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martes, 3 de noviembre de 2026
Referendo sobre Trump, observadores electorales y giro demócrata: claves de la jornada electoral

Referendo sobre Trump, observadores electorales y giro demócrata: claves de la jornada electoral

·3 de noviembre de 2026·6
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WASHINGTON, 3 Nov. — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha animado repetidamente a los votantes a hacer como si su nombre apareciera en la boleta en estas elecciones. No es así, por supuesto. Pero hay motivos para creer que las elecciones de mitad de mandato del martes, por encima de todo, serán un referéndum sobre su desempeño durante los últimos dos años.

La historia, las encuestas y las cifras de votación anticipada sugieren que podría ser una noche difícil para el Partido Republicano de Trump, aunque el mapa político —sin mencionar una nueva ronda de redistribución de distritos electorales— podría limitar las ganancias demócratas.

Los demócratas buscan mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado, lo que recortaría el poder de Trump después de que haya enfrentado pocos límites por parte de un Congreso complaciente controlado por republicanos. También están en juego varias gobernaciones clave.

Más de 50 millones de estadounidenses ya han votado, pero el martes se emitirán muchas más boletas, y grupos de vigilancia del gobierno temen que Trump y sus leales puedan interferir con el proceso de votación el Día de las Elecciones. Ante el temor de que se produzca el peor escenario posible, los demócratas y observadores no partidistas han capacitado a decenas de miles de voluntarios para supervisar los centros de votación.

Esto es lo que estaremos observando el martes:

Trump dijo: “finjan que estoy en la boleta”. ¿Qué dicen los votantes?

El presidente republicano intenta desafiar a la historia, que muestra que en casi todas las elecciones modernas de mitad de mandato el partido que ocupa la Casa Blanca ha perdido escaños en el Congreso, a veces muchos.

Los demócratas ciertamente esperan que ese sea el caso este año. El partido se muestra optimista, dadas las pésimas cifras de aprobación de Trump y la preocupación de los votantes por la guerra con Irán y el aumento vertiginoso del precio de la gasolina y otras necesidades diarias.

Trump apuesta a que su base de votantes blancos de clase trabajadora, que impulsó sus victorias presidenciales en 2016 y 2024, puede salvar a sus aliados republicanos si acuden en gran número. Sin embargo, al llegar el Día de las Elecciones, hay señales de que los demócratas están más motivados para votar en su contra y contra su partido.

Estamos a punto de saber si Trump y su coalición siguen siendo lo suficientemente fuertes como para evitar una paliza política. En concreto, hay que ver si los votantes hispanos y negros y los jóvenes que se inclinaron hacia Trump hace dos años ahora lo reprenden.

La respuesta tendrá enormes implicaciones en estas elecciones de mitad de mandato y en el próximo ciclo presidencial.

¿Pueden los demócratas ganar ambas cámaras del Congreso?

No ocurre a menudo.

Desde la Segunda Guerra Mundial, la Cámara de Representantes y el Senado han pasado de un partido al otro en la misma elección de mitad de mandato en apenas tres ocasiones: 1946, 1994 y 2006. El factor común cuando ocurre es un electorado que clama por un cambio o una frustración generalizada con el presidente.

Este año hay ambas cosas, y los demócratas intentan aprovechar la oportunidad.

Estrategas de ambos partidos creen que los demócratas van camino de ganar una mayoría en la Cámara de Representantes, donde los republicanos comenzaron el actual Congreso con un margen estrecho de 220-215.

Sin embargo, no está claro hasta dónde podría llegar el giro. Los demócratas apuntan a más de 60 distritos, incluidos muchos donde Trump ganó por doble dígito. Pero entre la redistribución de distritos y la profunda división partidista entre el Estados Unidos metropolitano y el rural, simplemente no hay tantas contiendas competitivas como en algunos años anteriores en los que cambió el control de la Cámara, incluido 2018, cuando los demócratas obtuvieron 40 escaños más.

Indicadores tempranos podrían ser el 1er Distrito de Pensilvania, donde el representante republicano Brian Fitzpatrick intenta conservar su escaño en los suburbios de Filadelfia; los rediseñados 22º y 25º Distritos de Florida, que se suponía serían ganancias republicanas tras la redistribución de distritos de esta primavera; la revancha en el 2º Distrito de Virginia entre la representante republicana Jen Kiggans y la exrepresentante demócrata Elaine Luria; y el 1er Distrito de Virginia, donde la demócrata Shannon Taylor, una fiscal local, desafía al representante republicano Rob Wittman.

El Senado, por su parte, también está en disputa. Los republicanos tienen actualmente una ventaja de 53-47. Para sumar los cuatro escaños que los demócratas necesitan para tomar el control, deben ganar en estados que Trump ganó. Entre sus objetivos: Ohio, Iowa, Kansas, Texas y Alaska.

Los primeros resultados en la Costa Este podrían ofrecer pistas. Se considera favorito al demócrata Roy Cooper para arrebatar un escaño abierto en Carolina del Norte, y se espera ampliamente que el senador demócrata Jon Ossoff gane la reelección en Georgia. Si uno o ambos resultados no se concretan, o si los márgenes son ínfimos, podría anticipar un desempeño republicano más fuerte de lo esperado en otros lugares.

¿Interferirá Trump?

Es una pregunta que no suele hacerse en la política de Estados Unidos.

