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lunes, 3 de agosto de 2026
Trump alterna amenazas y gestos diplomáticos frente a Irán mientras crecen las dudas sobre su estrategia, según analistas

Trump alterna amenazas y gestos diplomáticos frente a Irán mientras crecen las dudas sobre su estrategia, según analistas

·3 de agosto de 2026·8

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Santo Domingo, 3 agosto. La política del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hacia Irán vuelve a transitar entre la amenaza militar y la búsqueda de una salida negociada, en un patrón que se ha repetido durante los cinco meses del conflicto entre ambos países y que, según un análisis de la agencia Associated Press (AP), refleja una estrategia basada en ejercer máxima presión para luego abrir espacio a la diplomacia.

El episodio más reciente comenzó el pasado viernes, cuando Trump advirtió que estaba perdiendo la confianza en las negociaciones con Teherán y aseguró que las Fuerzas Armadas estadounidenses estaban preparadas para lanzar nuevos ataques de gran magnitud si el gobierno iraní no aceptaba las condiciones planteadas por Washington para poner fin al conflicto.

Sin embargo, menos de 48 horas después, el mandatario anunció que suspendía los planes de una nueva ofensiva militar, argumentando que existían señales de avances en las conversaciones y que varios aliados de Estados Unidos en el Golfo Pérsico le habían solicitado conceder más tiempo a la vía diplomática.

Un patrón que se ha repetido durante la guerra

De acuerdo con AP, este comportamiento se ha convertido en una constante desde que comenzó la guerra con Irán hace cinco meses.

Trump suele iniciar cada fase con advertencias sobre posibles bombardeos contra infraestructuras estratégicas iraníes, incluidas instalaciones energéticas y petroleras, acompañadas de mensajes en los que asegura que Estados Unidos está dispuesto a "aniquilar" objetivos clave del régimen si no acepta negociar.

Posteriormente, cuando aumenta la presión internacional o aparecen señales de diálogo, el mandatario opta por frenar la escalada y presentar ese cambio de postura como resultado del éxito de su política de presión.

La táctica, que Trump ha utilizado durante décadas en sus negocios y posteriormente en la política, busca generar incertidumbre para obtener concesiones del adversario durante las negociaciones.

Sin embargo, AP señala que esa estrategia enfrenta mayores dificultades frente a la dirigencia iraní, que considera que posee una mayor capacidad para soportar una guerra prolongada que Estados Unidos.

El desgaste de una guerra prolongada

Mientras Washington destaca los daños causados por las operaciones militares estadounidenses contra la infraestructura militar iraní, incluyendo golpes a la aviación, la marina y parte del liderazgo del régimen, Teherán apuesta a prolongar el conflicto.

Según el análisis, las autoridades iraníes consideran que el desgaste político y militar terminará afectando más a Trump, quien enfrenta reservas limitadas de municiones, elevados costos de guerra y una opinión pública cada vez menos favorable al conflicto.

Ese escenario adquiere mayor relevancia cuando faltan pocos meses para las elecciones legislativas de noviembre en Estados Unidos, un proceso considerado clave para el futuro político del mandatario y del Partido Republicano.

De la amenaza al freno en cuestión de horas

El viernes, Trump apareció acompañado por miembros de su gabinete y afirmó públicamente que había perdido la confianza en las negociaciones con Irán.

"Los vamos a golpear muy duro", declaró al referirse a una eventual ofensiva militar.

Horas más tarde, la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reforzó ese mensaje al advertir que Irán continuaría pagando las consecuencias mientras no aceptara negociar en los términos que exige Washington.

No obstante, durante la noche del sábado, Trump sorprendió nuevamente al anunciar en sus redes sociales que observaba avances hacia un posible acuerdo y que, por el momento, cancelaba la operación militar que había sido preparada.

Al día siguiente explicó que funcionarios iraníes habían solicitado más tiempo para las conversaciones y que líderes de Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos también le habían pedido evitar una escalada.

