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lunes, 28 de septiembre de 2026
Trump busca un nuevo encuentro con Kim Jong-un, pero Corea del Norte exige abandonar la desnuclearización como condición para negociar

Trump busca un nuevo encuentro con Kim Jong-un, pero Corea del Norte exige abandonar la desnuclearización como condición para negociar

·28 de septiembre de 2026·7

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Pyongyang ha fortalecido su arsenal nuclear y sus relaciones con Rusia y China, mientras Washington estudia la posibilidad de reabrir el diálogo. Un eventual reconocimiento de Corea del Norte como potencia nuclear tendría importantes implicaciones para la seguridad de Asia y el sistema internacional de no proliferación.

Seúl, Corea del Sur, 28 de septiembre de 2026.– El presidente estadounidense, Donald Trump, ha expresado su interés en reunirse nuevamente con el líder norcoreano, Kim Jong-un, antes de que concluya este año, pero la posibilidad de un nuevo acercamiento diplomático enfrenta un obstáculo fundamental: Pyongyang exige que Washington abandone su histórica demanda de desnuclearización como condición para reanudar las negociaciones.
De acuerdo con un análisis publicado por la revista británica The Economist, seis presidentes estadounidenses han intentado resolver el problema del programa nuclear norcoreano sin conseguir que ese país renuncie a sus armas atómicas. Trump pretende abrir una nueva etapa de conversaciones, aprovechando posiblemente su viaje a Asia para participar en la cumbre del Foro de Cooperación Económica

Asia-Pacífico (APEC), prevista para noviembre.

El antiguo enviado especial estadounidense para Corea del Norte planteó recientemente que Trump podría incluso proponer una reunión en Pyongyang, algo sin precedentes para un presidente estadounidense en ejercicio.
Sin embargo, Kim ha dejado claro que solamente aceptaría un nuevo encuentro si Estados Unidos retira la exigencia de desnuclearización, término diplomático utilizado para referirse al desmantelamiento o eliminación del arsenal nuclear norcoreano.
La posición del dirigente asiático quedó nuevamente de manifiesto cuando, apenas un mes después de que Trump redujera unos ejercicios militares previamente programados con Corea del Sur para facilitar un acercamiento diplomático, Kim supervisó, acompañado de su hija adolescente, el ensayo de un nuevo misil presentado por Pyongyang como hipersónico.
Durante esa actividad, el gobernante norcoreano aseguró que el nuevo armamento representaría un problema permanente para sus adversarios.

Corea del Norte fortalece su posición con el respaldo de Rusia

Según el análisis de The Economist, la postura de Kim responde a una mayor confianza derivada del crecimiento de su capacidad militar y del fortalecimiento de sus relaciones internacionales, particularmente con Rusia.
Durante décadas, Estados Unidos y sus aliados, junto con China y Rusia, intentaron presionar a Corea del Norte para que abandonara su programa de armamento nuclear. Sin embargo, esos esfuerzos no impidieron que Pyongyang desarrollara decenas de ojivas atómicas y misiles capaces de alcanzar objetivos situados incluso en el territorio continental estadounidense.
La renovada alianza con Moscú, consolidada a partir de la participación norcoreana en la guerra de Ucrania, ha proporcionado al Gobierno de Kim mayores márgenes de maniobra económica y diplomática.
Rusia acepta abiertamente la condición nuclear de Corea del Norte. Su ministro de Asuntos Exteriores ha llegado a considerar que ese asunto está cerrado, mientras China ha reducido sus pronunciamientos públicos sobre la desnuclearización norcoreana.
Por su parte, el presidente surcoreano, Lee Jae-myung, ha propuesto mantener la desnuclearización como una aspiración futura, en lugar de exigirla como condición inmediata para avanzar en las conversaciones.
La revista señala que Trump podría considerar una aproximación semejante, lo que representaría una modificación importante de la política estadounidense y tendría consecuencias para la seguridad regional y los esfuerzos internacionales destinados a impedir la proliferación nuclear.

