios terremotos fuertes pueden concentrarse en un período relativamente corto, hasta ahora no existe evidencia de que formen parte de una misma cadena sísmica global ni de que esté ocurriendo un aumento anormal de los terremotos en el mundo.
En América Latina, al menos seis movimientos sísmicos relevantes pueden identificarse desde los dos terremotos venezolanos, si se cuentan por separado los dos grandes eventos del 24 de junio: los dos sismos de Venezuela, uno en Chile, otro frente a México, el terremoto de Perú y el devastador movimiento ocurrido en Colombia el 10 de agosto.
A esa secuencia regional se sumaron en las últimas horas un terremoto de magnitud 7,7 en Indonesia, que ha dejado al menos 47 muertos, y otro de magnitud 5 en Granada, España, que provocó daños materiales pero hasta ahora no ha causado víctimas mortales.
Venezuela abrió una secuencia que causó miles de muertos
La alarma comenzó el 24 de junio de 2026, cuando Venezuela fue sacudida por dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5, separados por menos de un minuto. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) confirmó ambos eventos en el norte del país, al oeste de Caracas.
El primer balance fue de decenas de muertos, pero las cifras aumentaron de forma dramática durante las semanas posteriores. Para principios de agosto, autoridades venezolanas situaban en 6.125 las personas fallecidas por los dos terremotos, además de decenas de miles de personas atendidas en hospitales.
Los sismos fueron particularmente destructivos por su profundidad relativamente baja y por la vulnerabilidad de numerosas edificaciones. Reuters ha señalado que los terremotos venezolanos ocurrieron a menos de 20 kilómetros de profundidad, circunstancia que favoreció una sacudida mucho más intensa cerca de la superficie.
Chile registra otro movimiento
El 3 de julio, poco más de una semana después del desastre venezolano, un terremoto de magnitud 5,5 se registró frente a la costa central de Chile.
El movimiento ocurrió a unos 10 kilómetros de profundidad, según el Centro Alemán de Investigación en Geociencias citado por Reuters. No se reportaron muertos ni daños importantes.
Chile está situado en una de las regiones tectónicamente más activas del planeta debido al proceso mediante el cual la placa de Nazca se introduce debajo de la placa Sudamericana.
Un terremoto de 7,3 frente a México
El 17 de julio, un poderoso terremoto de magnitud 7,3 sacudió la costa del estado mexicano de Chiapas y fue sentido con fuerza también en Guatemala y El Salvador.
El epicentro se localizó en el océano Pacífico, unos 58 kilómetros frente a Puerto Madero, y tuvo una profundidad de aproximadamente 15 kilómetros. El movimiento generó inicialmente alertas de tsunami y fue seguido por réplicas de magnitudes entre 5 y 6.
Pese a su elevada magnitud, las autoridades de México y Guatemala informaron que no se produjeron víctimas mortales ni daños graves.
El resultado ilustra uno de los principios fundamentales de la sismología: la magnitud de un terremoto no determina por sí sola el número de víctimas. La distancia de los centros poblados, la profundidad, el tipo de suelo y, especialmente, la calidad de las construcciones pueden marcar enormes diferencias.
Perú: un terremoto menor, pero mortal
Un día después, en la noche del 18 de julio, un terremoto de magnitud 5,1, seguido por una réplica de 3,7, golpeó la provincia de Chupaca, en la región central peruana de Junín.
Aunque su magnitud fue considerablemente menor que la de los terremotos de Venezuela o México, dejó al menos seis muertos y decenas de heridos, además de viviendas destruidas y cientos de damnificados.
El Instituto Geofísico del Perú calculó posteriormente una magnitud de 5,4 y señaló que el epicentro se situó unos 14 kilómetros al sur-suroeste de Chupaca.
Buena parte de los daños se produjo en viviendas construidas con adobe, lo que nuevamente demuestra que el riesgo sísmico depende no solamente de la fuerza del terremoto sino también de la vulnerabilidad de las estructuras.
