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miércoles, 2 de septiembre de 2026
¿Puede RD duplicar su economía para el 2036?

¿Puede RD duplicar su economía para el 2036?

·2 de septiembre de 2026·4

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Por Haivanjoe Ng Cortiñas

La República Dominicana se ha planteado una meta ambiciosa: duplicar el PIB de US$124,598 millones a US$249,196 millones y elevar el PIB per cápita desde aproximadamente US$11,541 hasta unos US$23,082 del 2025 al 2036. Para ello, Meta RD 2036 plantea como referencia un crecimiento económico sostenido cercano al 6% anual.

La meta es posible. Pero la trayectoria reciente y, sobre todo, la capacidad productiva actual hace que alcanzarla sea más exigente de lo que sugería la aritmética y aspiración oficial. Hay, además, un aspecto importante: duplicar el PIB real no equivale automáticamente a duplicar el PIB per cápita real ni a duplicar el ingreso per cápita, porque cada uno responde a variables y consideraciones diferentes.

La aritmética del PIB cambió. Como ejercicio comprensivo, tomemos el 2024 como año base y asignemos al tamaño de la economía un valor de 100. La economía dominicana creció 5% en el 2024, pero el crecimiento se desaceleró a un 2.1% al año siguiente, esto es, en el 2025. Luego en el 2026, el desempeño económico ha mejorado: el PIB/IMAE acumuló un crecimiento de un 4.5% durante enero-julio, mientras junio registró una expansión interanual de un 6.4%.

Suponiendo que 2026 termina creciendo un 4% o 4.5%, como proyectan al menos la CEPAL y el Banco Central, el índice del PIB llegaría aproximadamente a 106.2. Para alcanzar un valor de 200 en el 2036, desde ese nivel habría que crecer alrededor de un 6.5% anual durante los diez años comprendidos entre 2027 y 2036.

Esto significa que, después de dos años de crecimiento por debajo del 6%, ya no bastaría con mantener simplemente el 6% anual durante el resto del período; entonces, la aritmética para cumplir la meta se ha vuelto más exigente.

Si el objetivo se interpreta como duplicar también el PIB per cápita real, la exigencia es todavía mayor. Con un crecimiento poblacional cercano a un 0.8% anual, el PIB tendría que crecer, ya no en un 6%, sino aproximadamente en un 7.3%-7.4% anual, para que la producción por habitante pudiera duplicarse en el período.

Lo que implica que ya no es únicamente si la economía puede crecer al 6%. El desafío y lo relevante sería si la economía está en capacidad de elevar su potencial de crecimiento hasta un 6.5%-7.4% y sostenerla durante la mayoría de los años de la próxima década, con miras al 2036, año para cumplir la meta.

El principal desafío se constituye entonces en el crecimiento potencial. Conforme a estudios conocidos en el país, la estimación del trabajo potencial sitúa actualmente el crecimiento de la economía dominicana en alrededor de un 4.5%-5%. Eso genera una brecha considerable respecto al crecimiento que ahora sería necesario para recuperar la trayectoria de duplicación del PIB.

Si el crecimiento requerido se aproxima a 6.5%, habría que cerrar una brecha de alrededor de 1.5-2 puntos porcentuales respecto al PIB potencial. Y si el objetivo fuera duplicar el PIB per cápita real, la brecha sería aún mayor y podría acercarse a 3 puntos porcentuales.

Este desafío es, la cuestión económica central de la Meta RD 2036. No basta con preguntarnos cuánto queremos crecer, pues puede ser más publicitario o irrealizable, ante el desvío que ya presentan los años 2025 y lo que va del 2026 con relación a la meta de un 6% para alcanzar la del 2026.Tenemos que preguntarnos también cuánto podemos crecer de manera sostenida sin generar desequilibrios macroeconómicos.

El crecimiento económico puede provenir de una mayor utilización del trabajo, de más capital y de aumentos de productividad. Pero ninguno de esos factores puede expandirse indefinidamente, especialmente por algunas de las restricciones que imperan.

La población tiene una dinámica demográfica propia. La inversión requiere ahorro, financiamiento y calidad del gasto público, especialmente por su efecto arrastre. Y el endeudamiento público tiene límites determinados por la capacidad fiscal del Estado.

