
Seguridad, religión y lucha anticorrupción marcan el inicio del Gobierno de De la Espriella en Colombia
Cali, Colombia, 8 agosto.– Abelardo de la Espriella inició este viernes 7 de agosto su mandato como presidente de Colombia con una ceremonia cargada de simbolismos políticos, militares y religiosos, seguida de un discurso en el que delineó las prioridades de los próximos cuatro años: recuperar el control territorial, combatir frontalmente a los grupos armados, fortalecer a las Fuerzas Armadas, reducir el tamaño del Estado, enfrentar la corrupción y promover una visión conservadora de la sociedad.
La investidura también rompió con una tradición institucional: por primera vez un presidente colombiano asumió el poder fuera de Bogotá. De la Espriella escogió Cali, capital del departamento del Valle del Cauca, para juramentarse como mandatario para el período 2026-2030, una decisión presentada como expresión de su compromiso de gobernar desde las regiones.
“Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia”, expresó al prestar juramento ante el presidente del Congreso, Honorio Henríquez, quien posteriormente le colocó la banda presidencial.
La primera parte de la ceremonia tuvo lugar en un auditorio universitario, donde De la Espriella también juramentó como vicepresidente a José Manuel Restrepo. Entre los asistentes estuvo el campesino Luis Felipe Yagüé, de 74 años, invitado de honor del nuevo jefe de Estado.
Después de la ceremonia protocolar, el abogado penalista se trasladó al batallón Pichincha, donde pronunció su primer gran discurso como presidente. Escoger una instalación militar para esa intervención constituyó otro de los mensajes políticos de la jornada.
De la Espriella explicó el gesto como un homenaje “a la libertad y las Fuerzas Armadas”, antes de anunciar una política de seguridad sustancialmente diferente a la aplicada durante los cuatro años de la administración de Gustavo Petro.
Dios y la religión en el centro de la investidura
La presencia de elementos religiosos fue una de las características más llamativas de la ceremonia.
El programa oficial incluyó un segmento denominado “invocación y alabanza”, durante el cual intervinieron representantes de diferentes confesiones, entre ellos un rabino, un pastor evangélico, un sacerdote católico y el presidente de la Conferencia Episcopal.
“Señor presidente, que el Eterno le conceda la sabiduría, la fortaleza y la humildad”, expresó el rabino David Michaan, quien también pidió para De la Espriella “la valentía de David”.
El nuevo mandatario reiteró posteriormente que pretende conducir Colombia con “Dios en el centro” y, durante su intervención en el batallón Pichincha, insistió en los valores cristianos y en la defensa de su concepción tradicional de la familia.
Terminó su discurso con la expresión: “¡Viva Cristo Rey!”.
La fuerte carga religiosa de la investidura provocó cuestionamientos debido al carácter laico del Estado colombiano. Una académica y especialista en asuntos globales consultada por France 24 calificó de inusual una ceremonia presidencial con referencias a la Virgen de Fátima y la celebración de una misa.
El giro hacia una política de seguridad más dura
Si la religión aportó buena parte del simbolismo a la investidura, la seguridad constituyó el principal componente político del primer discurso presidencial.
De la Espriella anunció una ofensiva contra los grupos armados ilegales y dejó claro que su administración se apartará de la política de negociaciones desarrollada por el Gobierno de Petro bajo la estrategia denominada “Paz total”.
“Ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad”, proclamó.
El mandatario ordenó a las Fuerzas Armadas iniciar el combate contra lo que denominó “narcoterrorismo y grupos ilegales”.
Utilizando uno de los símbolos que caracterizaron su campaña presidencial, agregó: “El tigre ha llegado y sabrán lo duro que muerde”.
El mensaje más contundente respecto a la política aplicada por la administración anterior llegó cuando declaró que “la hora del diálogo ha terminado”.
La afirmación anticipa un cambio sustancial frente a los intentos de negociación con distintas estructuras armadas que realizó el Gobierno de Petro.
Fumigaciones, cooperación con Estados Unidos y “megacárceles”
Otro componente de la nueva estrategia será el combate contra los cultivos ilícitos.
De la Espriella anunció que buscará retomar las fumigaciones con herbicidas que, según afirmó, no provoquen daños a la salud, cumplan las disposiciones de la Corte Constitucional y no generen perjuicios al medio ambiente.
El propósito declarado es reducir las áreas dedicadas al cultivo de coca.
La iniciativa genera cuestionamientos. La politóloga Laura Bonilla señaló a France 24 que la evidencia disponible muestra que la fumigación puede terminar ampliando la frontera de los cultivos de coca, en lugar de solucionar estructuralmente el problema.
El presidente también prometió modernizar los organismos de seguridad colombianos mediante acuerdos y alianzas internacionales.
Dentro de ese esquema confirmó que Colombia se incorporará a “Escudo de las Américas”, la alianza regional de seguridad promovida por la administración del presidente estadounidense Donald Trump.
A esto se suma la construcción de las denominadas “megacárceles”, concebidas como parte de una estrategia destinada a endurecer la respuesta del Estado frente a la criminalidad y mejorar la capacidad penitenciaria.
De la Espriella también lanzó cuestionamientos contra la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), tribunal surgido del acuerdo firmado con la antigua guerrilla de las FARC para abordar los crímenes relacionados con el conflicto armado y garantizar mecanismos de justicia y reparación.