Cuatro décadas de negociaciones sin conseguir el desarme

Corea del Norte se incorporó al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) en 1985, comprometiéndose a renunciar a las armas atómicas a cambio de asistencia para desarrollar energía nuclear con fines civiles.
No obstante, posteriormente comenzó a trabajar de manera clandestina en la construcción de un arsenal militar.
Las sucesivas rondas de negociaciones internacionales y las amplias sanciones económicas impuestas durante las décadas siguientes no consiguieron detener el programa nuclear norcoreano.
Entre 2006 y 2017, Pyongyang realizó seis ensayos nucleares, consolidando progresivamente sus capacidades militares.
Durante su primer mandato presidencial, Trump aplicó una política de sanciones que denominó de «máxima presión» y amenazó a Kim con responder mediante fuego y furia.
Posteriormente, ambos dirigentes protagonizaron la primera cumbre celebrada entre los líderes de Estados Unidos y Corea del Norte. Sin embargo, una segunda reunión terminó sin acuerdo, después de que las negociaciones se estancaran por las diferencias sobre el desarme nuclear y el levantamiento de las sanciones.
En aquella etapa, Kim había planteado cerrar Yongbyon, su principal complejo nuclear, a cambio de un alivio de las restricciones económicas internacionales.
Actualmente, según The Economist, la capacidad de Washington para ejercer presión sobre Pyongyang se ha reducido considerablemente.

La guerra de Ucrania proporciona recursos a Pyongyang

El respaldo militar de Corea del Norte a Rusia ha generado beneficios económicos y políticos para el Gobierno de Kim.
Pyongyang ha suministrado a Moscú proyectiles de artillería, misiles balísticos y aproximadamente 16,000 soldados para apoyar sus operaciones militares en Ucrania.
El apoyo ruso ha contribuido a mejorar las condiciones económicas norcoreanas, aunque el crecimiento continúa siendo desigual.
Según estimaciones del Banco Central de Corea del Sur citadas por The Economist, la economía de Corea del Norte registró una expansión anual promedio del 3.4 % entre 2022 y 2025.
La cooperación bilateral continúa profundizándose. A principios de septiembre entró en funcionamiento el primer puente carretero que conecta directamente ambos países sobre el río Tumen.
Durante el año pasado, Rusia concedió más de 35,000 visados de estudiantes a ciudadanos norcoreanos. Se sospecha que numerosos beneficiarios trabajan realmente en territorio ruso, incluidos establecimientos industriales dedicados a la fabricación de drones utilizados en la guerra.
Funcionarios ucranianos también han manifestado preocupación ante la posibilidad de que Corea del Norte prepare un nuevo despliegue de soldados para reforzar a las fuerzas rusas durante el otoño.
Un académico ruso citado por la revista describió la relación bilateral como una cooperación entre socios que intercambian recursos y capacidades conforme a sus respectivos intereses.
Además de alimentos, combustible y dinero, Pyongyang busca acceder a tecnologías militares avanzadas.
Las autoridades surcoreanas temen particularmente que Moscú proporcione asistencia técnica para el desarrollo de un submarino norcoreano de propulsión nuclear.

China busca preservar su influencia sobre Corea del Norte

El acercamiento entre Moscú y Pyongyang también ha influido en las relaciones de Corea del Norte con China.
Según el análisis de la publicación británica, Pekín procura evitar una pérdida de influencia sobre su vecino, circunstancia que ha facilitado una revitalización de los vínculos entre ambos gobiernos.
Este nuevo escenario internacional ha reducido los incentivos de Kim para buscar un acercamiento inmediato con Trump.
Al mismo tiempo, Corea del Norte ha conseguido avances importantes en el desarrollo de sus armas nucleares desde las primeras reuniones entre ambos dirigentes.
En 2023, el régimen incorporó su condición de Estado nuclear a la Constitución, reforzando institucionalmente su decisión de mantener ese arsenal.
Trump ha afirmado que Corea del Norte dispone de 57 ojivas nucleares, mientras algunas estimaciones independientes elevan la cifra hasta 120.
Como referencia, el Reino Unido posee aproximadamente 225 ojivas nucleares, según los datos recogidos por The Economist.

