La Propuesta Digital
lunes, 6 de julio de 2026

Estudiado simulacro electoral

·6 de julio de 2026·4
Estudiado simulacro electoral
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Por Juan Llado
Los debates electorales presidenciales deben preservarse. No solo permiten a la ciudadanía percibir la imagen de los candidatos sino tambien conocer sus posiciones acerca del curso que debe seguir la política pública. Pero esos debates tienden a ser teatros vacíos que con frecuencia derivan en diatribas, dicterios y malquerencias entre los candidatos. Aun cuando el votante pueda decidir por quién votar sobre esa base, se necesita reforzar el debate de las campañas electorales con otros ingredientes que coadyuven a conocer mejor los programas de gobierno. Aunque parezca difícil, la propuesta que sigue podría profundizar más la conciencia del elector para emitir un voto mejor calificado.
ANJE hizo un noble esfuerzo en ese sentido cuando propuso reglas generales para los debates congresual y presidencial del 2024. Sin embargo, esas reglas se refirieron solamente a los aspectos organizativos de las confrontaciones, lo cual sentó un buen precedente. Pero las reglas no identificaron ni exigieron que se discutieran los temas de mayor trascendencia para el desarrollo nacional o local. Los temas fueron sugeridos por el discurso introductorio de los candidatos y por quienes hacían preguntas. Eso no exponía adecuadamente los temas neurálgicos de los programas de gobierno. Además, esa normativa no propiciaba que se enfoquen las cuestiones medulares del desarrollo económico y democrático pendientes de solución.

De ahí surge la propuesta de añadir, fuera de la abundante chachara expuesta por los medios de comunicación, debates complementarios que puedan ahondar la conciencia ciudadana sobre los principales retos del pais. Con las cortas sesiones de los debates presidenciales en la televisión no se puede esperar que el ciudadano de a pie internalice correctamente la definición de los problemas y sin eso no se puede aquilatar cada solución que proponga un partido para resolverlos. Y como si eso fuera poco, no hay garantía de que las soluciones han sido el resultado de análisis ponderados provenientes de militantes partidarios calificados o edificados. No siempre los programas de gobierno de cada partido sirven para educar a su propia militancia y son ejercicios de escritorio que no involucran a quienes deben.

Para comenzar, un curso valido de actuación para los partidos es el de crear ministerios sombra como los que tienen los partidos de Reino Unido, Canada y Nueva Zelandia. Estos son instancias partidarias encargadas de ponderar los problemas nacionales y monitorear y criticar la actuación del partido de gobierno acerca de las incidencias de un área ministerial en particular. “Cada uno de ellos es portavoz de la cartera que maneja y debe enfrentarse al titular del cargo, en cada uno de los ministerios. El gabinete en la sombra se reúne semanalmente como el oficial, tiene reuniones programáticas y sus componentes definen la estrategia sobre cómo enfrentarán los temas que se discutirán en el Parlamento, para criticar al Gobierno y convencer a la opinión pública de que ellos son una mejor opción.” Da gusto ver como eso funciona en los debates parlamentarios de esos países.

En el caso de nuestros tres partidos mayoritarios y de algunos de los que se han quedado atrás ya existen titulares de algunas áreas (jurídica, agropecuaria, salud, etc.) Pero eso no se compara a una estructura formal y comprehensiva como la tienen los partidos anglosajones. El reto de lograr que los partidos nuestros evolucionen en esa dirección es grande y parece no existir condiciones para empujarlos hacia ella. Pero la propuesta aquí sugerida es la de que se ventilen, ante el electorado y justo después de los debates presidenciales, las propuestas específicas de cada partido sobre un selecto grupo de retos nacionales pendientes de atención. Para el 2028 esos podrían ser: 1) reforma fiscal, 2) sistema eléctrico, 3) seguridad social, 4) deudas externa y cuasi fiscal, y 5) transparencia de la gestión pública. Cada partido prepararía un pequeño equipo para analizar esos retos y su coordinador ostentaría la responsabilidad de presentador ante la televisión y frente a los representantes de los otros partidos en cada debate.

Difundir las propuestas de solución de esos cinco retos neurálgicos no debería hacerse en un solo debate. El rango de atención del público –especialmente corto en la televisión– y la complejidad de los problemas no se prestan para un tratamiento multilateral simultaneo. Lo aconsejable seria que fueran sesiones separadas para cada reto/problema. Participarían los tres principales partidos mayoritarios existentes en cada sesión y cada partido presentaría su propuesta de solución en una presentación de no más de 15 minutos. En consulta con los partidos se decidiría si la persona encargada de la presentación debe estar acompañada del candidato presidencial de su partido y si, después de las tres presentaciones, habría un espacio para que los presentadores debatieran entre sí. No debe descartarse hacer lo mismo posteriormente para otros grandes retos (p. ej. salud, educación, vivienda).

La ventilación de esas propuestas significaría un gran reto para los partidos. Pero su orquestación no solo enriquecería y elevaría el debate preelectoral, sino que tambien abonaría la confianza de los electores en ellos. Esa sería una gran contribución porque combatiría el populismo que desacredita a los partidos Según una encuesta de cultura política del 2024, “solo un 20.4% de la población manifiesta tener algún tipo de confianza en los partidos políticos, con un 14% que dice confiar "algo" y un 6.4% que asegura confiar "mucho".” Una reciente encuesta de ACD Media inclusive reportó que entre los militantes mismos de los partidos mayoritarios hay un gran porcentaje que desconfía de su propio partido.

De manera que el debate complementario propuesto desafía al clientelismo y a la desidia de quienes solo ven en los partidos una escalera para lograr el éxito económico. Los debates complementarios comenzarían a cambiar las cosas.

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