
Trump amenaza a Irán con un “Día D económico”, pero expertos dudan que las sanciones dobleguen a Teherán
Nueva York, 21 agosto.– Cuando la guerra contra Irán se aproxima a los seis meses y Estados Unidos enfrenta una reducción de sus reservas de armamentos esenciales, el Gobierno del presidente Donald Trump apuesta ahora por una ofensiva financiera destinada a intensificar el aislamiento de Teherán.
La Administración estadounidense ha denominado esta nueva fase como un “Día D económico” contra un país que ha soportado durante casi cinco décadas severas sanciones impuestas por Washington, de acuerdo con un análisis publicado por The Associated Press.
Trump ofreció pocos detalles al anunciar que Estados Unidos aplicará un nivel “sin precedentes” de guerra económica y aislamiento. El objetivo, afirmó, es obligar a los dirigentes iraníes a poner fin a su programa nuclear y reabrir completamente el estrecho de Ormuz al tránsito de petroleros y buques que transportan gas natural.
La nueva estrategia refleja las dificultades que enfrenta el mandatario estadounidense ante una guerra cada vez más impopular, sin una salida inmediata y a pocos meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato que determinarán si el Partido Republicano conserva el control del Congreso.
Ya sea por una decisión estratégica o por la necesidad de reducir el peso de las acciones militares, Trump intenta concentrar el poder estadounidense en una campaña acelerada de sanciones contra una de las economías más castigadas del mundo.
Los sectores estadounidenses partidarios de una línea dura contra Irán elogiaron el anuncio y pidieron paciencia para evaluar sus resultados. Otros especialistas, sin embargo, consideran que el mandatario está ignorando las experiencias de anteriores gobiernos, cuyas sanciones no lograron modificar de manera definitiva la conducta de Teherán.
Washington amenaza con sanciones secundarias
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, adelantó parte de las acciones contempladas durante una entrevista concedida el jueves a la cadena CNBC.
Bessent advirtió que Washington podría imponer sanciones secundarias contra países y empresas que mantengan relaciones comerciales con Irán. Estas medidas no se limitarían a castigar directamente a entidades iraníes, sino que también afectarían a compañías extranjeras que realicen negocios con Teherán.
El funcionario no identificó a los posibles objetivos de la nueva etapa de la denominada “Operación Furia Económica”, una iniciativa que inicialmente estuvo dirigida contra personas y entidades involucradas en la compra de petróleo iraní o en operaciones bancarias con ese país.
China e India se encuentran entre los principales compradores del crudo producido por Irán, por lo que podrían quedar en el centro de las presiones estadounidenses.
Bessent señaló que los gobiernos y las empresas deberán decidir si continuarán negociando con Teherán, ante la posibilidad de que el Departamento del Tesoro utilice todos los instrumentos financieros disponibles para sancionarlos.
“Es hora de que nuestros aliados y el resto del mundo tomen una decisión”, manifestó el secretario del Tesoro.
Expertos hablan de un escenario desconocido
Pese a que Irán ha resistido varias décadas de restricciones estadounidenses, la Administración Trump sostiene que la combinación adecuada de presión militar, comercial y financiera podría llevar al Gobierno iraní a un punto de ruptura.
Richard Goldberg, quien coordinó parte de los esfuerzos para ejercer presión diplomática contra Irán durante el primer mandato de Trump, considera que las circunstancias actuales son diferentes a las de anteriores campañas de sanciones.
Según Goldberg, los ataques estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes efectuados el año pasado, la guerra iniciada este año y el bloqueo naval impuesto por Washington a los puertos de Irán han generado una combinación de factores que podría obligar a Teherán a capitular.
El especialista, actualmente vinculado a la Fundación para la Defensa de las Democracias, un centro de estudios de Washington partidario de una política firme frente a Irán, afirmó que la estrategia podría conducir a un cambio profundo en el futuro del régimen iraní, aunque sus resultados podrían tardar.
Goldberg reconoció, no obstante, que nadie puede predecir con certeza el desenlace de la ofensiva económica porque Estados Unidos e Irán se encuentran en “aguas desconocidas”.
El analista también destacó la decisión de Emiratos Árabes Unidos de suspender el comercio con Irán como respuesta a un supuesto ataque con misiles. A su juicio, esa medida contribuirá a profundizar el aislamiento económico del Gobierno iraní.
