La Propuesta Digital
jueves, 27 de agosto de 2026
Petróleo, aluminio y fertilizantes contradicen afirmación de Trump de que EEUU no necesita a Canadá

Petróleo, aluminio y fertilizantes contradicen afirmación de Trump de que EEUU no necesita a Canadá

·26 de agosto de 2026·6

¿Te gustó esta noticia? Compártela:

Compartir:
WhatsAppFacebookXLinkedIn
AdSense — horizontal

TORONTO, 26 agosto.– El presidente Donald Trump sostiene que Estados Unidos no necesita a Canadá, pero las cifras comerciales y el funcionamiento de sectores esenciales de la economía estadounidense muestran una realidad distinta: cada día, alrededor de cuatro millones de barriles de crudo canadiense cruzan la frontera para abastecer automóviles, camiones, aviones y plantas industriales.

El petróleo representa solamente una parte de la relación. Canadá también suministra aluminio, fertilizantes de potasa y piezas destinadas a una industria automotriz integrada a ambos lados de la frontera.

“¡No necesitamos a Canadá, ellos nos necesitan a nosotros!”, publicó Trump esta semana, al reiterar una afirmación que ha utilizado frecuentemente durante sus disputas con el vecino del norte.

Sin embargo, el mandatario impuso un arancel de 50 % al aluminio canadiense al mismo tiempo que reconoció públicamente la fuerte necesidad estadounidense de contar con ese metal. Trump admitió que Estados Unidos no produce suficiente aluminio y que recibe la mayor parte de Canadá.

La contradicción evidencia el grado de integración entre las dos economías y los riesgos que supondría extender la guerra comercial a los sectores energéticos, los materiales y las cadenas de suministro en las que Estados Unidos continúa dependiendo de la producción canadiense.

Canadá abastece a la industria estadounidense

Canadá es el segundo socio comercial más importante de Estados Unidos, después de México, y el sector energético ocupa un lugar central en esa relación.

Durante el año pasado, ambos países intercambiaron aproximadamente 872,000 millones de dólares en bienes y servicios. Las importaciones de crudo canadiense equivalen a cerca de 20 % del consumo total de petróleo de Estados Unidos, según la Administración de Información Energética, organismo perteneciente al Departamento de Energía estadounidense.

Daniel Béland, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad McGill, consideró “absolutamente falsa” la afirmación de Trump de que Estados Unidos no necesita a Canadá.

El académico citó como ejemplos la dependencia estadounidense del petróleo y el gas natural canadienses, además de la estrecha integración de industrias como la automotriz.

Una gran parte del crudo procedente de Canadá es enviada a refinerías del medio oeste estadounidense diseñadas específicamente para procesar petróleo pesado y convertirlo en gasolina, diésel y combustible para aviones.

La energía también explica una parte considerable del déficit comercial de Estados Unidos con Canadá, una cifra que Trump suele presentar como evidencia de una relación económica injusta.

Esta semana, la Casa Blanca describió el vínculo en términos negativos y aseguró que Canadá se había beneficiado de Estados Unidos en alrededor de 50,000 millones de dólares anuales durante la última década.

Sin embargo, una parte importante de esa diferencia corresponde a las compras estadounidenses de energía canadiense, utilizada para mantener en funcionamiento la economía del país. Además, el crudo pesado de Canadá suele venderse por debajo del precio del petróleo estadounidense de referencia, según datos oficiales.

Las importaciones energéticas superaron por sí solas el déficit estadounidense de 48,300 millones de dólares en el comercio de mercancías con Canadá durante el año pasado. Sin contabilizar la energía, Estados Unidos habría registrado un superávit comercial.

Tras el fracaso de las negociaciones comerciales el viernes pasado, Washington impuso aranceles de 50 % sobre aproximadamente 20,000 millones de dólares en productos canadienses.

Las nuevas medidas afectan solamente alrededor de 5 % de las exportaciones de Canadá hacia Estados Unidos y excluyen, por el momento, al sector energético.

Debate sobre el uso de la energía como instrumento de presión

La posibilidad de utilizar las exportaciones de petróleo como represalia dentro de las negociaciones comerciales sigue siendo remota debido a las consecuencias económicas que tendría para los propios productores canadienses.

La primera ministra de Alberta, Danielle Smith, rechazó categóricamente emplear el petróleo como instrumento de presión. Aseguró que no podía imaginar una decisión más desastrosa que suspender o gravar las exportaciones de crudo de su provincia hacia Estados Unidos, pues podría causar daños considerables a la economía canadiense.

El ex primer ministro de Alberta Jason Kenney, en cambio, sostuvo que Canadá no debería descartar la aplicación de impuestos a las exportaciones de petróleo, combustibles o potasa si Trump decide intensificar el conflicto.

