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martes, 8 de septiembre de 2026
Trump hace malabares sobre una cuerda cada vez más floja

Trump hace malabares sobre una cuerda cada vez más floja

·6 de septiembre de 2026·61

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El presidente Donald Trump hace malabares para mejorar el panorama republicano de cara a las elecciones legislativas del 3 de noviembre. El problema es que cada pelota lanzada al aire parece regresar convertida en otra dificultad.

La guerra con Irán, la inflación, el encarecimiento de los combustibles, las dudas sobre los arsenales militares y una paz esquiva en Ucrania forman un cóctel poco favorable para quien necesita convencer al electorado de que todo marcha maravillosamente.

Los números explican parte del nerviosismo. Distintas encuestas publicadas a finales de agosto y principios de septiembre colocan la aprobación de Trump entre 33 % y 44 %, mientras el rechazo supera con amplitud esos porcentajes.

En el promedio de RealClearPolitics, los demócratas también aparecen delante en la intención de voto para el Congreso. Las encuestas no son elecciones, ciertamente, pero tampoco son adornos de oficina: cuando varias apuntan en la misma dirección, conviene mirarlas sin romper el termómetro porque anuncia fiebre.

En ese escenario reaparece la batalla electoral. La administración Trump volvió a pedir a la Corte Suprema que permita aplicar restricciones al voto por correo antes de las elecciones. Las medidas incluyen nuevas exigencias para los estados, controles sobre las listas de electores y códigos de seguimiento para las papeletas.

Una jueza federal mantuvo bloqueada parte de la iniciativa, mientras estados gobernados por demócratas y organizaciones de derechos civiles sostienen que el Ejecutivo intenta invadir atribuciones históricamente administradas por los estados.

El Gobierno argumenta que procura proteger la integridad electoral; sus críticos temen que termine dificultando el sufragio. Reuters y The Associated Press han documentado esta nueva disputa.

Trump parece querer ganar en los tribunales el terreno que las encuestas le presentan resbaladizo. Lo irónico es que el hombre que presume de confiar plenamente en “el pueblo” dedica demasiada energía a decidir cómo ese pueblo debe votar, qué documentos necesita y por qué conducto puede hacer llegar su papeleta.

La guerra con Irán representa una carga todavía mayor. Seis meses después de iniciadas las hostilidades, nadie puede afirmar seriamente que Teherán esté derrotado.

Irán conserva capacidad para lanzar misiles, desplegar drones, amenazar la navegación y perturbar el estrecho de Ormuz. Los recientes ataques contra buques estadounidenses fueron repelidos, según Washington, sin bajas entre sus tripulantes; Estados Unidos respondió bombardeando tres petroleros iraníes. Es decir, la confrontación no luce terminada, sino peligrosamente reciclada. AP señala que la reanudación de los enfrentamientos puso fin a un mes de relativa calma.

También han surgido informaciones sobre el desgaste de las reservas estadounidenses de interceptores y otras municiones. Trump respondió calificando de “escoria traidora” a medios que informaron sobre una supuesta escasez y aseguró que el país dispone de más armamento del que podría utilizar.

Pero los insultos no reponen misiles ni sustituyen inventarios auditados. Si el Pentágono tiene depósitos rebosantes, que presente los datos pertinentes; y si existen limitaciones, llamarlas traición no hará desaparecer el problema. Al Jazeera recogió la airada reacción presidencial.

En el bolsillo ciudadano, entretanto, la guerra se siente sin necesidad de radares. El diésel alcanzó un récord nominal nacional de 5.85 dólares por galón, mientras la gasolina rondó los 4.14 dólares.

No son simples cifras colocadas frente a una estación: el diésel mueve camiones, mercancías y buena parte de la cadena de abastecimiento. Cuando sube, termina colándose en la factura del supermercado.

La presión energética complica además el trabajo de la Reserva Federal, que ha mantenido las tasas elevadas ante una inflación reanimada por el conflicto. AP ya había advertido sobre esa conexión entre combustibles, inflación y costo del crédito.

Como última tabla de salvación política, Trump desempolvó el expediente de Ucrania. Envió a Steve Witkoff y Jared Kushner a conversar primero con Vladímir Putin en Moscú y luego con Volodímir Zelensky en Kiev. Hubo reuniones “constructivas”, “nuevas ideas” y abundantes promesas de próximos pasos, ese elegante idioma diplomático utilizado cuando todavía no existe un acuerdo. Reuters informó que no se produjo un avance inmediato y que las diferencias territoriales continúan intactas.

Trump necesita una victoria visible, pero recibe guerras prolongadas, combustible caro, inflación persistente y encuestas incómodas. Si los demócratas conquistan una o ambas cámaras del Congreso, el mandatario enfrentará investigaciones, bloqueos presupuestarios y una oposición con poder real. Entonces los malabares dejarán de ser un espectáculo electoral: Trump estará caminando, sin red, sobre el filo de la navaja.

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