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sábado, 5 de septiembre de 2026
Paliza y Carolina: Soldados de las victorias

Paliza y Carolina: Soldados de las victorias

·5 de septiembre de 2026·5

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Por Eduardo Sanz Lovatón (Yayo)

Este domingo el PRM proclama a sus nuevas autoridades. Antes de que eso ocurra, quiero recordar cómo llegamos hasta aquí.

El PRM había sido fundado primero en contra de un Estado, con cuchumil sentencias vertidas con el más absurdo criterio jurídico que nadie pudiera imaginar. En aquel Tribunal Superior Electoral debatíamos la mayoría de un antiguo PRD, y el tiempo nos dio la razón. De esas escalinatas cerca del Centro de los Héroes salimos exhaustos a fundar un partido que nos permitiera expresar mayorías.

Sus primeros directivos fueron Andrés Bautista y Jesús Vázquez. Los acompañamos en esa primera dirección política, unos pocos. Cumbres entre nosotros, don Hipólito y Luis. Además de quien esto escribe, estaba Orlando Jorge, siempre fiel anotador de actas y compromisos. Como hoy lo hace Sigmund Freund. Un Pacheco, ya líder fundamental. Aquellas historias de don Vicente. Las mujeres presentes con doña Milagros, doña Ivelisse, Yadhira, Geanilda, entre otras. Todavía no se enfermaba Ana María. Nos juntábamos siempre en la Bolívar, en lo que era el Instituto Peña Gómez. De esa génesis surgió lo que es hoy una organización fundamental, no ya de nuestra tierra, sino de toda América, en estas épocas en que el populismo pretende arrebatar de la política el medio para gobernar.

Unos cuatro años después de esos inicios, el PRM se preparaba para el poder. Ya habíamos perdido en 2016. Ya eran visibles las posibilidades de Luis. Nos preparamos para renovar el partido. Aspiraban en ese momento muchos. Nos reunimos en casa de Luis. Recuerdo a Alfredo Pacheco, Roberto Fulcar, Luis Valdez, Deligne Ascención, Antoliano y otros. Debatíamos las posibilidades de que Andrés y Chu continuaran. Todos, y más Luis, confirmaban sus méritos. Se hablaba de convención o de consenso.

Cada actor de entonces tendrá su versión y, como suele ocurrir, todas serán ciertas en alguna dimensión. Aquí contaré algo que recuerdo. Hubo unas conversaciones en Madrid. Y hubo una, en Unicentro Plaza, que dejaré para la historia y para una de las participantes de esas conversaciones. En fin, se trataba de pactar la competencia. Se mencionaban muchas fórmulas. Hasta que, ¡eureka!, creímos llegar a una especie de consenso. Alfredo Pacheco lo recuerda bien: a él le tocó defender esa fórmula. Recuerdo haber llamado a José Ignacio para que cambiara su inscripción de secretario general a presidente. Recuerdo cómo lo de Carolina sorprendía y alegraba, pues era la marca de la unidad. La mayoría de los que estábamos con Luis veíamos en ese acuerdo un sello de madurez que anunciaba los compromisos futuros.

Frente a la imposibilidad del consenso, fuimos a los votos. Carolina y José ganaron. Andrés y Chu no solo compitieron con dignidad, sino que nos hicieron más fuertes a todos. Al admitir su participación, crecimos, y ellos ganaron también.

Así arrancó esa segunda dirección del PRM. Luego estos dos jóvenes, quizás sin tanta experiencia en lides partidarias, como hoy algunos señalan a Juan y a Gloria, salieron a trabajar. El ánimo de ellos dos entusiasmó. Carolina fue crucial en la integración del sector que lideraba su papá. José fue magistral en los trabajos de las candidaturas en los pueblos. La hermandad entre el partido y la candidatura de Luis era motivadora. Así, con la fuerza del entonces alcalde de la capital, David, se anunciaban victorias. Ellos dos supieron administrar vanidades, ambiciones y legítimas aspiraciones sin sobresaltos.

Lo sé. Fui, a propuesta de ellos dos, secretario de Finanzas. En especial de Carolina, que me terminó de convencer. Así administramos los recursos del partido sin un sí ni un no. Sin una queja. Ni ellos ni Luis me desautorizaron nunca. Nunca dispusieron de un centavo sin coordinarlo entre todos. Por eso siempre les estaré agradecido. Nada es más halagador que la confianza.

¿Diferencias? Las hubo, las tenemos y las tendremos. Pero si el pasado es un preludio, sabremos pactar, ceder, perdonar y seguir sirviendo. Recuerdo, en esos días, en una casa de la Ciudad Colonial donde debatíamos algo muy serio Aníbal, David y yo, cómo tanto Carolina como José llamaban y buscaban unidad. Esas luchas y sustos deben recordarse para que, con otras ropas y otros nombres, puedan repetirse.

Hoy, como dominicano y como miembro del gobierno, reconozco en estas dos figuras un ejercicio genial de liderazgo. Ambos, por su juventud, tendrán más que ofrecer. Aspiro a poder disfrutarlos y verlos siempre. Hoy que traspasan la dirección a Luis, Gloria, Juan y Deligne, puedo decir con fuerza que todos ellos no tienen mejor ejemplo que lo que han hecho Carolina Mejía y José Ignacio Paliza. Y que mañana, cuando tengamos candidato o candidata, se llame David, como yo creo que será, o se llame Carolina, Wellington, Guido o Tony, esos candidatos tendrán en esas direcciones que ganaron en 2020 y en 2024 una pauta que seguir.

Así como Luis, desde el gobierno que ellos ayudaron a instalar, ya transformó esta sociedad y ahora construye un legado que nos tocará defender, hoy debemos decir gracias, José, y gracias, Caro.

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