La Propuesta Digital
domingo, 11 de octubre de 2026
Yemen enfrenta el riesgo de una guerra de mayor alcance que podría arrastrar a toda la región

Yemen enfrenta el riesgo de una guerra de mayor alcance que podría arrastrar a toda la región

·11 de octubre de 2026·4
Compartir:
WhatsAppFacebookXLinkedIn
AdSense — horizontal

Saná, Yemen, 11 oct..— La escalada de los enfrentamientos entre los hutíes, el Gobierno yemení reconocido internacionalmente y Arabia Saudita amenaza con reactivar una guerra civil de grandes proporciones, agravar la crisis humanitaria y extender la violencia a otros países de Medio Oriente, advierte el académico Amin Saikal en un análisis publicado por Infobae.

Aunque la guerra entre Estados Unidos e Irán ha concentrado la atención internacional durante este año, Saikal sostiene que el conflicto yemení podría tener consecuencias igualmente profundas para la región, debido a la cantidad de actores involucrados y a su impacto sobre las rutas mundiales de suministro energético.

Irán respalda a los hutíes, conocidos también como Ansar Allah o Partidarios de Dios, mientras Arabia Saudita apoya al Consejo de Liderazgo Presidencial, que representa al Gobierno yemení reconocido internacionalmente.

Estados Unidos mantiene su respaldo a Riad. Rusia y China, por su parte, conservan vínculos estratégicos con Teherán. A este escenario se suma el compromiso de Turquía y Pakistán de desplegar tropas para contribuir a la defensa de Arabia Saudita si vuelve a ser atacada, según el análisis.

La combinación de estas alianzas aumenta el riesgo de que una confrontación interna termine convirtiéndose en un conflicto regional, con nuevas consecuencias para el abastecimiento mundial de petróleo y sus derivados.

Los hutíes controlan aproximadamente un tercio del territorio yemení, incluida la capital, Saná. A principios de este año se involucraron en la confrontación regional en apoyo a Irán y reforzaron su capacidad de presión sobre el estrecho de Bab al-Mandab, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico.

Desde julio, de acuerdo con Saikal, el movimiento ha logrado avances territoriales con la intención de extender su dominio sobre Yemen. Al mismo tiempo, ha atacado instalaciones petroleras sauditas, buques petroleros y el principal aeropuerto de Riad.

El autor señala que un ataque reciente volvió a interrumpir el bombeo del Oleoducto Este-Oeste saudita, una infraestructura que ha adquirido mayor importancia para las exportaciones de crudo ante las restricciones al tránsito por el estrecho de Ormuz.

Las fuerzas del Gobierno yemení y de Arabia Saudita respondieron con una contraofensiva destinada a recuperar los territorios bajo control hutí. Esa operación plantea el riesgo de una nueva fase de combates generalizados y de un deterioro todavía mayor de las condiciones de vida de la población.

Según el análisis, Riad solicitó a Washington ataques aéreos contra los hutíes, pero el presidente Donald Trump rechazó involucrarse directamente en esa etapa y ofreció, en cambio, apoyo de especialistas estadounidenses en inteligencia y asuntos militares.

Saikal interpreta esa posición como un intento de evitar la ampliación de la guerra con Irán y una nueva intervención estadounidense, en un momento en que el encarecimiento de los combustibles presiona a los consumidores y al Partido Republicano antes de las elecciones legislativas de noviembre.

Ante la ausencia de una participación militar directa de Estados Unidos, Arabia Saudita buscó respaldo de Pakistán y Turquía. Ambos países, sostiene el académico, afrontan el dilema de apoyar a Riad sin perjudicar sus relaciones con Irán y con sus socios, Rusia y China.

El costo humano de la renovada confrontación ya es considerable. Saikal cita un balance de más de 800 muertos, 3,000 heridos y 158,000 desplazados.

Estas cifras se suman a los cientos de miles de fallecimientos asociados a la guerra iniciada en 2014 y a la intervención de la coalición encabezada por Arabia Saudita en 2015. Además de las víctimas de los combates, ese balance incluye muertes relacionadas con el hambre, las enfermedades y la falta de servicios sanitarios e infraestructura.

La evolución del conflicto también amenaza con agravar las dificultades del comercio energético internacional.

Antes de la guerra, por el estrecho de Ormuz transitaba alrededor del 20 % del suministro mundial diario de petróleo y gas natural licuado. El paso continúa parcialmente limitado por el temor a ataques contra las embarcaciones.

Algunos petroleros han conseguido atravesarlo mediante acuerdos con la nueva Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico de Irán o bajo protección de escoltas estadounidenses, según recoge el texto.

El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, afirmó recientemente que por esa ruta circulaban unos 13 millones de barriles de crudo diarios, equivalentes a aproximadamente 2.067 millones de metros cúbicos. Irán cuestionó esa afirmación.

El 4 de octubre, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, sostuvo que el estrecho no reabrirá completamente hasta que Washington cumpla las exigencias de Teherán: un alto el fuego en todos los frentes, el levantamiento del bloqueo estadounidense de los puertos iraníes y el desbloqueo de sus activos.

A estas restricciones se añaden los ataques hutíes contra embarcaciones vinculadas a Arabia Saudita en el mar Rojo, iniciados en julio después de que el movimiento anunciara un bloqueo de los puertos sauditas.

Saikal considera que la guerra estadounidense contra Irán está en la raíz de esta crisis cada vez más amplia. Advierte que una intensificación de los ataques de Washington podría provocar nuevas represalias iraníes, incluso contra aliados árabes de Estados Unidos en el Golfo.

El académico concluye que la situación seguirá siendo altamente explosiva mientras Washington y Teherán no reduzcan la confrontación y busquen una salida negociada. Aunque ese acuerdo parece lejano, sostiene que todavía es posible.

Fuente: Infobae

AdSense — horizontal