El mundo observa para ver si el presidente aprovecha los vastos recursos del gobierno federal para interferir en la elección. Dados sus comentarios recientes, acciones legales y su historial de años promoviendo afirmaciones infundadas de fraude electoral generalizado en elecciones que pierde, hay motivos para tomar en serio la amenaza.

En días recientes, el gobierno de Trump insinuó una intervención federal en Alaska después de que un juez rechazó la demanda de su Departamento de Justicia que buscaba bloquear la certificación de la contienda al Senado si el senador republicano Dan Sullivan pierde. Trump calificó la situación como “fraude electoral al más alto nivel”. El gobierno también intentó, sin éxito, impedir que California contara 20.000 boletas de personas que el gobierno federal ha identificado como “probables” no ciudadanos.

El Departamento de Justicia de Trump enviará a unos 1.000 empleados del departamento para observar la votación y garantizar que se cumplan las leyes federales. A los observadores electorales les preocupa más que Trump pueda desplegar agentes federales de inmigración o a la Guardia Nacional para intimidar a los votantes en grandes distritos electorales demócratas.

El gobierno de Trump afirma que no tiene planes actuales para hacerlo.

Aun así, esta semana se verá un vasto esfuerzo de protección electoral en el que participan cientos de grupos demócratas y organizaciones de vigilancia del gobierno.

¿Qué versión del Partido Demócrata surgirá?

Aunque la posición de Trump se ha desplomado en 2026, la marca de los demócratas en su conjunto tampoco es motivo de orgullo. Eso dejará a las principales facciones del partido —el flanco progresista de izquierda y las filas tradicionales de progresistas a moderadas— analizando los resultados para reclamar cualquier ventaja en el tira y afloja demócrata sobre la identidad del partido.

El candidato demócrata al Senado por Michigan, Abdul El-Sayed, es el aspirante de mayor perfil entre los progresistas, y el movimiento tendría un logro destacado si derrota al republicano Mike Rogers para mantener el escaño en manos demócratas. Una cosa es que los neoyorquinos elijan a Zohran Mamdani, un socialista democrático, como alcalde. Otra muy distinta es que un progresista sin tapujos como El-Sayed gane en un estado que es un campo de batalla permanente y que ayudó a elegir a Trump dos veces.

Por otro lado, los progresistas podrían perder influencia si sus candidatos no tienen éxito. Derrotas al Senado en Michigan y Minnesota —donde la vicegobernadora Peggy Flanagan defiende un escaño abierto en manos demócratas frente a la republicana Michele Tafoya— podrían costarles a los demócratas el control del Senado y provocar fuertes reproches internos.

Otra posibilidad es que demócratas de todas las corrientes ideológicas ganen, acumulando victorias en el Senado, la Cámara y gobernaciones que dependan de votantes urbanos, suburbanos y rurales. Ese escenario haría poco por resolver el debate sobre la identidad del partido y prácticamente garantizaría una contienda de nominación presidencial abierta y agitada.

¿Qué efecto tendrá el impulso de Trump a la manipulación de distritos electorales?

Trump desató una tormenta en Texas el año pasado cuando presionó al estado más poblado gobernado por republicanos para redibujar las circunscripciones electorales. El gobernador de California, Gavin Newsom, respondió al persuadir a los votantes de su estado para que respondieran de la misma manera. Estados demócratas y republicanos siguieron el ejemplo. En el camino, la Corte Suprema de Estados Unidos eliminó partes de la Ley de Derecho al Voto, lo que permitió que varios estados del sur redibujaran distritos que habían sido de mayoría o casi mayoría negra.

Sobre el papel, los resultados sugieren un cambio neto de nueve escaños a favor de los republicanos. Pero la manipulación de distritos implicó distribuir a los simpatizantes conservadores en más distritos. En Florida y Texas, especialmente, el plan republicano contaba con recibir ayuda de latinos y otros votantes no blancos que respaldaron a Trump en 2024, y eso puede que no ocurra.

Los resultados del martes determinarán si la redistribución de distritos termina siendo un beneficio republicano claro o un recordatorio de que la ley de las consecuencias no deseadas también puede aplicarse en la política.

¿Se volverá más diversa la lista de gobernadores?

Los estados de Estados Unidos han tenido más de 2.000 gobernadores a lo largo de 250 años, casi todos hombres blancos. Actualmente solo hay un gobernador negro en el país —Wes Moore, de Maryland—, y nunca ha habido una mujer negra ni una mujer indígena estadounidense. Texas, que tiene la mayor población hispana de cualquier estado, nunca ha tenido un gobernador latino.

Pero Moore, que busca la reelección, podría verse acompañado por varios protagonistas de hitos históricos. Hay otros siete candidatos negros de partidos principales para gobernador, incluidos republicanos, demócratas, hombres y mujeres. Cada uno sería el primer gobernador negro de su respectivo estado.

Keisha Lance Bottoms en Georgia, demócrata, y Lisa Demuth en Minnesota, republicana, intentan hacer historia como candidatas negras. John James en Michigan y Byron Donalds en Florida buscan convertirse en los primeros hombres negros republicanos elegidos gobernadores.

Gina Hinojosa rompería esa barrera latina en Texas. Y Deb Haaland en Nuevo México, exsecretaria del Interior de Estados Unidos, sería la primera mujer indígena estadounidense en el cargo más alto de un estado.
Fuente: AP

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