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martes, 27 de octubre de 2026
Stiglitz cuestiona un capitalismo que coloca la economía por encima de las personas

Stiglitz cuestiona un capitalismo que coloca la economía por encima de las personas

·27 de octubre de 2026·8
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Madrid, 27 oct, — El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz sostiene que el sistema económico ha invertido su propósito al exigir que las personas se adapten a sus necesidades, en lugar de organizarse para mejorar el bienestar de los individuos. El profesor de la Universidad de Columbia vincula esa situación con el malestar social y defiende reglas que permitan equilibrar los intereses particulares con los derechos de los demás.

La desigualdad, el bienestar y los límites del mercado ocupan un lugar central en sus investigaciones. Sus trabajos examinan las razones por las que los mercados pueden fallar y la manera en que las decisiones públicas influyen en la vida cotidiana, el acceso a las oportunidades y la distribución de la riqueza.

En una entrevista con El Confidencial, el economista abordó estas cuestiones a partir de una pregunta que también atraviesa el debate político: qué significa ser libre cuando las decisiones individuales tienen consecuencias sobre otras personas.

Consultado sobre si el descontento social responde a un capitalismo poco humanista, Stiglitz respondió afirmativamente y resumió su crítica: “El capitalismo ha puesto la economía por encima de la persona: la persona tiene que servir a la economía en lugar de la economía servir al individuo”.

Su planteamiento está respaldado por una trayectoria que combina la investigación académica con responsabilidades en organismos económicos. Stiglitz presidió el Consejo de Asesores Económicos durante la Administración de Bill Clinton y fue economista jefe y vicepresidente sénior del Banco Mundial entre 1997 y 2000.

En 2001 recibió el Nobel de Economía junto con George Akerlof y Michael Spence por sus análisis de los mercados con información asimétrica, es decir, situaciones en las que una de las partes de una operación dispone de información que la otra desconoce. Estas investigaciones contribuyeron a explicar problemas como las restricciones de acceso al crédito.

Al examinar la libertad económica, Stiglitz advierte que esta no puede evaluarse sin considerar sus efectos sobre terceros. “La libertad de una persona puede pisar la libertad de otra. No se puede mirar la libertad de una persona de forma aislada”, expresó.

Para ilustrarlo, utilizó el ejemplo de una empresa cuya actividad contamina el aire que respiran los vecinos. La libertad que reclama esa compañía para desarrollar sus operaciones puede implicar que otras personas pierdan la posibilidad de respirar aire limpio e incluso vean perjudicada su salud, especialmente si padecen asma.

Desde esa perspectiva, las consecuencias de una decisión económica no terminan en quien la adopta. La capacidad de una empresa para contaminar puede limitar el derecho de otras personas a disfrutar de una vida saludable.

Ante esos intereses contrapuestos, el economista considera necesario que las sociedades establezcan normas y determinen cómo equilibrar las distintas libertades. “Cada sociedad tiene que hacer un juicio a la hora de equilibrar la libertad, porque no hay una libertad absoluta”, afirmó.

Su propuesta implica valorar tanto la capacidad de elegir como las repercusiones de esa elección sobre los demás. Reconocer esas consecuencias, sostiene, permite comprender por qué la sociedad debe establecer regulaciones.

Esta posición es coherente con sus investigaciones sobre las condiciones en que la intervención pública puede mejorar el funcionamiento de los mercados y contribuir a que la actividad económica responda a las necesidades de las personas.

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