Opinión

Productividad, informalidad y precariedad laboral

Por Juan Temístocles Montás

El Banco Central de la República Dominicana dio a conocer la semana pasada que la economía dominicana registró un aumento interanual de 118,631 nuevos empleos durante el primer trimestre de 2026. Sin embargo, de esa cantidad, apenas 20,504 trabajadores —equivalentes al 17.3% del total creado— correspondieron a empleos formales. Es decir, los restantes 98,127 trabajadores, el 82.7%, engrosaron el sector informal.

Lo primero que reflejan estos datos es que la economía está creando ocupación, pero no necesariamente empleos de calidad. El crecimiento económico actual parece estar descansando en actividades de baja productividad, como el comercio minorista, transporte informal, motoconcho, microservicios, construcción informal, pequeños talleres, ventas ambulantes, etc.

En esos sectores, el capital por trabajador suele ser muy bajo, la incorporación tecnológica limitada y la capacidad de innovación reducida. La consecuencia es una productividad marginal pequeña, que empuja hacia relaciones laborales informales.

Esto lo confirma The Conference Board, centro de investigacion de alto nivel, que da cuenta de que la productividad total de los factores (PTF) de la República Dominicana ha sido negativa desde 2021. La PTF mide qué tan eficientemente una economía combina capital, trabajo, tecnología, organización e instituciones para generar producción. Cuando la PTF aumenta, significa que la economía produce más con los mismos recursos; cuando es negativa, ocurre lo contrario.

El deterioro de la productividad está intimamente relacionado al elevado nivel de informalidad de la economía dominicana. Y el hecho de que la PTF haya sido negativa desde 2021 resulta particularmente preocupante porque coincide con un período en el que la inversión total del país —la formación bruta de capital fijo (FBCF)— ha sido relativamente elevada, por encima del 25% del PIB. Esto sugiere que el problema dominicano no es únicamente la falta de inversión, sino la baja eficiencia de esa inversión.

No obstante, sería incorrecto atribuir toda la informalidad exclusivamente a la caída de la productividad. También influyen otros factores estructurales, como la complejidad tributaria, la debilidad institucional, los costos de formalización, la baja calidad educativa, la escasa capacitación técnica, la limitada innovación empresarial, la reducida profundidad financiera, los problemas del sistema eléctrico y la débil articulación entre grandes empresas y mipymes.

Los datos del Banco Central muestran cómo el mercado laboral está funcionando como una “válvula de escape” frente a una economía que no crece con suficiente dinamismo. Cuando el crecimiento económico es fuerte y sostenido, normalmente aumenta el empleo formal, porque las empresas expanden inversiones, producción y capacidad instalada. En cambio, cuando el crecimiento es débil o incierto, muchas personas terminan autoempleándose o incorporándose a actividades informales para sobrevivir.

Esto resulta particularmente relevante en el contexto reciente de la economía dominicana. En 2025, el crecimiento económico se desaceleró significativamente, situándose alrededor de 2.1%, muy por debajo del promedio histórico del país. En ese escenario, el hecho de que la mayor parte del empleo creado provenga del sector informal debe interpretarse más como una señal de debilidad estructural que de fortaleza económica.

Los datos del Banco Central también ayudan a explicar por qué la poblacion percibe que “la economía no mejora”, aun cuando las estadísticas oficiales muestran crecimiento y aumento de la ocupación. El empleo informal suele asociarse a bajos salarios, inestabilidad laboral, ausencia de seguridad social, falta de protección frente enfermedades o desempleo y limitada capacidad de ahorro.

El predominio de la informalidad limita, además, el potencial de crecimiento del país. Una economía con alta informalidad recauda menos impuestos, reduce la productividad, dificulta financiar la seguridad social y reduce la capacidad del Estado para invertir en infraestructura, educación y salud. Se crea así un círculo vicioso: la baja productividad alimenta la informalidad y la informalidad, a su vez, dificulta elevar la productividad.

Lo que está ocurriendo en el mercado laboral dominicano tiene profundas implicaciones para la política económica. Si el problema central radica en la productividad, combatir la informalidad únicamente mediante inspecciones, sanciones o reformas laborales tendrá resultados limitados. La formalización sostenible requiere elevar la productividad de empresas y trabajadores.

Eso implica avanzar en educación y capacitación técnica, digitalización, infraestructura, reducción de costos logísticos y energéticos, innovación, financiamiento productivo y fortalecimiento institucional, así como en una mayor integración en cadenas de valor de más sofisticación.

En definitiva, la informalidad no se reduce de manera duradera por decreto. Solo disminuye cuando la productividad hace viable la formalidad.

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