Kenney señaló que una represalia de ese tipo afectaría a votantes republicanos que conducen camionetas Ford F-150 y utilizan fertilizantes en sus campos agrícolas.

También advirtió que una nueva escalada comercial podría perjudicar a la economía estadounidense a solo dos meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato.

El primer ministro de Ontario, Doug Ford, afirmó que los productos básicos canadienses pueden utilizarse como mecanismo de presión y acusó a Trump de difundir información falsa al sostener que Estados Unidos no necesita a Canadá.

Ford describió la potasa utilizada por los agricultores estadounidenses como una de las herramientas más poderosas de su país. Según el dirigente provincial, Washington tendría que buscar proveedores alternativos, entre ellos Rusia, si Canadá decidiera redirigir sus envíos.

El primer ministro de Saskatchewan, Scott Moe, rechazó esa estrategia y aseguró que su provincia no puede ni apoyará impuestos sobre las exportaciones de recursos naturales.

Moe indicó que Saskatchewan se encamina a suministrar cerca de la mitad de la potasa consumida en el mundo. Advirtió que gravar las exportaciones podría eliminar empleos canadienses, elevar los precios de los fertilizantes y empujar a los compradores estadounidenses hacia productores como Bielorrusia.

A su juicio, esa medida constituiría una política profundamente equivocada para Canadá.

Moe respalda, en cambio, una represalia más selectiva. Saskatchewan, una de las dos únicas provincias que no había retirado de sus tiendas las bebidas alcohólicas estadounidenses existentes, aplicará un recargo recíproco de 50 % a esos productos a partir del 8 de septiembre.

Kenney tampoco llegó a pedir directamente un impuesto a las exportaciones de crudo. Béland señaló que una medida de esa naturaleza probablemente generaría profundas divisiones políticas en provincias productoras como Alberta y Saskatchewan.

El debate muestra los límites de la capacidad canadiense para responder: las medidas diseñadas para perjudicar a las industrias de Estados Unidos también podrían afectar a los productores de Canadá y debilitar la unidad política interna.

Dependencia desde las camionetas hasta los campos agrícolas

Canadá ha sido durante décadas la principal fuente extranjera de aluminio para Estados Unidos. La fundición de ese metal requiere enormes cantidades de electricidad, lo que proporciona una ventaja importante a Canadá debido a su abundante generación hidroeléctrica.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, afirmó ante empresarios en Nueva York, durante un encuentro celebrado en mayo, que las exportaciones de aluminio canadiense hacia Estados Unidos representan el equivalente energético de diez represas Hoover.

La dependencia es aún mayor en el sector agrícola. Más de 80 % de las importaciones estadounidenses de potasa procede de Canadá. Este fertilizante es indispensable para el cultivo de productos como maíz y soja.

Incluso el embajador de Trump en Canadá, Pete Hoekstra, ha cuestionado la idea de que Estados Unidos no necesita ningún producto de su vecino.

Hoekstra reconoció en junio que existen numerosas áreas en las que su país tiene necesidades importantes y mencionó expresamente el suministro canadiense de potasa.

Industria automotriz integrada

La industria de vehículos constituye otro ejemplo de la estrecha relación económica. Canadá y Estados Unidos han desarrollado un sistema de producción integrado en el que determinadas piezas pueden cruzar la frontera hasta seis veces antes de completar el ensamblaje final, según el Gobierno canadiense.

Trump anunció el lunes que su administración impondrá aranceles de 50 % a automóviles, camiones y componentes canadienses a partir del 1 de enero de 2027, después de las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre.

Debido a la integración de las cadenas de suministro, un impuesto dirigido contra Canadá puede terminar afectando a estados industriales como Michigan y Ohio.

Si Washington grava el aluminio canadiense, los fabricantes estadounidenses podrían pagar más por el metal. Si aplica impuestos a las piezas, también podría aumentar el costo de ensamblar un vehículo dentro de Estados Unidos.

La inteligencia artificial demanda electricidad canadiense

El rápido desarrollo de la inteligencia artificial está provocando un fuerte incremento en la demanda de electricidad, otro sector en el que Canadá desempeña un papel relevante para Estados Unidos.

Canadá aportó 85 % de todas las importaciones estadounidenses de electricidad durante 2023, según el Regulador de Energía canadiense.

Carney considera que su país deberá duplicar la capacidad de su red eléctrica antes de 2050 mediante grandes proyectos hidroeléctricos y nucleares.

El primer ministro sostiene que esa ampliación permitiría a Canadá ayudar a Estados Unidos a satisfacer el acelerado crecimiento de la demanda energética generado por los sistemas y centros de datos de inteligencia artificial.

Con información de The Associated Press.

AdSense — horizontal