Rusia mantiene la iniciativa territorial, pero Ucrania golpea su retaguardia con drones y refuerza apoyo de la OTAN

Londres, 14 julio (Agencias) .– Tres años y medio después del inicio de la invasión a gran escala ordenada por el presidente ruso Vladimir Putin, el conflicto entre Rusia y Ucrania ha entrado en una nueva etapa marcada por un contraste evidente: mientras las fuerzas rusas mantienen la iniciativa sobre el terreno y continúan avanzando lentamente en el este de Ucrania, Kiev ha intensificado una campaña de ataques de largo alcance con drones y misiles que está afectando instalaciones petroleras, depósitos de combustible, redes logísticas y objetivos militares situados a cientos e incluso miles de kilómetros del frente de batalla.
Los análisis más recientes del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), del centro Russia Matters y de otras fuentes occidentales coinciden en que Rusia conserva la ventaja territorial, aunque sus progresos continúan siendo lentos y muy costosos en términos humanos y materiales.
Según estimaciones basadas en mapas de control territorial, Moscú controla actualmente alrededor del 20 % del territorio ucraniano, incluyendo Crimea y amplias zonas de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón.
Desde febrero de 2022, las tropas rusas han incorporado aproximadamente un 12 % adicional del territorio ucraniano bajo su control, mientras que durante las últimas semanas sus avances se han limitado a decenas de kilómetros cuadrados en el frente oriental.
Los combates más intensos continúan concentrándose en la región del Donbás, especialmente en torno a los ejes de Kostyantynivka, Druzhkivka, Pokrovsk y otras localidades que forman parte del denominado "cinturón fortificado" ucraniano.
Aunque Rusia mantiene la presión constante mediante artillería, aviación y ataques con drones, no ha logrado hasta ahora un avance decisivo que modifique sustancialmente el equilibrio estratégico del conflicto.
Frente a esa presión militar, Ucrania ha optado por trasladar parte de la guerra al interior del territorio ruso mediante una campaña cada vez más sofisticada de ataques con drones de largo alcance.
Durante las últimas semanas, las Fuerzas Armadas ucranianas han atacado refinerías de petróleo, depósitos de combustible, subestaciones eléctricas, puentes ferroviarios, centros logísticos y buques utilizados para abastecer a las tropas rusas desplegadas en Crimea y el sur de Ucrania.
Uno de los golpes más significativos fue el ataque contra la refinería de Omsk, considerada la mayor instalación de procesamiento de petróleo de Rusia y situada a unos 2,700 kilómetros del territorio controlado por Ucrania, uno de los ataques de mayor alcance realizados desde el inicio de la guerra. Las autoridades rusas confirmaron el incendio en esas instalaciones tras el impacto de drones ucranianos.
La estrategia ucraniana también ha concentrado esfuerzos sobre la denominada "flota en la sombra" utilizada por Moscú para transportar combustibles hacia Crimea y otros territorios ocupados.
De acuerdo con informes militares ucranianos y evaluaciones del ISW, decenas de petroleros y embarcaciones logísticas han sido alcanzados durante operaciones desarrolladas en el mar de Azov, afectando seriamente el suministro de combustible hacia la península de Crimea. Además, fueron atacadas subestaciones eléctricas, puentes ferroviarios y otras infraestructuras críticas utilizadas por las fuerzas rusas.
En los últimos días, la ofensiva se amplió aún más con una serie de ataques masivos mediante drones contra embarcaciones rusas en el mar de Azov. Rusia acusó a Ucrania de cometer actos de "terrorismo", mientras Kiev sostiene que los objetivos son exclusivamente militares o estratégicos para debilitar la capacidad logística del Kremlin.
Paralelamente, Ucrania continúa enfrentando intensos bombardeos rusos con misiles balísticos y drones Shahed. No obstante, las defensas antiaéreas ucranianas han logrado interceptar parte importante de esos ataques gracias al empleo de sistemas Patriot y otros equipos suministrados por países occidentales, aunque el gobierno de Volodímir Zelenski insiste en que necesita reforzar urgentemente sus capacidades defensivas para proteger la infraestructura energética y las principales ciudades del país.
El respaldo político y militar de Estados Unidos, la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) continúa siendo uno de los principales pilares de la resistencia ucraniana.
Durante las recientes reuniones de la denominada Coalición de los Voluntarios, celebradas en París, los principales aliados europeos reafirmaron su compromiso de mantener el suministro de armamento, ampliar la asistencia financiera y fortalecer la defensa aérea ucraniana.
Francia anunció la entrega de nuevos aviones Rafale y acuerdos para la producción conjunta de misiles, mientras el Reino Unido confirmó nuevos aportes económicos destinados tanto a la defensa como al funcionamiento del Estado ucraniano.
Por su parte, el presidente estadounidense Donald Trump reiteró el respaldo a Ucrania mediante nuevos programas de producción de sistemas Patriot y otras capacidades defensivas, aunque reconoció que algunos de esos proyectos requerirán varios años para entrar plenamente en funcionamiento.
A pesar del apoyo occidental y de la creciente capacidad ofensiva demostrada por Ucrania en territorio ruso, la realidad sobre el terreno indica que Moscú mantiene la iniciativa táctica en el frente oriental, mientras Kiev intenta compensar esa desventaja golpeando la infraestructura energética, logística y militar que sostiene el esfuerzo bélico ruso.
Los analistas coinciden en que ninguno de los dos bandos dispone actualmente de la capacidad suficiente para lograr una victoria rápida.
Por el contrario, el conflicto evoluciona hacia una guerra de desgaste cada vez más tecnológica, donde los drones, la inteligencia artificial, los ataques de precisión y la capacidad industrial serán tan determinantes como el control del territorio.
