
Una embajadora diferente
Por Francisco S. Cruz
Han sido muchos los representantes de los Estados Unidos acreditados en el país desde 1978 hasta la fecha: entre ellos, unos de bajo perfil, de manejo cauteloso, extrovertidos, injerencistas abiertos, controversiales; y otros abiertamente desinhibidos y yéndose más allá del debido protocolo y de la separación de la vida pública y la privada obviando que cada sociedad exige respeto a su costumbres, cultura e idiosincrasia. Sin embargo, con la embajadora Leah Francis Campos -exfuncionaria de la CIA, congresista y egresada de varias prestigiosas universidades- se ha dado algo insólito: desde que llegó se integró a su labor o ejercicio diplomático desde la decencia, el respeto, la cortesía, el querer contribuir, conocer los diferentes actores sociales sin importar ámbito, abolengo, activismo o partidismos políticos; y más aún, con el debido respeto, a hacer contribuciones valiosísimas sobre múltiples temáticas: empresariales, de inversiones, cooperación, y otros de suma importancia fáctica-estratégica para el país y la región -migración, delincuencia, seguridad ciudadana, narcotráfico y libertades públicas-. Desde entonces esa agenda ha estado definida y coherente.
No obstante, a ese discurrir, diplomático, abierto y respetuoso, no han faltado una que otras voces que han cuestionado e irrespetando con peroratas fuera de tono o desbordadas y hasta soez para objetar o criticar, sin reparo ni tono o freno verbal, el rol que hasta ahora viene jugando la representante de los Estados Unidos. En ese refriegue, desbordado de indultos e irrespeto, no han faltado “análisis” o comentarios que dejan entrever metamensajes -sabrá Dios si por boca ganso- o, sencillamente, ligerezas que habría que descodificar -más allá de envidia profesional o celos de liderazgos en las redes sociales (hacia Alofoke-El Piro-Somos Pueblo)-; independientemente de cualquier disculpa a posteriori.
Esa forma o manera de ejercer el periodismo o la comunicación -totalmente irresponsable- en vez de mostrar que hemos avanzado deja entrever que en nuestro país hay actores de la comunicación tradicional o de plataformas digitales que han perdido todo sentido de ecuanimidad, respeto y la noción del juicio, pues no puede ser casualidad que alguien que se dice “analista“ político e internacional se despache con una retahíla de insultos y exabruptos porque no esté de acuerdo con tal o cual postura de la embajadora Leah Francis Campos que exhibe cordura, firmeza e identificación plena con que nuestro país es un aliado de primer orden de los Estados Unidos en la región.
Tal postura o crítica -de insultos e irrespeto-, de cualquier “analista”, no se compadece con el más mínimo conocimiento de lo que es la diplomacia, el manejo ecuánime; es más ni siquiera con la geopolítica.
Hasta ahora la embajadora de los Estados Unidos no se ha extralimitado en sus funciones ni ha dado señales de querer trazarnos pautas como país; más bien, ha procurado fortalecer la cooperación y la democracia dominicana. Es una embajadora cercana, cortés y que está actuando en el marco una política exterior de su país que respeta y valora a sus aliados.
Entonces, ¿para qué insultarla y faltarle el respeto a ella y al país que representa? Y más cuando no tiene, cómo se dice, “vela en ese entierro” (celos o envidia). De más utilidad crítica, es entender que lo contempla el “nuevo” Código Penal respecto a las libertades públicas: es que “entre bomberos [llámase políticos] no se pisan la manguera”, pues todos votaron, a excepción de un solo diputado (PLD), a través de sus representantes, por esos articulados. ¡No nos hagamos ingenuos! “Las clases no se suicidan”. Y punto.