Colombia eleva dramáticamente el balance regional
La secuencia adquirió nuevamente dimensiones catastróficas el 10 de agosto, cuando un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el occidente de Colombia.
El movimiento tuvo su epicentro cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, y afectó severamente a ciudades como Cali, Pereira, Quibdó y Manizales. El USGS situó el terremoto a una profundidad cercana a los 100 kilómetros.
Hasta este sábado, el balance oficial ascendía a 288 muertos, 3.975 heridos y 202 desaparecidos, según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres citada por la agencia EFE.
Reuters ha señalado que el terremoto colombiano estuvo relacionado con la compleja interacción tectónica de la región, particularmente con el movimiento de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana.
Indonesia: 47 muertos por un terremoto de 7,7
Cuando Colombia todavía continúa buscando desaparecidos y retirando escombros, otro terremoto de gran magnitud se produjo este sábado 15 de agosto en Indonesia.
El terremoto alcanzó una magnitud de 7,7 y golpeó el este del archipiélago, en las proximidades de la isla de Flores. El balance proporcionado por las autoridades indonesias elevó a 47 las personas fallecidas, además de numerosos heridos.
El movimiento provocó deslizamientos de tierra, derrumbes de viviendas y daños en escuelas, centros sanitarios y edificios gubernamentales. También se registraron olas de tsunami y más de 200 réplicas.
Indonesia forma parte del denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, donde se concentra aproximadamente el 90 % de los terremotos registrados en el planeta.
Granada también tiembla
Horas después, Europa registró otro episodio que atrajo la atención internacional.
Un terremoto de magnitud 5 con epicentro en Alhendín, Granada, sacudió durante la madrugada de este sábado buena parte de Andalucía y se sintió también en otras regiones españolas.
El Instituto Geográfico Nacional de España confirmó el movimiento, que tuvo escasa profundidad y fue seguido por numerosas réplicas.
El terremoto provocó desprendimientos, daños en fachadas, tejados y vehículos, además de evacuaciones preventivas, pero no se han registrado muertos ni heridos.
¿Por qué están ocurriendo tantos terremotos?
La aparente concentración de grandes terremotos puede generar la impresión de que está ocurriendo algo excepcional en el interior de la Tierra. Pero los científicos insisten en que deben distinguirse dos fenómenos: la actividad sísmica normal del planeta y las secuencias relacionadas directamente con un mismo terremoto.
Los terremotos se producen principalmente por el movimiento constante de las placas tectónicas, enormes fragmentos de la corteza terrestre que se desplazan lentamente unos respecto de otros.
En sus límites, las placas pueden chocar, separarse o deslizarse lateralmente. La fricción puede impedir temporalmente el movimiento, provocando una acumulación progresiva de tensión. Cuando las rocas ya no soportan esa presión, la falla se rompe súbitamente y libera energía en forma de ondas sísmicas.
El USGS explica que esas ondas se propagan desde la zona de ruptura y provocan las vibraciones que percibimos como un terremoto.
El planeta siempre está temblando
Una de las razones por las que una sucesión como la actual parece excepcional es que la mayoría de las personas solo conoce los terremotos que provocan grandes daños.
En realidad, la Tierra registra actividad sísmica permanentemente.
El USGS estima que cada año ocurren aproximadamente 500.000 terremotos detectables en el planeta. Alrededor de 100.000 son percibidos por personas y cerca de 100 provocan daños.
Por eso, varios terremotos importantes pueden ocurrir con pocos días o semanas de diferencia sin que necesariamente exista una conexión entre ellos.
¿Puede un terremoto provocar otro a miles de kilómetros?
La respuesta científica es más compleja.
El USGS reconoce que los grandes terremotos pueden, en determinadas circunstancias, desencadenar actividad sísmica en zonas distantes mediante un fenómeno denominado transferencia dinámica de esfuerzos.
Las ondas de un terremoto importante viajan por todo el planeta y pueden alterar temporalmente las tensiones sobre fallas que ya estaban próximas a romperse.
