
Un espectáculo bochornoso
Por Nelson Encarnación
Los dominicanos fuimos testigos el pasado sábado de una de las acciones que ponen en evidencia hasta donde ha descendido el nivel de civismo y de compromiso ciudadano que se ha ido acentuando en nuestra sociedad.
Cuando observamos el saqueo de que fue objeto una tienda de enseres del hogar que era consumida por las llamas, llegamos a la conclusión de que una parte de la población—más numerosa de lo que uno pudiera imaginar—carece en lo absoluto de un comportamiento medianamente decente.
Aprovecharse de una situación crítica, como la que atravesaba en ese momento la tienda bajo el fuego, para robar mercancías, no tiene nada que ver con la pobreza de quienes incurrieron en este delito.
Más bien refleja la carencia de los principios básicos que norman la vida; ausencia absoluta de una conducta civilizada, y reafirma lo que está documentado por estudiosos de nuestra sociedad, es decir, que no hemos sido capaces de construir ciudadanía.
Expresa claramente que, en nuestro país, a pesar de los esfuerzos desplegados por décadas, apenas contamos con habitantes; son personas que realizan actividades vitales como las hace cualquier especie del reino animal no consciente.
¿En cuál sociedad que cuente con los niveles alcanzados por nuestro país en aspectos importantes como las comunicaciones masivas y la información al alcance, se llegaría al extremo de lo visto el sábado en la tienda L&R?
Este espectáculo deprimente quizá tenga cabida en países con mucho menor nivel de desarrollo que la República Dominicana, y tampoco estamos seguros que en alguno de ellos se llegara a tales extremos de una actuación tan ramplona.
El desafío a las llamas y la vigilancia que se supone ejercían los elementos de organismos oficiales encargados de enfrentarla situación, solo tiene un nombre: salvajismo.
Es precisamente el comportamiento animal que se apodera de personas sin la más mínima humildad, cuando se presentan al lugar de un accidente vehicular en cualquier carretera del país, y lejos de prestar auxilio a las víctimas, se dan a la tarea de desvalijarlas, con casos donde incluso han rematado a sobrevivientes.
¿Cuándo alcanzaremos los niveles de ciudadanía comprometida que evite este deleznable proceder?
Esperamos que pronto, aunque las esperanzas choquen con la realidad.
El Ministerio Público debe procurar el mayor rigor para que no se repita un hecho tan bochornoso y ruin.
nelsonencar10@gmail.com
