Publicidad oficial: enemiga de políticos
Por Nelson Encarnación
Durante los últimos años la publicidad gubernamental ha sido el tema obligado de los dirigentes políticos cuando quieren enrostrar a la administración de turno incurrir en dispendio, por lo que resulta en el primer capítulo que se reclama sea eliminado o reducido a la mínima expresión.
Ha sido una conducta recurrente en el pasado distante, el pasado reciente y el presente, lo que da la impresión de que los dirigentes políticos—en la oposición, lógicamente—ven la publicidad estatal como un enemigo al que hay que combatir por todos los medios.
No se detienen a calcular que los más beneficiados de la masiva existencia de medios son precisamente los opositores, porque la administración tiene mil maneras de ocupar espacios, por lo que, la desaparición de estas tribunas por la existencia de bajar la inversión publicitaria equivale a pegarse un tiro en ambos pies.
El hecho concreto es que el debe que tiene lugar ahora mismo es una reiteración, donde solo se invierten los papeles ocupados por quien gobierna en la actualidad o quien gobernaba en aquellos pasados.
Sin embargo, hay algo que yo quiero resaltar en medio del juego de subterfugios en que envuelven el presupuesto publicitario, y que ignoro por qué a quienes corresponda no ponen las cosas en su lugar.
A lo que me refiero es que el satanizado capítulo de la publicidad oficial incluye el monto destinado a la promoción del país en el exterior y que es manejado por el Ministerio de Turismo.
Si analizamos el renglón completo de estas partidas en la Dirección General de Presupuesto, encontraremos que el monto asignado a este capítulo y el resto de la publicidad estatal son casi idénticos.
¿O también vamos a reclamar que se reduzca esta partida, en momentos en que el turismo está en auge, a pesar de los conflictos geopolíticos que tienden a impactar negativamente la movilidad de los vacacionistas?
Si es eso lo que queremos, vamos a dejar que el país se promocione solo y que el crecimiento de la llegada de visitantes—que tanto deseamos y alabamos—se produzca de manera vegetativa.
Contrario a esa eventualidad, lo que procede es aumentar el presupuesto para la promoción del país en el exterior, pues nos sentimos muy agradados cuando conocemos las impresionantes estadísticas sobre la llegada de visitantes.