Gobernar desde las regiones
La elección de Cali para la toma de posesión estuvo vinculada a otra de las promesas centrales del nuevo presidente: la descentralización.
De la Espriella aseguró que pretende gobernar desde las regiones y prestar atención prioritaria a los territorios con mayores necesidades.
Al mismo tiempo, descartó promover una nueva Constitución, despejando una de las interrogantes surgidas durante la campaña electoral.
Su administración, afirmó, se mantendrá dentro del actual marco constitucional mientras impulsa las transformaciones prometidas durante la contienda política.
Corrupción: “No habrá escondite”
La lucha contra la corrupción fue otro de los ejes destacados.
El mandatario prometió incorporar tecnología a los mecanismos de contratación pública para aumentar la vigilancia sobre el uso de los recursos estatales y reducir los espacios para prácticas irregulares.
“No habrá impunidad, no habrá escondite, los llevaré ante la Justicia”, advirtió en referencia a quienes incurran en actos de corrupción.
La estrategia forma parte de un proyecto más amplio para modificar la estructura del Estado y contener el gasto gubernamental.
En materia económica, De la Espriella anunció el “congelamiento del gasto público” y anticipó recortes importantes en el tamaño del aparato estatal.
No obstante, aseguró que los programas sociales destinados a los sectores más pobres continuarán funcionando.
El nuevo Gobierno también pretende reformar el sistema tributario y eliminar el impuesto al patrimonio aplicado durante la administración de Gustavo Petro.
En materia energética, De la Espriella anunció que fortalecerá la petrolera estatal Ecopetrol y buscará desarrollar nuevos yacimientos, incluyendo el uso de la controvertida técnica de fracturación hidráulica o fracking.
Cali, escenario de una ceremonia sin precedentes
La escogencia de Cali obligó al Congreso colombiano a autorizar el traslado de la ceremonia de investidura fuera de Bogotá.
El dispositivo de seguridad reflejó las tensiones que acompañaron la llegada del nuevo Gobierno. Alrededor de 11,000 integrantes de las fuerzas de seguridad fueron desplegados dentro y alrededor de los lugares donde se realizaron las actividades, debido a amenazas atribuidas a organizaciones armadas ilegales.
La ceremonia reunió a numerosos dignatarios extranjeros.
Entre los asistentes estuvieron el rey Felipe VI de España y los presidentes Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; José Antonio Kast, de Chile, y Nasry Asfura, de Honduras.
También asistió el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, junto con delegaciones de decenas de países de América, Europa y Medio Oriente. Entre estas últimas destacó la presencia del ministro israelí de Asuntos Exteriores, Gideon Saar.
Ausencias que también enviaron mensajes
La lista de invitados nacionales evidenció igualmente la orientación política del nuevo Gobierno.
Los expresidentes Juan Manuel Santos y Ernesto Samper no fueron invitados. Ambos han defendido públicamente el proceso de paz desarrollado con las FARC.
Tampoco recibió invitación el presidente de la Jurisdicción Especial para la Paz, Alejandro Ramelli, pese a que sí participaron representantes de otros altos tribunales del Estado.
En contraste, acudieron los expresidentes César Gaviria, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe e Iván Duque, figuras asociadas en diferentes momentos a sectores del centro y la derecha colombiana.
Petro se despide y llama a mantener la oposición
Mientras De la Espriella asumía el poder en Cali, Gustavo Petro cerraba su mandato en Bogotá.
El ahora expresidente pronunció su último discurso antes de abandonar la Casa de Nariño acompañado por parte de los integrantes de su gabinete.
Petro destacó durante su despedida que entregaba el Gobierno con el Congreso “cerrado”, en contraste con los cuatro años durante los cuales ejerció la Presidencia.
“Hasta siempre. Libertad y vida. Siempre, siempre y siempre”, manifestó antes de agradecer a los militares encargados de su seguridad y terminar con un “¡Viva Colombia libre!”.
Posteriormente salió de la sede gubernamental vestido de blanco y recibió un homenaje de las Fuerzas Armadas.
La oposición al nuevo Gobierno también comenzó a organizarse desde el primer día.
En Barranquilla, Iván Cepeda, quien terminó segundo en las elecciones presidenciales, encabezó un acto político contra el nuevo Gobierno y anunció la creación de un gabinete de oposición.
El senador del Pacto Histórico afirmó que ese mecanismo tendrá como objetivo controvertir con argumentos las políticas impulsadas por De la Espriella.
Cepeda y Petro han denunciado durante las últimas semanas supuestas irregularidades en el proceso electoral, cuyo resultado dio la victoria a De la Espriella por un margen cercano a los 200,000 votos.
Las acusaciones han sido rechazadas tanto por el nuevo presidente como por observadores internacionales del proceso electoral.
Así comienza el período 2026-2030 en Colombia: con una Presidencia que desde sus primeras horas anuncia un giro en seguridad, economía y relaciones con las organizaciones armadas, mientras coloca la religión, el fortalecimiento de la autoridad, la descentralización y la lucha contra la corrupción entre sus principales banderas.
Fuente: France 24, con informaciones de EFE y Reuters.