Por eso, si el gobierno dominicano pretende sostener durante una década tasas de crecimiento superiores al 6%, la productividad tendrá que desempeñar un papel mucho mayor. Educación, capacitación laboral, innovación, tecnología, infraestructura, calidad institucional, eficiencia empresarial y reducción de los costos de transacción dejan de ser asuntos complementarios.

Los referidos factores se convierten en condiciones para alcanzar la meta. La propia estrategia de la Meta RD 2036 reconoce la necesidad de reformas vinculadas con educación, innovación, institucionalidad y equidad territorial para sostener el crecimiento.

La inversión pública puede convertirse en una restricción que no debe soslayarse. Aquí aparece una de las principales tensiones de la meta. El presupuesto nacional de 2026 contempla una inversión pública de RD$215,284.7 millones, equivalente a aproximadamente 2.5% del PIB y de un 13.5% del gasto público total.

Recientemente, desde el Ministerio de Hacienda y Economía señalaron que la inversión pública debería acercarse al 4% del PIB anual como una de las condiciones para duplicar el PIB hacia el 2036. La diferencia no es menor: pasar de un 2.5% a un 4% del PIB implica aumentar sustancialmente el esfuerzo de la inversión pública.

Elevar la proporción de la inversión pública sobre el PIB conduce directamente al problema de la rigidez fiscal (ver mi artículo El 95% del presupuesto del 2027 ya tiene destino antes de discutirse). No se trata simplemente de gastar más. Se trata de invertir más y mejor, especialmente en infraestructura, transporte, energía, agua, tecnología y otros bienes públicos capaces de elevar la productividad del sector privado.

Para lograr invertir más, hay que generar espacio fiscal. El presupuesto de 2026 contempla gastos totales equivalentes al 18.7% del PIB, mientras los ingresos representan 15.5% del PIB. Por lo tanto, aumentar significativamente la inversión pública sin modificar la composición del gasto, sin elevar la eficiencia de la recaudación y sin preservar la sostenibilidad de la deuda no resulta sencillo. Lo anterior convierte a la meta de crecimiento también en una meta de transformación fiscal.

Hay otro aspecto que merece especial atención: el PIB en dólares estadounidenses. La Meta RD 2036 plantea llevar el PIB per cápita desde aproximadamente US$11,000 en 2024 hasta US$22,900 en 2036.

Pero el PIB expresado en dólares corrientes no depende exclusivamente del crecimiento real; también depende del nivel general de precios y del tipo de cambio.

Una economía puede aumentar significativamente su PIB nominal medido en dólares, aunque una parte importante de ese incremento no provenga de un aumento equivalente de la producción real. Para evaluar correctamente el resultado de Meta RD 2036 habría que distinguir al menos tres indicadores: PIB real per cápita, PIB nominal per cápita en pesos y PIB per cápita en dólares corrientes. Los tres pueden evolucionar a ritmos diferentes.

Esta distinción es especialmente importante en un período en el que el tipo de cambio puede contribuir significativamente a modificar el valor del PIB medido en dólares. En el último año, la economía dominicana ha mostrado una tendencia hacia la apreciación cambiaria real, sostenida por la afluencia de divisas y tasas de interés real local positiva.

Si esa tendencia persistiera, ayudaría mecánicamente a acercar la meta en dólares, pero conviene no confundir ese efecto cambiario con una ganancia real de productividad: son fuentes muy distintas del mismo número.

El mundo también puede jugar en contra. La economía no crece aislada del resto del mundo. Turismo, remesas, exportaciones, inversión extranjera, condiciones financieras internacionales y geopolítica constituyen canales fundamentales de transmisión hacia la economía dominicana.

Una desaceleración de Estados Unidos, mayores tasas de interés internacionales, nuevas tensiones comerciales, aumentos de los precios energéticos o shocks geopolíticos pueden reducir el impulso externo.

No debemos ignorar una característica de las metas de largo plazo: cada año de crecimiento inferior al requerido aumenta la tasa que habrá que alcanzar posteriormente, y ya eso ha ocurrido. La meta no se pierde necesariamente por crecer menos durante uno o dos años, pero la exigencia se traslada hacia los años siguientes.

La economía, por tanto, necesita elevar sustancialmente su capacidad de crecimiento, en un momento en que la meta se ha vuelto más exigente. Los hacedores de políticas públicas deben entender una diferencia fundamental entre una meta matemática y una estrategia de desarrollo. La primera puede escribirse en una fórmula. La segunda requiere transformar la capacidad productiva del país.

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