Sin embargo, estos efectos se observan principalmente como pequeños terremotos o cambios de actividad en zonas tectónicamente vulnerables.
La evidencia disponible no demuestra que grandes terremotos separados por miles de kilómetros desencadenen habitualmente otros grandes terremotos. Estudios científicos citados por el propio USGS señalan que esa relación para terremotos destructivos distantes continúa sin estar demostrada de forma general.
Por tanto, no existe actualmente evidencia científica que permita afirmar que los terremotos de Venezuela causaron los de México, Perú, Colombia, Indonesia o España.
Colombia y Venezuela tampoco tienen necesariamente una relación directa
La proximidad geográfica entre Venezuela y Colombia ha provocado particular preocupación.
Ambos países se encuentran en una compleja zona de interacción de placas tectónicas y sistemas de fallas, pero los terremotos recientes presentan características distintas.
Según especialistas citados por Reuters, el terremoto colombiano estuvo relacionado con procesos tectónicos profundos asociados a la placa de Nazca y la placa Sudamericana, mientras los terremotos venezolanos fueron eventos mucho más superficiales dentro de otro sistema tectónico.
Que hayan ocurrido con apenas unas siete semanas de diferencia no constituye por sí mismo prueba de una relación causal.
No hay evidencias de que estén aumentando los terremotos
El propio USGS aborda directamente una pregunta frecuente después de períodos como el actual: “¿Por qué estamos teniendo tantos terremotos?”
La institución científica estadounidense señala que los aumentos y disminuciones temporales forman parte de las fluctuaciones normales de la actividad sísmica mundial y que una concentración temporal de movimientos no significa que se aproxime un terremoto mayor.
Además, actualmente se detectan muchos más movimientos que décadas atrás debido a la expansión y precisión de las redes de sismógrafos, comunicaciones digitales y sistemas automáticos de monitoreo. El aumento en los registros no necesariamente significa que estén ocurriendo más terremotos.
Tampoco pueden predecirse
Otra advertencia científica importante es que los terremotos no pueden ser predichos con exactitud.
Los especialistas pueden identificar fallas peligrosas, establecer probabilidades de ocurrencia a largo plazo y determinar cuáles regiones tienen mayor riesgo, pero no pueden anunciar con precisión el día, la hora y la magnitud del próximo terremoto.
El USGS afirma que ningún método científico disponible permite actualmente predecir un terremoto de esa manera.
¿Por qué unos terremotos matan miles y otros ninguno?
Los acontecimientos ocurridos desde junio ofrecen ejemplos particularmente claros.
El terremoto de México fue de magnitud 7,3 y no dejó muertos, mientras el movimiento de magnitud cercana a 5,1 en Perú causó seis fallecimientos.
La diferencia está relacionada con factores como profundidad, proximidad a zonas pobladas, tipo de suelo, calidad de las construcciones, densidad urbana, deslizamientos, capacidad de respuesta y cumplimiento de normas antisísmicas.
Reuters destaca que países con estrictas normas de construcción, como Chile o Japón, pueden soportar movimientos muy fuertes con daños relativamente limitados, mientras regiones con edificaciones informales o vulnerables pueden sufrir pérdidas importantes incluso con terremotos menores.
En consecuencia, la sucesión de terremotos ocurrida desde finales de junio es extraordinariamente visible por haber incluido varios movimientos fuertes y dos grandes catástrofes humanas, Venezuela y Colombia. Pero la ciencia no ha encontrado hasta ahora una señal que indique que el planeta haya entrado en una etapa anormal de terremotos ni que todos estos eventos estén conectados entre sí.
Lo que sí vuelve a confirmar esta cadena de desastres es que una gran parte de América Latina, el Pacífico asiático y el Mediterráneo se encuentra sobre regiones tectónicamente activas, y que la diferencia entre un terremoto fuerte y una catástrofe con miles de muertos depende, en gran medida, de la preparación de las sociedades y de la resistencia de sus infraestructuras.
