
RD expulsa diplomáticos cubanos: ¿está Washington detrás de la decisión?
Por Manuel Jiménez
Santo Domingo, 14 agosto.- La decisión del Gobierno dominicano de ordenar la salida de nueve funcionarios de la misión diplomática de Cuba y sus familiares ha abierto un inesperado foco de tensión entre Santo Domingo y La Habana y, sobre todo, una interrogante que trasciende las relaciones bilaterales: ¿está Washington detrás de la medida dominicana?
Hasta ahora no existe evidencia pública que permita afirmar que Estados Unidos ordenó o solicitó al Gobierno dominicano la expulsión. La Cancillería dominicana tampoco ha vinculado oficialmente su decisión con Washington. Sin embargo, el contexto regional, las recientes medidas adoptadas por otros gobiernos latinoamericanos frente a Cuba y el endurecimiento de la política estadounidense hacia La Habana explican que la pregunta haya adquirido relevancia.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de República Dominicana (MIREX) informó el jueves 13 de agosto que solicitó formalmente el retiro de nueve funcionarios diplomáticos cubanos acreditados en el país, junto con sus familiares, a quienes concedió siete días para abandonar el territorio nacional.
El breve comunicado no identificó a los diplomáticos ni explicó las razones que llevaron al Gobierno del presidente Luis Abinader a adoptar una medida de esa magnitud.
Ese silencio constituye uno de los elementos centrales de la controversia. República Dominicana no ha anunciado una ruptura de relaciones con Cuba, tampoco el cierre de su embajada en La Habana ni ha solicitado el cierre de la representación cubana en Santo Domingo. La decisión, por el momento, se limita a reducir de manera considerable la presencia diplomática cubana.
Cuba acusa directamente a Estados Unidos
La reacción de La Habana fue inmediata y considerablemente más dura. El Ministerio de Relaciones Exteriores cubano (MINREX) rechazó la medida y la presentó como parte de la política estadounidense destinada a aumentar el aislamiento de la isla.
Existe, además, una discrepancia sobre el número de afectados. Mientras Santo Domingo habla de nueve funcionarios diplomáticos, el comunicado cubano sostiene que fueron diez funcionarios y sus familiares los afectados por la decisión dominicana.
El MINREX afirmó que la medida constituye un acto de alineamiento dominicano con la política estadounidense y sostuvo que no sería la primera ocasión en que el Gobierno de Abinader adopta posiciones coincidentes con Washington frente a La Habana.
Cuba recordó específicamente la exclusión de la isla de la aplazada X Cumbre de las Américas y el cambio de posición dominicana en Naciones Unidas respecto a la resolución que tradicionalmente reclama el levantamiento del embargo estadounidense.
La acusación cubana no constituye, por sí misma, prueba de una intervención estadounidense en la decisión de Santo Domingo. Pero tampoco ocurre de manera aislada: La Habana ha formulado señalamientos similares frente a otros gobiernos latinoamericanos que durante este año han reducido o roto sus vínculos diplomáticos con Cuba.
Ecuador y Costa Rica ya habían tomado distancia
Uno de los casos más significativos ocurrió en marzo. El Gobierno ecuatoriano de Daniel Noboa expulsó al embajador cubano Basilio Gutiérrez y a todo el personal diplomático de Cuba acreditado en Quito y retiró simultáneamente a su embajador en La Habana, una decisión que en la práctica significó la ruptura de las relaciones diplomáticas.
La Habana calificó entonces la medida de arbitraria, hostil e injustificada y posteriormente acusó a Estados Unidos de encontrarse detrás de una estrategia regional destinada a aislar al Gobierno cubano.
La viceministra cubana Josefina Vidal aseguró que la actuación ecuatoriana no era un episodio aislado, sino parte de una política estadounidense dirigida a modificar los equilibrios regionales.
Poco después, el 18 de marzo, Costa Rica anunció el cierre de su embajada en Cuba y solicitó a La Habana retirar a su personal diplomático de San José, aunque permitió mantener funcionarios consulares para atender a ciudadanos cubanos.
El Gobierno costarricense justificó su decisión por lo que describió como un deterioro de las libertades fundamentales y los derechos humanos en la isla.
Cuba volvió entonces a responsabilizar a la presión estadounidense. De esta forma, Ecuador y Costa Rica se convirtieron durante 2026 en dos de los ejemplos más claros del deterioro de las relaciones diplomáticas de La Habana con gobiernos de la región.
Colombia se suma al giro regional
A ese escenario se agregó recientemente Colombia. Antes de asumir la Presidencia el pasado 7 de agosto, Abelardo de la Espriella anunció que su Gobierno rompería relaciones diplomáticas con Cuba y Nicaragua y cerraría las respectivas embajadas.
De la Espriella afirmó que durante su administración no habría vínculos con gobiernos que considera dictaduras. Cuba respondió nuevamente con una acusación similar a la formulada ahora contra República Dominicana: calificó el anuncio como un acto de “subordinación” a la política estadounidense.