Pyongyang continúa ampliando su capacidad nuclear

Lejos de mostrar señales de detener su programa armamentístico, Corea del Norte continúa desarrollando nuevas instalaciones destinadas a incrementar su producción de material nuclear.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha identificado una nueva instalación de enriquecimiento de uranio en Yongbyon, uno de los principales complejos nucleares del país.
El presidente surcoreano, Lee Jae-myung, estima que Pyongyang produce actualmente suficiente material fisible para fabricar entre diez y veinte ojivas nucleares adicionales cada año.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán también ha reforzado, según el análisis de The Economist, la importancia que la dirigencia norcoreana atribuye a su arsenal como garantía de seguridad y supervivencia del régimen.
A diferencia de Corea del Norte, Irán se aproximó al desarrollo de capacidades nucleares militares, pero no llegó a convertirse en un Estado poseedor de armas atómicas.
En una entrevista concedida a The Economist en junio, Lee consideró que, especialmente después de la guerra contra Irán, Corea del Norte tendría todavía menos disposición a renunciar a su arsenal nuclear.

Crecen las propuestas para negociar un congelamiento del programa nuclear

Ante las dificultades para conseguir que Pyongyang abandone sus armas, han comenzado a ganar espacio propuestas diplomáticas que plantean modificar el enfoque tradicional de las negociaciones.
En lugar de insistir exclusivamente en la eliminación completa del arsenal norcoreano, estas iniciativas buscan reanudar el diálogo y alcanzar acuerdos que permitan, al menos, detener o reducir el ritmo de expansión de sus capacidades militares.
El presidente surcoreano propone un procedimiento gradual que comenzaría con la congelación del programa nuclear, manteniendo el desarme completo como objetivo a largo plazo.

En Estados Unidos también se han planteado alternativas semejantes.

Victor Cha, quien participó en las negociaciones con Corea del Norte durante la administración del presidente George W. Bush, considera que Washington debería sustituir la exigencia inmediata de desnuclearización por una estrategia de «paz fría», sustentada parcialmente en negociaciones sobre control de armamentos.
Aunque los funcionarios estadounidenses continúan mencionando la desnuclearización completa como objetivo oficial, Trump ha comenzado a referirse públicamente a Corea del Norte como una potencia nuclear.
Un eventual reconocimiento nuclear tendría consecuencias internacionales
El reconocimiento explícito o implícito de Corea del Norte como Estado poseedor de armas nucleares representaría una importante concesión diplomática para Kim Jong-un.
Thae Yong-ho, antiguo diplomático norcoreano de alto rango que desertó en 2016, explicó que Kim había transmitido a las élites de su país que, si mantenían su estrategia, Estados Unidos terminaría aceptando la condición nuclear norcoreana, de manera semejante a lo ocurrido con Pakistán.
Sin embargo, The Economist destaca una diferencia jurídica fundamental entre ambos casos.
A diferencia de Pakistán e India, Corea del Norte se incorporó al Tratado de No Proliferación Nuclear y recibió tecnología nuclear bajo el compromiso de destinarla exclusivamente a fines pacíficos.
Por esa razón, una eventual legitimación internacional de su arsenal podría establecer un precedente con repercusiones para otros países que aspiren a desarrollar armamento atómico.
La revista también advierte que un acuerdo que permita a Pyongyang conservar sus armas, sin ofrecer garantías suficientes de seguridad a Japón y Corea del Sur, podría intensificar los debates internos en esos países sobre la conveniencia de desarrollar capacidades nucleares propias.
En ese contexto, un nuevo encuentro entre Trump y Kim no solamente tendría implicaciones para las relaciones entre Washington y Pyongyang, sino también para el equilibrio estratégico en Asia y la vigencia del sistema internacional de no proliferación.
La posibilidad de retomar el diálogo permanece abierta, pero las diferencias sobre el futuro del arsenal nuclear norcoreano continúan siendo el principal obstáculo para alcanzar un entendimiento.

Fuente: The Economist, «Will Donald Trump get to meet Kim Jong Un again?», publicado el 27 de septiembre de 2026. Adaptación periodística al español basada en el análisis de la revista británica.

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