Un canódromo siciliano

Pablo McKinney

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Nuestro país es un gran canódromo siciliano, y no por los autos sino por los canes, por el gran can de las mafias que en nuestra nación se detienen ya ante muy escasos despachos, bufetes, cabinas, consultorios, salones, oficinas, altares y puticlubs.

Piensa usted en la incapacidad del Estado para organizar la inmigración, y lo primero que llega a su mente son las impunes mafias cívico- militares y empresariales.

Se sienta en el bar de la esquina para que un funcionario amigo le explique qué piensa hacer para organizar el tránsito, y rauda y jodedora surge la palabra de siempre: Mafia, las mafias de empresarios del transporte, de cuello blanco o moreno, que lo impiden. 

Entrevisto al ministro de Industria y Comercio, y a los 10 minutos del diálogo surge el tema de la mafia de los combustibles a la que se enfrenta, ¡y dale que te pego! con las mafias del sicariato mediático, o con las mafias de la falsificación de medicamentos y su venta ya vencidos; con las mafias del narco y el lavado de activos que, asesinas y solidarias, impunes, controlan ya la vida y disponen la muerte en nuestros barrios “calientes”.

Una de tantas mafias del país es la que existe en torno al centro de retención de vehículos, llamado acertadamente “El Canódromo”. Precisamente, para conocer esa realidad, amparado en la ley que creó la institución y en la mismísima Constitución de la República, el Defensor del Pueblo, Pablo Ulloa, acudió el pasado lunes a este “punto” de prácticas mafiosas… y lo demás es historia. Tan impunes y poderosas se sienten nuestras mafias que, las del Canódromo, al sentirse descubiertas, agredieron al Defensor del Pueblo y su equipo, y hasta a periodistas de CDN y el Listín Diario, y con una violencia que no veíamos desde hace ya casi 20 años.

Las mafias y su poder están destruyendo la posibilidad de la convivencia civilizada en nuestro país.

Si las autoridades del orden son el desorden, y existen encargados de combatir la delincuencia que son delincuentes de la violencia contra los ciudadanos y la Prensa. ¿Hacia dónde c… marcha esta democracia en pañales?

Somos un canódromo siciliano, pero no por los autos sino por el can de las mafias que solo se detienen ante muy escasos despachos, bufetes, consultorios, altares y ante ese puticlubs que dignifica la María Magdalena que tanto amó Jesús.

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