Emiratos Árabes Unidos fue durante años uno de los socios comerciales más importantes de Teherán. Su papel iba más allá de la adquisición de productos iraníes, pues su plataforma de reexportación ayudaba a Irán a reducir parte del impacto provocado por las sanciones internacionales.
Sancionar a aliados también implica riesgos
Casi todos los sectores iraníes vinculados con la energía, las finanzas y el transporte ya se encuentran afectados por sanciones estadounidenses.
Por esa razón, el siguiente paso de Trump parece orientado a castigar a países, empresas, aliados y socios de Estados Unidos que todavía mantengan relaciones con Irán. Washington pretende cortar las fuentes de ingresos que continúan disponibles para el Gobierno iraní.
La estrategia reproduce, en gran medida, la campaña de “máxima presión” desarrollada por Trump durante su primera presidencia. En su segundo mandato, sin embargo, la política ha sido ampliada hasta incluir acciones militares directas.
La experiencia anterior mostró que aplicar sanciones secundarias puede resultar complejo. Las restricciones podrían perjudicar intereses económicos estadounidenses, deteriorar las relaciones con países aliados y provocar medidas de represalia.
Durante la primera Administración Trump, Washington concedió exenciones en numerosas ocasiones a países que dependían del petróleo iraní para satisfacer sus necesidades energéticas.
Behnam Ben Taleblu, director principal del programa sobre Irán de la Fundación para la Defensa de las Democracias, explicó que la nueva estrategia busca limitar los puntos de contacto de Teherán y bloquear su acceso al sistema financiero formal y a la economía internacional.
Para conseguir ese propósito, señaló, Estados Unidos deberá convertir el tema iraní en un asunto prioritario dentro de sus relaciones bilaterales con gobiernos de Europa y Asia.
Eso podría obligar a Washington a ejercer presión sobre aliados que no necesariamente comparten la estrategia de Trump o que dependen del petróleo, el comercio o las rutas de transporte relacionadas con Irán.
Teherán cuestiona el cambio de estrategia
Funcionarios y analistas iraníes han acusado a Trump de cambiar de posición al recurrir nuevamente a las sanciones económicas.
El presidente estadounidense había criticado anteriormente a otros gobernantes por depender de las sanciones para limitar la capacidad de Irán de financiar sus programas militar y nuclear. Ahora, su Administración vuelve a utilizar esas restricciones como uno de los principales instrumentos para tratar de poner fin al conflicto.
Esmail Baghaei, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, sostuvo en una publicación en la red social X que Washington suele recurrir a las sanciones cuando no está dispuesto a impulsar una verdadera negociación diplomática.
Baghaei afirmó que esa estrategia ha resultado inútil y que Irán ha demostrado durante décadas que no puede ser estrangulado mediante las mismas amenazas económicas.
También advirtió que los dirigentes estadounidenses corren el riesgo de destruir sus propias posibilidades de encontrar una salida menos perjudicial a una crisis que, desde la perspectiva iraní, fue provocada por Washington.
Analistas advierten que la presión puede endurecer a Irán
Ali Vaez, director del programa sobre Irán del International Crisis Group, considera que la decisión de llevar la política de “máxima presión” a un nuevo nivel, incorporando acciones militares, ignora importantes lecciones acumuladas durante años de política exterior estadounidense.
Según Vaez, Irán históricamente no ha respondido favorablemente a las amenazas y las sanciones. Por el contrario, la nueva ofensiva económica habría fortalecido la posición de los sectores iraníes que rechazan cualquier concesión.
El especialista explicó que, para el régimen iraní, aceptar las exigencias estadounidenses puede representar un peligro mayor que continuar soportando las consecuencias económicas de las sanciones.
Las posibilidades de alcanzar un acuerdo también se han deteriorado por el carácter intermitente de las negociaciones desarrolladas durante el último año. Los períodos de diálogo, seguidos por amenazas, sanciones y acciones militares, han debilitado aún más la confianza entre los dos países.
Los funcionarios iraníes desconfían tanto de Trump como de sus mediadores y temen que, incluso si aceptan las actuales condiciones estadounidenses, Washington formule posteriormente nuevas exigencias.
Vaez resumió el principal problema de la estrategia al señalar que la presión económica no será suficiente si Teherán no percibe una salida diplomática real. En su opinión, una campaña de sanciones sin una puerta abierta a la negociación corre el riesgo de prolongar la guerra, endurecer la resistencia iraní y deteriorar las relaciones de Estados Unidos con aliados y socios internacionales.