"Habría sido desastroso para ellos. No querían que lo hiciéramos. Y, francamente, Arabia Saudita tampoco lo quería. Pensaban que un acuerdo era inminente", afirmó Trump durante el vuelo de regreso a Washington desde Nueva Jersey.

Arabia Saudita y el temor a una crisis regional

Según AP, uno de los factores que más influyó en el cambio de postura fue una conversación telefónica entre Trump y el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman.

Una fuente familiarizada con esa conversación indicó a la agencia que el líder saudí advirtió sobre las consecuencias económicas que tendría una nueva ofensiva estadounidense si Irán respondía atacando instalaciones energéticas o aliados de Washington en la región.

Las autoridades saudíes consideran que tanto Arabia Saudita como Qatar y Emiratos Árabes Unidos cuentan con capacidad suficiente para responder a eventuales ataques iraníes, aunque manifestaron preocupación por la situación de Kuwait, considerado uno de los países más vulnerables frente a posibles acciones de milicias respaldadas por Teherán.

Críticas a una estrategia considerada errática

La nueva marcha atrás de Trump provocó críticas entre dirigentes demócratas, quienes sostienen que la política exterior del mandatario carece de una estrategia consistente.

El senador demócrata por Arizona, Mark Kelly, integrante del Comité de Servicios Armados del Senado, afirmó que el presidente parece intentar regresar a la situación previa al estallido del conflicto.

"Estamos viendo a un presidente con una estrategia bastante errática. Si pudiera presionar un gran botón de reinicio, probablemente lo haría", declaró durante una entrevista concedida al programa Face the Nation, de CBS News.

AP recuerda que no es la primera vez que Trump amenaza con una ofensiva de gran escala para luego desistir.

En abril, Estados Unidos e Irán anunciaron un alto el fuego temporal apenas dos horas antes del plazo fijado por Trump para lanzar ataques contra infraestructuras críticas iraníes.

En mayo, el mandatario suspendió otra operación militar al asegurar que existían negociaciones "serias" en marcha.

Posteriormente, en junio, también canceló ataques contra instalaciones energéticas iraníes después de afirmar que las conversaciones de paz mostraban avances significativos.

El costo político interno

Además de las dificultades militares, la guerra comienza a tener consecuencias políticas para la Casa Blanca.

Una encuesta del Centro AP-NORC para la Investigación de Asuntos Públicos, publicada la semana pasada, reveló que aproximadamente dos tercios de los estadounidenses consideran que el conflicto con Irán no ha valido la pena.

Ese rechazo incluye a la mayoría de los votantes demócratas e independientes, así como a cerca del 37 % de los republicanos, un dato que evidencia fisuras incluso dentro del electorado que respalda al presidente.

Aunque Trump ha negado que las elecciones legislativas estén influyendo en sus decisiones sobre Irán, varios dirigentes republicanos reconocen la preocupación existente por el impacto político y económico de una eventual ampliación de la guerra.

Republicanos piden prudencia

El senador republicano por Luisiana, John Kennedy, uno de los aliados habituales de Trump en el Congreso, consideró que el gobierno debe mantener la presión sobre Irán sin precipitar una escalada militar que pueda agravar la crisis.

Kennedy sostuvo que, aunque Estados Unidos ha debilitado significativamente las capacidades militares iraníes desde el inicio de la guerra, un conflicto de mayor escala podría provocar nuevos incrementos en los precios internacionales de la energía y alimentar la inflación que afecta a los consumidores estadounidenses.

El legislador defendió la continuidad de las sanciones económicas y de las acciones dirigidas contra el programa nuclear iraní como alternativas más viables que una intervención militar más amplia.

"Todas son opciones difíciles, pero por ahora mantendría el statu quo", expresó Kennedy.

Según el análisis de Associated Press, la evolución del conflicto demuestra que la estrategia de presión máxima impulsada por Trump continúa alternando entre amenazas de gran impacto y aperturas diplomáticas, mientras persisten las dudas sobre su eficacia para obligar a Irán a modificar su posición sin provocar una guerra de mayores proporciones.

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