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domingo, 27 de septiembre de 2026
Trump y Xi: la paz necesita algo más que una buena foto

Trump y Xi: la paz necesita algo más que una buena foto

·27 de septiembre de 2026·8

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Donald Trump salió eufórico de su encuentro con Xi Jinping anunciando “cosas extraordinarias” y celebrando conversaciones “muy productivas”. El calendario de esas maravillas queda pendiente. Con el presidente estadounidense, conviene cruzar los dedos, pero mantener los ojos abiertos: entre el entusiasmo de una mañana y la amenaza de la siguiente suele caber una guerra comercial.
La humanidad, sin embargo, tiene razones para desear que esta vez las palabras encuentren domicilio en los hechos. Cuando las dos mayores economías conversan, disminuye el riesgo de que el resto del planeta termine pagando sus desencuentros. Ya bastante cara resulta la vida como para agregarle el impuesto de los egos presidenciales.
Las coberturas de Reuters, AP y AFP, junto con los comunicados oficiales, permiten agrupar en diez ejes los asuntos del encuentro: tregua arancelaria; compras agrícolas; adquisición de aviones Boeing; inversiones y acceso a mercados; tierras raras y minerales críticos; inteligencia artificial y restricciones tecnológicas; Taiwán; fentanilo y sus precursores; Irán y seguridad energética; y Rusia-Ucrania, con sus implicaciones para la seguridad internacional. Son una síntesis de los temas identificados, no un decálogo de acuerdos consumados.
Trump volvió a exhibir su amistad con Xi como si los aranceles, las represalias y las amenazas hubieran sido simples malentendidos entre vecinos. La diplomacia permite esas amnesias ceremoniales. Lo que no debería permitir es que una cena elegante borre la factura que empresas y consumidores han pagado por la confrontación.

Hay, con todo, un resultado que merece atención: la extensión de la tregua comercial hasta el 10 de enero de 2027, anunciada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent. Es un respiro. También es una fecha de vencimiento bastante cercana para una amistad presentada como monumental. Las verdaderas amistades, al parecer, también necesitan renovación trimestral.
Xi planteó cooperación, competencia manejable y convivencia pacífica. El planteamiento resulta razonable, aunque sería ingenuo confundirlo con una renuncia china a sus intereses. Pekín tampoco administra una beneficencia internacional. Ambos gobiernos calculan ventajas; la diferencia está en cuánto espacio dejan sus cálculos para la estabilidad ajena.
Y ahí aparecen Ucrania e Irán. El comunicado chino confirma que ambos asuntos estuvieron en las conversaciones. Washington, por su parte, informó coincidencias sobre impedir un arma nuclear iraní y rechazar peajes en vías marítimas internacionales. Son posiciones relevantes, pero no equivalen a un acuerdo para detener las guerras. Conviene preservar esa diferencia, aunque estropee algún titular entusiasta.
China puede contribuir a abrir caminos por sus relaciones con Moscú y Teherán. Puede influir, negociar y encarecer diplomáticamente determinadas decisiones. Pero influencia no significa control remoto. Tampoco corresponde absolver a Rusia de su responsabilidad por invadir Ucrania, ni suponer que Washington e Israel quedan relevados de buscar una salida negociada con Irán porque Pekín tenga buenos contactos.

Para los dominicanos, esta discusión no pertenece exclusivamente a los salones diplomáticos. Una reducción sostenida de las tensiones podría aliviar presiones sobre combustibles, transporte y alimentos. Eso sí: ningún apretón de manos repara instalaciones petroleras, restablece rutas o abarata automáticamente los fletes. La tranquilidad necesita tiempo para convertirse en precios; las alzas, curiosamente, suelen viajar sin escalas.
Trump anunció nuevos encuentros con Xi en China y en el G20 de diciembre, en Miami. La eventual presencia de Putin sigue sin confirmación. Ojalá esas citas permitan pasar del intercambio de elogios a compromisos verificables. El mundo necesita continuidad, mecanismos de cumplimiento y menos sobresaltos, no otra colección de fotografías presidenciales.
La expectativa, entonces, merece prudencia, pero también una oportunidad. Si esta aproximación sostiene la tregua comercial y facilita pasos hacia la paz, habrá motivos para reconocerla. Mientras tanto, guardemos los aplausos: las “cosas extraordinarias” deberían medirse en vidas preservadas y conflictos contenidos. Para producir adjetivos, Trump nunca ha necesitado una cumbre.

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