
Probables cambios en nuestra dependencia geopolítica
Por Bernardo Vega
Durante los últimos 65 años nuestra economía ha podido prosperar en parte debido a la ausencia de competencia proveniente de dos economías cercanas, Cuba y Haití, pero eso bien puede cambiar próximamente.
Cuba gozaba de un gran auge turístico después de la Segunda Guerra Mundial y hasta su Revolución. Si allí ocurren cambios políticos que permitan a la empresa privada manejar al sector turístico, es indudable que representará una competencia aún mayor que la que hoy día enfrentamos con la Península de Yucatán de México. También, en un ambiente democrático sufriríamos una fuerte competencia en las zonas francas, pues en ese país no solo es el salario inferior al nuestro, sino que su mano de obra es mucho más educada, por lo que, al crearse sus zonas francas, pues hoy no existen, competirían tanto con nuestros textiles de zonas francas mano de obra intensivos como con nuestras zonas francas de alta tecnología, como la de Itabo.
Haití tuvo mucho turismo después de la Segunda Guerra Mundial, coincidiendo con una República Dominicana donde la dictadura de Trujillo lo desestimulaba. De cambiar la situación política en Haití y si surge de nuevo un ambiente positivo para el turismo, este representaría una competencia para nuestro país, aunque también podríamos aprovechar la situación para estimular un turismo que abarque la isla entera, enfatizando los contrastes culturales y económicos entre los dos países.
Hace 40 años existía mucho más mano de obra en las zonas francas haitianas que en las nuestras. Vista la experiencia de CODEVI, las nuevas zonas francas haitianas tendrían costos muy inferiores a las nuestras. Un aspecto positivo sería que con estabilidad política en Haití esta promovería el retorno de haitianos desde nuestro país a su propia patria.
Por otro lado, nuestra geopolítica de hoy depende mucho de lo que está pasando en el Estrecho de Ormuz y de los pronunciamientos del presidente Trump ya que un 75% de la energía que consumimos es importada. Nuestras pérdidas en la generación de luz y en la venta de combustibles, consecuencia del poco cobro de la luz y del subsidio tanto a la luz como a los combustibles, contribuyen al fuerte déficit de nuestro presupuesto y existen límites al deseo del resto del mundo de seguir comprando nuestros bonos para financiar ese déficit. La solución a nuestra dependencia energética está en la energía no renovable, en las fincas de paneles solares. Ya en España más de la mitad de su energía proviene de fuentes no renovables y México pretende en pocos años llegar a un 35%.
Nuestro objetivo esencial debe ser pasar del actual 25% a por lo menos un 40% de dependencia en sol, viento y presas hidroeléctricas. Debemos estimular la inversión extranjera, incluyendo hasta la china, en fincas de paneles solares aprovechando los terrenos llanos y de poco uso alternativo agrícola pertenecientes al Estado y que ayer eran del CEA. En esas fincas nuestro Estado sería accionista a través del aporte de los terrenos.
Uno de los grandes obstáculos a poder seguir creciendo está representado por el aumento en 203,735 personas en la nómina pública en los últimos diez años, un crecimiento de un extraordinario 35.4%. Ya el espacio en las oficinas públicas no alcanza para recibir a tantos empleados, por lo que el gobierno está alquilando “huacales privados” para alojarlos y, no es cierto que la eficiencia del sector público ha aumentado un 35% en los últimos diez años. La digitalización y la Inteligencia Artificial deben ayudar a reducir nuestra nómina, pues entre los intereses de nuestra deuda, esa enorme nómina y los déficits presupuestales, prácticamente no hay recursos para invertir. Mientras durante los gobiernos de Joaquín Balaguer un 50% del presupuesto se iba en inversión, hoy apenas llega a un 1% o 3%. Para colmo, se anuncian nuevas obras públicas no prioritarias como una autopista del Ámbar que apenas reduciría en algunos minutos el tiempo para llegar de Santiago a Puerto Plata, en vez de invertir en la educación, la salud, la policía y, por supuesto, reduciendo la corrupción.
