Y la construcción continúa

Carmen Imbert Brugal

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Fue la pregunta del presidente para lograr atención y explicar al colectivo el recorrido. El jefe de estado y de gobierno, con la actitud que el momento exigía, justificaba el intempestivo cierre de la frontera con Haití, por aire, mar y tierra. En su discurso, pronunciado antes de salir del país para participar en la Asamblea de NNUU, subrayaba la importancia del foro y repetía aquello de “no hay solución dominicana al problema haitiano”.

Debía tranquilizar a la población comprometida con la arenga nacionalista y con el liderazgo del contemporáneo “centinela de la frontera”. La esperanza estaba en la Resolución del Consejo de Seguridad de NNUU que ordenaría el envío de una fuerza internacional, presidida por el gobierno de Kenia “para proporcionar apoyo operativo, logístico y de formación a la Policía Nacional haitiana”. La Resolución ya existe, aunque la temeridad conveniente y los traspiés criollos dejan al país en un peligroso limbo.

Los presupuestos del discurso presidencial cambiaron, las modificaciones, algunas imperceptibles otras rocambolescas, siguen. La condición impuesta para la reapertura de la frontera, contundente, absoluta, jamás se ha cumplido. La advertencia, hecha primero a los anarquistas, luego a los empresarios, después a un político levantisco, ha quedado en nada.

La participación del primer ministro de Haití, de facto para muchos, en la Asamblea de NNU, alteró planes. El hombre respaldó complacido la construcción del canal que desvía las aguas del río Dajabón. De la negación anterior pasó al apoyo. La declaración aumentó el entusiasmo haitiano. Todos a una defienden la construcción, desde los pandilleros hasta la representación de la elite voraz e inclemente. El apagado reclamo dominicano es ahogado por un abigarrado coro que dispara y desafía. Queda para el relato histórico aquella   primera amenaza de cierre, con plazo de 72 horas y el cierre; pasaron sin pena y con difusa gloria. Los trabajos continúan ignorando la petición dominicana. La apertura, con el nombre de “Corredores Comerciales Provisionales”, azuzó el orgullo y las malquerencias. El presidente se rindió sin esperar el cumplimiento de la condición exigida. “Las medidas estarán en vigor hasta tanto consigamos la paralización definitiva del canal en construcción”. Morigeró “las medidas” que provocaron la frecuencia del contrabando y el tráfico indetenible de personas. La decisión también aumentó el disgusto de los adversarios de RD.

Hoy, hasta los serviles cautivos de la retórica oficial, dudan. Otros, más audaces, intuyen la maniobra de los especialistas en comunicación estratégica electoral, cuando sugieren: “crispación calculada, catástrofe inminente, creación del adversario”. El mandatario ha logrado, desde el inicio de su gobierno, imponer sus verdades. Hasta cuando alardea de su honestidad por encima de la que no tienen los súbditos, consigue respaldo.

Su hidalguía soberanista, sin embargo, obliga algo más porque el constructo ha perdido impacto y vigencia. Antes de la claudicación, su arrebato patrio, sin contraparte en Haití, lo situaba entre la espada y la pared. Ahora necesita la ayuda del hilo de Ariadna para salir del laberinto. Alguien tendrá que resistir su embrujo y preguntarle: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

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