
Victoria de la ultraderecha siembra temor entre migrantes en el este de Alemania
Berlín, 6 de octubre de 2026.— La victoria electoral de Alternativa para Alemania (AfD) en el estado oriental de Sajonia-Anhalt ha abierto un período de incertidumbre para familias migrantes que temen un endurecimiento de las políticas de asilo y deportación, así como un ambiente social cada vez más hostil.
Para Ola Akhras y su esposo, residentes en Magdeburgo con sus dos hijas pequeñas, el resultado ha convertido en una conversación cotidiana la posibilidad de regresar a Siria. Según el reportaje de AP, la pareja había construido su vida en Alemania, pero ahora duda de su futuro en el país.
La inquietud coincide con la primera reunión del nuevo Parlamento regional, convocada para este martes. La AfD obtuvo el 43.8% de los votos en las elecciones del 6 de septiembre y cuenta con 39 de los 83 escaños, tres menos de los necesarios para alcanzar una mayoría absoluta.
Aunque fue el partido más votado, su llegada al Gobierno regional todavía no está asegurada. Necesita apoyos externos para elegir a su candidato, Ulrich Siegmund, como jefe del Ejecutivo, una negociación que pone a prueba el compromiso de las principales fuerzas alemanas de no colaborar con la ultraderecha.
Ese aislamiento, conocido como el “cordón sanitario”, enfrenta una presión creciente. La AfD nunca había formado parte de un Gobierno regional o federal, pero su avance en Sajonia-Anhalt y la disposición de sectores de la alianza BSW a cooperar han abierto un escenario político inédito.
El partido también busca controlar la presidencia del Parlamento regional, para la que propuso a Tobias Rausch. Según Financial Times, conseguir ese cargo representaría una importante victoria institucional, aunque no equivaldría a hacerse con el Gobierno del estado.
Las preocupaciones de los migrantes se relacionan con propuestas concretas. Reuters informó que el programa regional de la AfD contempla una campaña para deportar a solicitantes de asilo rechazados y restricciones a la contratación de trabajadores extranjeros considerados culturalmente ajenos.
La formación sostiene que la inmigración ejerce una presión excesiva sobre los servicios públicos, la seguridad y la cohesión social. Organizaciones de apoyo a migrantes advierten, sin embargo, que cualquier futuro Gobierno seguiría obligado a respetar la Constitución y que el triunfo electoral no le permite aplicar automáticamente todas sus promesas.
El temor tampoco se limita a Sajonia-Anhalt. En entrevistas realizadas por Reuters en Rostock y Schwerin, residentes de origen extranjero —algunos con ciudadanía alemana— describieron un aumento de los insultos y de las exigencias de que regresaran a sus países de origen.
Esos testimonios reflejan experiencias personales y no constituyen, por sí solos, una medición general de los incidentes racistas. Sí muestran que la incertidumbre alcanza tanto a quienes esperan resolver su situación migratoria como a personas que llevan años viviendo y trabajando en Alemania.
El Gobierno federal ha cuestionado duramente el discurso de la AfD. El canciller Friedrich Merz acusó en septiembre al partido de defender políticas migratorias que, a su juicio, equivalían a una “limpieza étnica”. La formación rechazó esa acusación y aseguró que sus propuestas de deportación se ajustan a la ley.
La disputa revela dos dimensiones de la incertidumbre: la negociación política sobre quién gobernará Sajonia-Anhalt y la preocupación de los migrantes por su seguridad, sus derechos y su aceptación social. Mientras se resuelve la primera, familias como la de Akhras ya reconsideran decisiones que creían definitivas.
