
¿Por qué surgen los outsiders?
Francisco S. Cruz
Los outsider -como ente o fenómeno sociopolítico- no surgen de la nada ni siguen un canon político, social, cultural, ideológico o intelectual específico, sino que surgen, básicamente, de una situación sociopolítica concreta: la crisis de los partidos, de los liderazgos tradicionales y, sobre todo, del descrédito público-ciudadano de los políticos o la clase política. Y tal descrédito es universal aunque varia de continente en continente.
Todo lo anterior describe o explica la raíz-génesis del fenómeno. Ahora bien, el fenómeno, creo, no debe ser condicionado, para surgir y convertirse en realidad, a una serie de prerrequisitos a rajatablas (casos concretos: Bukele, Trump, Macron, Espriella, entre otros), pues el fenómeno, al surgir de un hartazgo-crisis, puede ser encarnado por un actor equis que se encarama en una ola o coyuntura de ruptura. ¿O acaso, el fenómeno Javier Milei, en Argentina, no fue catapultado por una legión de jóvenes internautas? Esto, independientemente de la formación académica-intelectual de Milei, hizo posible su llegada al poder, ¿cierto o no? La diferencia, sólo podrá verificarse una vez el fenómeno se instala y empieza a ejercer. Es decir, si luego resulta un fiasco, algo más o menos aceptable; o peor, un desastre que en tal caso podría llevar a un país a un colapso total. Sin embargo, ello no implicaría una ausencia o vacío de poder, como razonaba el periodista y diplomático, don Virgilio Alcántara -quien fuera mi jefe, amigo y maestro-, pues, en su lógica cierta, cuando solía hablar sobre el tema, sostenía que, nunca hay vacío o ausencia de poder (Haití es la prueba mas fehaciente, agregamos nosotros).
Es más: en los países donde los sistemas de partidos tradicionales se fueron a piques -Venezuela fue y es el ejemplo más catastrófico o gráfico-; y los que están en vía, como el nuestro, se van conformando bolsones de “clientes”, abstención ciudadana altísima y no faltan asesores de marketing político en hacer andar y triunfar a un carajo a la vela con recursos -dineros y medios de difusión masiva como las redes sociales-. Para ello, tenemos, y entre nosotros, al Satanás (ahora angelito), como, en algún momento, le llamó el vate Andres L. Mateo, Mauricio de Vengoeche
De modo que, no necesariamente un outsider necesita, como prerequisitos sine qua non formación profesional, intelectual o académica ni un partido detrás, pues los partidos de “clientes” y transeúntes existen. De más lógica científica-sociológica resultaría prestarle atención al actor -por ejemplo, Gonzalo Castillo, aunque está inscrito en el PLD, mucha gente lo percibe como nada político- y razonar si están dadas las condiciones sociopolíticas y ciudadanas para que surja un outsider (ahí puede suceder el evento). En mi opinión, en nuestro país están dadas todas las condiciones para que el fenómeno, tarde o temprano (2028 o 2032) sea una realidad (a menos, que la clase política -y no pocos empresarios- dejen de ver la administración pública, valga más categórico-histórico el Estado, como un botín para hacer aculamulación rápida de riquezas). Creerlo imposible o descartar a cualquier actor -por soez, sin partido o, bajo el criterio peyorativo de otros, dizque analfabeto funcional- no borra la posibilidad. En fin, no tienen que darse, necesariamente, esos prerrequisitos -experiencia política, nivel profesional, intelectual, etcétera- ya señalados, para que surja un outsider. Bastan dos causales: la situación de hartazgo-crisis sociopolítica (que sí es obligatoria o sine quo non) y el actor oportuno. ¡Más nada!
Fuente: El Caribe