Ya como presidente, De la Espriella ha comenzado un profundo giro de la política exterior colombiana respecto de la administración de Gustavo Petro, incluyendo el restablecimiento de vínculos con Israel y el distanciamiento de Cuba y Nicaragua.
Por tanto, la medida dominicana aparece en medio de un cambio político regional más amplio, caracterizado por el fortalecimiento de gobiernos conservadores y por una mayor coincidencia de varios de ellos con posiciones impulsadas desde Washington.
Cuba bajo una presión económica creciente
La controversia diplomática se produce, además, en uno de los momentos económicos más difíciles para Cuba en décadas.
La isla enfrenta prolongados apagones, dificultades para garantizar combustibles, deterioro de su infraestructura eléctrica, problemas de transporte y producción de alimentos y una severa escasez de divisas.
Reuters ha descrito la situación actual como una de las peores crisis económicas y políticas de la historia reciente cubana. Algunos apagones han llegado a superar las 20 horas diarias en determinadas zonas.
A los problemas estructurales internos de la economía cubana se ha agregado el endurecimiento de las sanciones estadounidenses bajo la administración de Donald Trump y las restricciones sobre el suministro petrolero.
La reducción del apoyo energético procedente de antiguos aliados también ha obligado al Gobierno cubano a buscar alternativas y a ampliar determinados espacios para la iniciativa privada.
Washington mantiene desde comienzos de la década de 1960 un amplio régimen de embargo económico contra Cuba, modificado en diferentes administraciones pero nunca eliminado. Durante el actual Gobierno de Trump la presión ha vuelto a intensificarse.
Ese contexto hace que cualquier movimiento diplomático contra La Habana sea interpretado inevitablemente dentro de la confrontación entre Cuba y Estados Unidos, aunque ello no demuestra automáticamente que Washington haya dictado las decisiones individuales de los gobiernos latinoamericanos.
Una relación restablecida hace 28 años
República Dominicana y Cuba tienen una historia diplomática particular. Las relaciones formales fueron establecidas originalmente en 1902, pero atravesaron diferentes períodos de interrupción durante el siglo XX.
Los vínculos diplomáticos plenos fueron finalmente restablecidos el 16 de abril de 1998, durante el primer Gobierno del presidente Leonel Fernández, mediante un intercambio de notas diplomáticas entre ambos países. El proceso había comenzado previamente con el restablecimiento de las relaciones consulares.
Desde entonces, Santo Domingo y La Habana han mantenido embajadas y relaciones oficiales durante más de 28 años, pese a las diferencias ideológicas entre los distintos gobiernos que han ocupado el poder en República Dominicana.
Por eso la expulsión de nueve diplomáticos representa uno de los episodios más delicados de la relación bilateral desde su restablecimiento en 1998.
¿Está Washington detrás?
Los hechos conocidos permiten establecer el contexto, pero no permiten responder afirmativamente esa pregunta.
Cuba asegura que sí existe presión estadounidense y coloca la decisión dominicana dentro de una estrategia regional de aislamiento. Estados Unidos mantiene efectivamente una política de creciente presión económica y diplomática contra La Habana, mientras Ecuador y Costa Rica ya adoptaron medidas contra la representación cubana y Colombia anunció la ruptura de relaciones.
Pero República Dominicana no ha dicho que actuara a solicitud de Washington y hasta ahora no se ha divulgado ningún documento estadounidense que demuestre una petición en ese sentido. La cautela resulta indispensable porque atribuir directamente la expulsión a Estados Unidos, sin evidencia documental, convertiría una interrogante geopolítica legítima en una afirmación no demostrada.
Lo que aumenta las interrogantes es precisamente la reserva del Gobierno dominicano. A diferencia de Costa Rica, que explicó públicamente sus razones, o de Colombia, cuyo nuevo mandatario anunció claramente su posición política frente al régimen cubano, Santo Domingo comunicó una decisión de gran trascendencia sin revelar qué conducta de los funcionarios cubanos la motivó.
La relación continúa, pero queda la pregunta sobre lo que sigue
Por ahora, República Dominicana y Cuba mantienen relaciones diplomáticas. La medida dominicana no equivale jurídicamente a una ruptura y las embajadas continúan funcionando.
Sin embargo, la respuesta del MINREX eleva considerablemente el tono de la disputa al acusar al Gobierno dominicano de alinearse con la estrategia estadounidense contra la isla. El episodio deja así una relación bilateral mucho más sensible que la existente antes del 13 de agosto.
La incógnita inmediata es si la expulsión constituye una medida puntual que no tendrá consecuencias adicionales o representa el comienzo de un cambio más profundo en la política dominicana hacia Cuba.
Después de Ecuador, Costa Rica y del anunciado rompimiento colombiano, la decisión de Santo Domingo coloca a República Dominicana dentro de un escenario regional en transformación.
Pero mientras el Gobierno dominicano mantenga bajo reserva las razones concretas de la expulsión, permanecerán abiertas dos preguntas: ¿qué motivó realmente la salida de los diplomáticos cubanos y qué vendrá después en las relaciones entre Santo Domingo y La Habana?
